En un ambiente tan competitivo
como el del deporte universitario, ¿qué pasaría si un serial killer estuviera quitando de en medio a la posible
competencia? Pues que todas las personas implicadas (compañeros, entrenadores, fisioterapeutas,
médicos, etc.), al menos secretamente, estarían encantados. Todos menos quien
ya no puede competir por haber sufrido una lesión, que será el detective amateur que intentará resolver el caso
de unas misteriosas desapariciones en una escuela deportiva de élite (la Falcon Academy). Esta es la premisa de
este recóndito slasher de la época
dorada del género, rodado por un tal Michael Elliot y con la interpretación
híbrida de un buen grupo de atletas y de actores. Los asesinatos no son
especialmente elaborados ni sorprendentes (todos casi en la sombra y con una
jabalina) pero el film cuenta con un
buen puñado de desnudos, en esta ocasión no totalmente gratuitos. Además, como
todo buen thriller (o derivación genérica)
que se precie, la trama está bien sembrada de sospechosos pero, también como
todo buen thriller que se precie (y,
en especial, respecto de los giallos),
la película guarda al espectador una sorpresa final, que mantiene puntos de
contacto con otra glorioso ejemplo del género, Sleepaway Camp, estrenada solo un año antes. Asimismo, la película
mantiene conexiones con éxitos como Pesadilla
en Elm Street (por la escena en un sótano) o como Sé lo que hicisteis el último verano (por la vestimenta del
asesino). Como curiosidad, el guión está escrito por uno de los hijos de Buñuel, Rafael, que tuvo una cortísima pero interesante carrera en el cine,
principalmente como guionista de películas de terror.
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domingo, 15 de enero de 2017
domingo, 10 de abril de 2016
El hombre de la medianoche (Aka The Midnight Man)
3*
1972 y 1973 fueron dos buenos
años para el gran Burt Lancaster. Sin embargo, 1974 comenzaba con poco ímpetu
debido al rodaje de un telefilm
titulado El rey de Israel. Por eso no
es de extrañar el interés y el compromiso con el que Lancaster se introdujo en
este proyecto, hasta el punto de colaborar en el guión y en la dirección, junto
a Roland Kibbee. El argumento es bastante sencillo: un ex policía sale de la
cárcel en libertad condicional tras haber matado a su mujer. Un amigo suyo le
consigue un trabajo como vigilante en una Universidad privada. Pero, un día,
una estudiante es encontrada muerta y el vigilante sospecha que ha sido un
asesinato y comienza a investigar el misterio por su cuenta. De esta forma,
sobre una excusa argumental bastante sencilla, el desarrollo es un tanto más complejo
puesto que, según va investigando el protagonista, cada vez más personas están
implicadas en el caso, por uno u otro motivo. Uno de esos films desencantados, propios de la irredenta década de los setenta,
donde la inteligencia y la honestidad personal y profesional salen mal paradas
en un mundo copado por el egoísmo y la codicia, dos pilares básicos de este sistema
podrido en el que vivimos. De hecho, es curioso el ambiento elegido por el
guionista y el director para ambientar la historia (grabado en Carolina del
Sur, como recoge Ed Andreychuk en Burt
Lancaster: A Filmography and Biography): uno de esos Colleges USAmericanos con campus arbolado, residencias y demás
comodidades, donde incluso los profesores, entre clase y clase, buscan
satisfacer sus instintos más básicos. A la poco arriesgada dirección, Lancaster
añade una interpretación un poco mecanizada y un desarrollo un tanto tedioso y
confuso, todo lo cual jugó en contra del éxito de la película, hasta el punto
de condicionar el resto de la filmografía del actor, tal y como describe Kate Buford en su biografía Burt Lancaster: An
American Life.
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jueves, 10 de diciembre de 2015
La red social (Aka The Social Network)
3.5*
Hay muchas formas de criticar una
película. Como cualquier producto cultural, un largometraje tiene distintos
niveles significativos, técnicos y artísticos que pueden ser desentrañados con
las más diversas técnicas analíticas e interpretativas. Lo que sorprende de La red social es que, detrás de un
estilo cinematográfico relativamente adusto (e, incluso, humilde, comparado con
los sorprendentes alardes del director), se esconde una de las más sutiles y
sofisticadas representaciones del capitalismo post-industrial reciente, concretamente
de su fase “.com”. Es decir, mucho
podría hablarse del excelente guión de Sorkin; o de la contención visual de
Fincher; o del excelente juego con las líneas temporales y con los distintos planos narrativos de la historia. Mucho se podría decir sobre todo esto (aunque,
quizás, solo quizás, y por otra parte, tampoco se ha estudiado con suficiente detalle).
