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lunes, 1 de mayo de 2017

Pánico en el transiberiano (Aka Horror Express)

3*

Aprovechando la infraestructura y el impulso de Samuel Bronston, Eugenio Martín recibe el encargo de rodar un film de terror con un argumento sorprendente: un antropólogo inglés descubre un fósil congelado en las montañas de Manchuria y decide llevárselo a Londres, metido en una caja, usando el mítico Transiberiano. En el trayecto, en un ambiente de comienzos del siglo XX y con una galería de personajes secundarios extraordinaria (desde la Condesa Petrovski hasta una especie de Rasputín, pasando por el Doctor Wells), una serie de cadáveres comienzan a aparecer, con los ojos inyectados en un blanco maléfico pero sangrantes a su vez, con lo que la intriga, el misterio y el suspense no se hacen esperar. Clásico del fantaterror español, con elementos extraídos de la ciencia ficción (nada menos que del mismo texto que inspiró La cosa de John Carpenter) y un film muy digno para la época en que se rodó y se estrenó (en este sentido, por supuesto, los efectos especiales y los maquillajes se han quedado un poquito añejos, aunque siguen siendo muy estimables, sobre todo los artefactos ópticos así como las maquetas utilizadas). En la misma línea, conviene recordar obras tan interesantes como El esqueleto prehistórico o En el corazón de la tierra. Como elementos destacados, hay que citar los apropiadísimos papeles de Peter Cushing, Christopher Lee y Alberto de Mendoza, así como los de las féminas Helga Liné o Silvia Tortosa. Pero el reparto completo, repleto de secundarios, hace glorioso el visionado de este tour de force de cine fantástico.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Capricornio Uno

3*

Tras el escándalo del Watergate (narrado en Todos los hombres del presidente) y en plena moda del cine de Ciencia Ficción y de catástrofes (Star Wars, Aeropuerto), Peter Hyams estrenó esta película sobre una conspiración nacional para amañar una misión tripulada a Marte, como muchos consideran que pudo ser la presencia del hombre en la Luna en 1969: un montaje Hollywoodiense. El film, protagonizado por un James Brolin post Westworld, Sam Waterston y O.J. Simpson, cuenta con el omnipresente pero coyuntural Elliot Gould así como con un nutrido grupo de característicos (Brenda Vaccaro, Telly Savalas, Karen Black), entre los que destaca el siempre acertado Hal Holbrook. Si bien la producción comienza como una película de Sci-Fi clásica, rápidamente se da paso a una trama de política ficción en la línea de Hangar 18. Plano a plano, la historia avanza a través de un ritmo sosegado pero seguro, como de otra época, en el que cada escena está bien engarzada con la anterior y con la siguiente, por lo que el ritmo y la tensión se va llevando con mano firme hasta la segunda parte del film, donde el guión da un vuelco y todo se transforma en una survival movie, llena de persecuciones y tiroteos. A propósito, algunas escenas de vuelo son francamente memorables. En definitiva, un auténtico “paranoid thriller of the space age”, tal y como escribe John Kenneth Muir, muy disfrutable y dignamente ejecutado.

miércoles, 24 de julio de 2013

El club de los asesinos

3*

Por indicación de su fundador, el Club de los asesinos solo acepta un tipo de encargos: los asesinatos morales, diseñados para eliminar la maldad del mundo en el que vivimos. Sin embargo, el vicepresidente Lord Bostwick (Telly Savallas) pretende transformar el club en un instrumento al servicio del poder y del dinero, por lo que urde un plan para eliminar al presidente Iván Dragomiloff (Oliver Reed), hijo del fundador, a través de un extraño encargo proveniente de una joven periodista (Diana Rigg). El argumento de la película está extraído de Asesinatos S.L., una novela inacabada de Jack London, y se puede apreciar cierta inspiración de El club de los suicidas, la estupenda colección de relatos del maestro escocés R.L. Stevenson. El film tiene una entretenida y divertida primera parte aunque tiene una segunda que parece ceder a las presiones argumentales y coyunturales de la saga Bond y derivados. Con múltiples referencias históricas, políticas y culturales y un fascinante diseño de producción, la pelicula muestra todos los colores de la paleta irónica: desde los más finos hasta los más burdos, al igual que ese humor negro del que hace gala, por ejemplo, La tienda de los suicidas, de Jean Teulé. Una película muy aconsejable para una tarde de domingo absurda.



viernes, 28 de junio de 2013

Los violentos de Kelly

3*

Hayden White afirmó en Metahistoria que el pasado puede ser contado de varias formas: como tragedia, como comedia, como sátira o como un romance. De hecho, el cine sobre la Segunda Guerra Mundial ha ido tocando cada uno de estos palos, aunque ha prevalecido la forma trágica (disfrazada o mezclada con el cine de aventuras). Incluso se pueden encontrar películas cómicas lo que, en el fondo, le da la razón al historiador USAmericano. De hecho, el cine bélico en clave de comedia, referido a la 2ª GM, tiene su propia sección en la historia del cine, desde El gran dictador hasta La vida es bella, pasando por ¿Qué hiciste en la guerra, papi?, 1941 o Desventuras de un recluta inocente. Y, por supuesto, no han faltado los críticos que se han llevado las manos a la cabeza por frivolizar y trivializar tan dramático y cruel acontecimiento histórico. En todo caso, matiza White, la preferencia por una u otra versión de la misma porción del pasado responde a razones estéticas o morales más que científicas. En el caso de Los violentos de Kelly, la historia se centra en un grupo de soldados que descubren que, pocos kilometros tras las líneas enemigas, los nazis guardan 16 millones de dólares en oro, lo que disparará sus ganas de hacerse ricos y, por tanto, sus avaricias personales. Pero también la capacidad de trabajar en equipo, como en Tres reyes. Brian G. Hutton rueda una ácida historia de acción, con un nutrido grupo de simpáticos y entrañables personajes y con un acertado uso del ritmo narrativo (aunque la mezcla de géneros y la excesiva duración no juegen siempre a favor del film). Además, no faltan los momentos de humor, las parodias y las burlas, lo que estimula nuestras representaciones amables de la guerra (sic).