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lunes, 15 de junio de 2015

Mis 5 imprescindibles de Icíar Bollaín:


-       Flores de otro mundo (1999).
-       Te doy mis ojos (2003).
-       Mataharis (2007)
-       También la lluvia (2010).
-       En tierra extraña (2014).

domingo, 7 de junio de 2015

También la lluvia

3.5*

Decía Aldous Huxley que la más grande lección de la historia es que nadie aprende de las lecciones de la historia. La historia, de hecho, confirma con rotundidad este apotegma. Y el cine y la poesía y la historiografía y la novela nos ofrecen mil y un ejemplo sobre la misma cuestión. También la lluvia es una muestra de ello. En Cochabamba, Bolivia, en la actualidad, una productora cinematográfica ha comenzado a buscar localizaciones y figurantes para el rodaje de un film sobre la conquista de América, 500 años después. Sobre esta escueta premisa, la protagonista de El Sur elabora una sofisticada reflexión sobre nuestras representaciones del pasado, sobre el peso del pasado en el presente y sobre las diversas actitudes morales ante ambas realidades. El guión, de Paul Laverty, está francamente inspirado al intercalar, con una envidiable sensibilidad histórica, el desarrollo de la misma película con el rodaje de la “otra” película, mezclando la vida del equipo técnico artístico en Bolivia con las vidas de los personajes históricos que van a representar así como con las vidas de los descendientes de los indígenas “conquistados”, tanto en sus "personajes" como en sus luchas presentes. A todo lo cual se añade el rodaje de un documental sobre el rodaje de esa película sobre la conquista que, a su vez, es el argumento de la película de Bollaín. Sí: una muñeca rusa dentro de otra más grande, esa es la propuesta del matrimonio Bollaín/Laverty. Si el guión es un prodigio de sofisticación y significación históricas, la puesta en escena, à la Ken Loach, demuestra que late cine por las venas de la directora, en la misma medida que por la de los talentosos actores protagonistas (especialmente Luis Tosar y Juan Carlos Aduviri). Puede parecer que le falta algo de intensidad al drama, eso es verdad. Y que incluso la conclusión es un tanto lacónica. Pero, en el fondo, estamos antes una de las películas más inteligentes, complejas y ovilladas de toda la filmografía española reciente

martes, 21 de octubre de 2014

El Sur

3.5*
A la memoria de Adelaida García Morales

Diez años después de su primera película, Víctor Erice vuelve al tema de la memoria, la vida y la niñez. El argumento gira en torno a una chica que recuerda su infancia cuando vivía con su familia en un caserón de una zona rural y, sobre todo, el misterio que envolvía a la figura de su padre. El padre era un zahorí y la madre una maestra represaliada tras la Guerra Civil. La película intenta trascender sus raíces históricas difuminando su localización, aunque concretando su situación en el norte de la península. Erice vuelve a entretejer memoria colectiva, autobiografía y experiencias individuales, como ya había hecho en El espíritu de la colmena. Por eso, se sitúa en el centro de la narración el diálogo intergeneracional, en especial la admiración de una hija única por su padre, con sus ramalazos y sus decepciones edípicas. La estructura narrativa salta del presente al pasado, mediante flashbacks, y luego al presente otra vez. Por otro lado, hay planos que duran mas de un minuto con lo que la ratio no llega al nivel de Tarkovski pero si al de Mizoguchi. El efecto total es producir una enorme tranquilidad en el espectador. Por la clase de historias que retrata y por la fotografía que utiliza (del gran José Luis Alcaine), Erice puede ser considerado el Terrence Malick español. De hecho, la iluminación de todo el film parece como si estuviera influida por la escuela flamenca y sus contrastes tenebristas. Pero en la puesta en escena, Erice es también japonés, jugando con el estilo Ozu. El Sur es una narración sosegada, difusa, pero una narración, al fin y al cabo, cuya naturaleza termina siendo burguesa porque, como dice Hayden White, se le acaba otorgando un sentido concreto y final a toda la película. Algo a lo que Erice terminaría por renunciar en El sol del membrillo. En todo caso, la película (un proyecto inconcluso debido a los problemas financieros de Querejeta, el productor), ofrece también una perspectiva progresista, propia de los vencidos por el franquismo, mitad utopía, mitad resignación. Finalmente, El Sur también muestra un homenaje al cine (en particular a Alfred Hichtcock) y, de hecho, la sala de proyección que aparece en la película, se llama Arcadia, nada menos. El sonido, como es habitual incluso en buenas peliculas españolas, deja mucho que desear. Como curiosidad, hay una referencia que podría considerarse el origen de una canción de El Bicho.