Pero la cuestión clave de esta obra es el tipo de sociedad que retrata. El quid de la cuestión aquí podría ser el
siguiente: un estudiante de Harvard puede volverse un empresario de éxito y,
por extensión, un peón de la oligarquía mundial, mucho antes de haber mantenido
una relación amorosa y/o sentimental de cierta envergadura. Es decir, lo que la
película denuncia es la facilidad con la que un inútil emocional puede llegar a
ser un tótem empresarial. Qué sugestiva mixtura!! Pero, asimismo, lo curioso de
este film es que el espectador medio
no identifica al personaje “Zuckerberg” con el individuo real: al contrario,
Jesse Eisenberg será ya, para siempre, el fundador de Facebook. Y esa es, auque mínima y pese a quien pese, una conquista
de Fincher.
miércoles, 9 de diciembre de 2015
Irrational Man
¿?*
![]() |
| Dedicada a ABDM |
Zineface va a hacer algo que
nunca ha hecho: Pastillear una película que todavía no ha visto. ¿Y por qué lo
hace? Para demostrar que también se puede hacer crítica de lo por venir. De
hecho, hay una parte de la crítica que leva anclas en la corriente que arrastra
a cada comentarista a una película en particular. Y lo aleja de otra. De ahí
que esta película merezca una PastillaCrítica
precoz. Y es que el tema es atractivo. De hecho, Zineface disfrutó con las
tribulaciones de Herzog y de Mr. Sammler. Y con Ravenstein. Y con las campus novels de David Lodge. Y con las
desaventuras de esos profesores novelescos del Sr. Roth, que Hayden White
considera un tanto aburridos e intempestivos, y que Isabel Coixet tan bien ha
recreado al poner en imágenes esa crisis sexuovital
de Ben Kingsley en Elegy. Incluso con
los vaivenes emocionales de Grady Tripp en Jóvenes
podigiosos. O con los de Luppi en Lugares
comunes (por motivos económicos e ideológicos de más peso). En fin, que por
todas estas apostillas, una historia protagonizada por Joaquin Phoenix,
dirigida por Woody Allen y que se centra en la crisis existencial de un atormentado
profesor USAmericano en su hábitat natural, el típico campus universitario, y que, además, parece que pretende cometer un crímen (y castigo), no
puede ser más atractiva. Veremos a ver, como se dice redundantemente, cómo ha
quedado el cocktail final.
Próximamente: la PastillaCrítica post visionado.
martes, 11 de febrero de 2014
Dando la nota (Aka Pitch Perfect)
2.5*
La joven Beca (Anna Kendrick) es
una chica tímida y frágil que se aleja de los demás para protegerse. Hasta que
llega a la Universidad de Barden y se apunta a un grupo de voces a capella, las Damas de Brenton (The Bellas), con las que deberá trabajar
en equipo e, incluso, convivir, para ganar un concurso interesatatal de canto. La
idea es conseguir el pitch perfect
(el tono perfecto) gracias al perfect pitch (oído natural). Jason Moore, un teledirector, se pasa a la pantalla grande
con esta comedia postadolescente sobre los efectos socializadores de la música,
aunque sea una tan mainstream y tan facilona. La película
destaca por contar con una producción sonora arrolladora así como por la
energía que desprenden las coreografías, los montajes musicales y el juego
armónico de las voces. Por el contrario, las interpretaciones son de lo más
normalitas e, incluso, estereotipadas (véase, por ejemplo, la escena en la que
Beca visiona The Breakfast Club).
Además, el film cuenta con bastante humor zafio y hormonado, una concepción de las relaciones personales de lo más
trivial y una dirección tirando a convencional. En todo caso, para verla con
los ojos entornados y despertar en los números musicales es perfecta.
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