Una dura historia sobre un policía trasnochado y autodestructivo, que va un paso por delante de todo el cuerpo y justo uno por
detrás de una trama de terrorismo islámico. Con fuertes pero digeridos ecos del
Pekcinpah de Quiero la cabeza de Alfredo
García y La huída, de ese Jean
Pierre Melville antiheróico y del Siegel de Harry
el sucio, Urbizu consigue su mejor trabajo hasta la fecha, en un film negro y fiero que sobresale por una iluminación
homogénea y exquisita. Cada plano (incluidos los generales) está equilibradamente compuesto, cada escena convenientemente
planificada, cada línea de guión es una parte acerada de un engranaje que
funciona, tanto en el nivel de la trama como en el del suspense, tanto en el
retrato de personajes (verosímiles aún en sus ropas arquetípicas) como en la
representación de un mundo sucio, desgastado, implacable: el Madrid del siglo XXI. Salvo por algún que otro bajón rítmico, cierta confusión argumental y una
BSO cuasi invisible que, paradójicamente, se nota cuando está (es decir, no acompaña,
no enriquece la historia; en este punto, probablemente, haya también un problema
con el sonido directo), la película es un dignísimo thriller con decenas de detalles que la hacen grande y más compleja
de lo que a primera vista puede parecer. Coronado se gana al espectador con su conseguido
mimetismo en el papel central, Santos Trinidad, mientras que el resto de actores cumplen con su papel (y ahí es
nada) apuntalando una historia que se construye, básicamente, con imágenes, no
con diálogos, como algunos de los mejores westerns.
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miércoles, 28 de marzo de 2012
No habrá paz para los malvados
3.5*
Etiquetas:
2011,
Don Siegel,
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No habrá paz para los malvados,
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Thriller
lunes, 20 de febrero de 2012
La caja 507
3*
Años antes de la contundente No habrá paz para los malvados (2011), el director vasco Enrique Urbizu ya había probado suerte con
el thriller policial en su opera
prima Todo por la pasta y en la más
solvente La caja 507, que es
el retrato de una venganza, espoleada por un descubrimiento casual. Está
ambientado en el submundo de la especulación inmobiliaria (que expolia el
litoral español) y se basa en un guión un tanto inverosímil (obra del propio
Urbizu y de Michel Gaztambide) pero que en pantalla funciona a la perfección, gracias
–especialmente- a una excelente planificación y a las convincentes interpretaciones de los dos
actores protagonistas, Antonio Resines y José Coronado (especialmente la del
segundo). Unas interpretaciones que, por otro lado, hacen innecesario mantener
el suspense sobre la base de un recurso habitual en el género: un montaje
artificioso. La película podría haber sido mucho más interesante si se hubieran
pulido incongruencias de guión y se hubiera mantenido -o apuntalado- el ritmo
de la trama. Y en este punto, tiene algo de responsabilidad el score ya que, lo que menos destaca es,
sin duda, la BSO de Mario de Benito, aunque hay que decir que el sonido, en
general, también es francamente mejorable.
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