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sábado, 21 de junio de 2014

Un extraño en mi vida (Aka Strangers When We Meet)

4*

Decía Oscar Wilde que el matrimonio es una carga demasiado pesada para que solo sea llevada entre dos. Es decir, Wilde subrayaba la irrenunciable compañía de la infidelidad en el seno de la institución familiar. Un arquitecto (Kirk Douglas) conoce a la madre de un amigo de su hijo (Kim Novak) y mutuamente se atraen y se enamoran. Pero ambos están casados, aunque no del todo felizmente. Rodada con esa puesta escena elegante y liviana, típicamente made in Hollywood, la película subraya muy bien los momentos melodramáticos y de duda, con unos juegos de espejo realmente ingeniosos. De hecho, el realismo figural que destilan sus fotogramas y su narración se transforma en una llamada a futuros adúlteros. Como ha escrito Bertrand Tavernier, estamos ante un auténtico “idilio de barrio”, como Juegos secretos. El film muestra dos tipos de personas, unas más convencionales y otras más exclusivas. Éstas últimas muestran su insatisfacción dando de nuevo una vuelta a la ruleta del amor, encendiendo las ascuas de la pasión con nuevos descubrimientos, con el juego del enamoramiento y de los escarceos sexuales. Pero, en un plano más inasible, la película es un canto interruptus a una forma de vida apasionada, anticonvencional y creativa, fuera de rutinas, hábitos y etiquetas. Sin embargo, la película muestra que esto es también un espejismo, una quimera: aunque el ardor y el entusiasmo sean imprescindibles en la vida, no duran infinitamente. Y Evan Hunter y Richard Quine lo saben a la perfección. Por eso es una obra adulta, madura, al margen de los ensueños juveniles sobre el amor y la vida en pareja.


domingo, 27 de enero de 2013

Vértigo (De entre los muertos)

4.5*

A mediados de los ochenta, se recuperaron 5 de los mejores logros cinematográficos de Alfred Hitchcock. Entre estas famosas 5 obras perdidas estaba La ventana indiscreta. Otra de ellas era Vértigo. Los reconocidos escritores de literatura criminal Boileau y Narcejac escribieron la novela sobre la que el horondo director rodó esta fascinante historia de amores y obsesiones condenados: D'entre les morts. El argumento se centra en la historia de Scottie (James Stewart), un detective retirado al que un antiguo compañero de universidad le pide el favor de que investigue el extraño comportamiento de su mujer (Kim Novak). Con un erotismo constante y un marcado regusto fantástico (que se nota desde el diseño del vestuario hasta las localizaciones, la música y el uso del color), el maestro inglés consigue engañar y perturbar al espectador moviendo a los personajes por un San Francisco onírico, casi quimérico. Además, llega a crear esa sensanción de vértigo, la misma que sufre el protagonista. Dicho efecto se consiguió mediante el famoso contra-zoom de Irmin Roberts. Una película neblinosa y cautivadora, que ha influido con decisión en parte del cine posterior. Fascinación, de Brain De Palma, es una buena muestra de ello pero incluso en Hermanas, Una historia perversa o Arma Letal 4 se puede apreciar la sombra de Vértigo. Sin embargo, por poner dos pegas (junto a los habituales errores de continuidad), igual el casting no fue del todo adecuado porque ni James Stewart ni Kim Novack resultan absolutamente convincentes ni entregados. Por otro lado, vistas ahora, algunas escenas resultan un tanto kitsch (como la del sueño). Finalmente, el personaje de Stewart, al no poder dejar atrás el pasado de una relación amorosa muy intensa pero breve, demuestra ser una mezcla no del todo atractiva de asexualidad patológica, fetichismo necrófilo y, por supuesto, obsesión emocional