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miércoles, 28 de marzo de 2012

No habrá paz para los malvados

3.5*

Una dura historia sobre un policía trasnochado y autodestructivo, que va un paso por delante de todo el cuerpo y justo uno por detrás de una trama de terrorismo islámico. Con fuertes pero digeridos ecos del Pekcinpah de Quiero la cabeza de Alfredo García y La huída, de ese Jean Pierre Melville antiheróico y del Siegel de Harry el sucio, Urbizu consigue su mejor trabajo hasta la fecha, en un film negro y fiero que sobresale por una iluminación homogénea y exquisita. Cada plano (incluidos los generales) está equilibradamente compuesto, cada escena convenientemente planificada, cada línea de guión es una parte acerada de un engranaje que funciona, tanto en el nivel de la trama como en el del suspense, tanto en el retrato de personajes (verosímiles aún en sus ropas arquetípicas) como en la representación de un mundo sucio, desgastado, implacable: el Madrid del siglo XXI. Salvo por algún que otro bajón rítmico, cierta confusión argumental y una BSO cuasi invisible que, paradójicamente, se nota cuando está (es decir, no acompaña, no enriquece la historia; en este punto, probablemente, haya también un problema con el sonido directo), la película es un dignísimo thriller con decenas de detalles que la hacen grande y más compleja de lo que a primera vista puede parecer. Coronado se gana al espectador con su conseguido mimetismo en el papel central, Santos Trinidad, mientras que el resto de actores cumplen con su papel (y ahí es nada) apuntalando una historia que se construye, básicamente, con imágenes, no con diálogos, como algunos de los mejores westerns.



lunes, 20 de febrero de 2012

La caja 507

3*


Años antes de la contundente No habrá paz para los malvados (2011),  el director vasco Enrique Urbizu ya había probado suerte con el thriller policial en su opera prima Todo por la pasta y en la más solvente La caja 507, que es el retrato de una venganza, espoleada por un descubrimiento casual. Está ambientado en el submundo de la especulación inmobiliaria (que expolia el litoral español) y se basa en un guión un tanto inverosímil (obra del propio Urbizu y de Michel Gaztambide) pero que en pantalla funciona a la perfección, gracias –especialmente- a una excelente planificación y a las convincentes interpretaciones de los dos actores protagonistas, Antonio Resines y José Coronado (especialmente la del segundo). Unas interpretaciones que, por otro lado, hacen innecesario mantener el suspense sobre la base de un recurso habitual en el género: un montaje artificioso. La película podría haber sido mucho más interesante si se hubieran pulido incongruencias de guión y se hubiera mantenido -o apuntalado- el ritmo de la trama. Y en este punto, tiene algo de responsabilidad el score ya que, lo que menos destaca es, sin duda, la BSO de Mario de Benito, aunque hay que decir que el sonido, en general, también es francamente mejorable.