Decía Oscar Wilde que el matrimonio es una carga
demasiado pesada para que solo sea llevada entre dos. Es decir, Wilde subrayaba
la irrenunciable compañía de la infidelidad en el seno de la institución
familiar. Un arquitecto (Kirk Douglas) conoce a la madre de un amigo de su hijo
(Kim Novak) y mutuamente se atraen y se enamoran. Pero ambos están casados,
aunque no del todo felizmente. Rodada con esa puesta escena elegante y liviana,
típicamente made in Hollywood, la
película subraya muy bien los momentos melodramáticos y de duda, con unos
juegos de espejo realmente ingeniosos. De hecho, el realismo figural que
destilan sus fotogramas y su narración se transforma en una llamada a futuros
adúlteros. Como ha escrito Bertrand Tavernier, estamos ante un auténtico “idilio de barrio”, como Juegos secretos. El film muestra dos tipos de personas, unas
más convencionales y otras más exclusivas. Éstas últimas muestran su insatisfacción
dando de nuevo una vuelta a la ruleta del amor, encendiendo las ascuas de la
pasión con nuevos descubrimientos, con el juego del enamoramiento y de los
escarceos sexuales. Pero, en un plano más inasible, la película es un canto interruptus a una forma de vida
apasionada, anticonvencional y creativa, fuera de rutinas, hábitos y etiquetas.
Sin embargo, la película muestra que esto es también un espejismo, una quimera:
aunque el ardor y el entusiasmo sean imprescindibles en la vida, no duran infinitamente. Y Evan Hunter y Richard Quine lo saben a la perfección. Por eso
es una obra adulta, madura, al margen de los ensueños juveniles sobre el amor y
la vida en pareja.
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sábado, 21 de junio de 2014
domingo, 27 de enero de 2013
Vértigo (De entre los muertos)
4.5*
A mediados de los ochenta, se recuperaron 5 de los
mejores logros cinematográficos de Alfred Hitchcock. Entre estas famosas 5
obras perdidas estaba La ventana
indiscreta. Otra de ellas era Vértigo.
Los reconocidos escritores de literatura criminal Boileau y Narcejac escribieron
la novela sobre la que el horondo director rodó esta fascinante historia de
amores y obsesiones condenados: D'entre les morts. El
argumento se centra en la historia de Scottie (James Stewart), un detective retirado al que un antiguo compañero de universidad le pide el
favor de que investigue el extraño comportamiento de su mujer (Kim Novak). Con un
erotismo constante y un marcado regusto fantástico (que se nota desde el diseño
del vestuario hasta las localizaciones, la música y el uso del color), el maestro inglés
consigue engañar y perturbar al espectador moviendo a los personajes por un San Francisco onírico, casi quimérico. Además, llega a crear esa sensanción de
vértigo, la misma que sufre el protagonista. Dicho efecto se consiguió mediante
el famoso contra-zoom de Irmin
Roberts. Una película neblinosa y cautivadora, que ha influido con decisión en
parte del cine posterior. Fascinación,
de Brain De Palma, es una buena muestra de ello pero incluso en Hermanas, Una historia perversa o Arma
Letal 4 se puede apreciar la sombra de Vértigo.
Sin embargo, por poner dos pegas (junto a los habituales errores de
continuidad), igual el casting no fue
del todo adecuado porque ni James Stewart ni Kim Novack resultan absolutamente
convincentes ni entregados. Por otro lado, vistas ahora, algunas escenas
resultan un tanto kitsch (como la del
sueño). Finalmente, el personaje de Stewart, al no poder dejar atrás el pasado
de una relación amorosa muy intensa pero breve, demuestra ser una mezcla no del
todo atractiva de asexualidad patológica, fetichismo necrófilo y, por supuesto, obsesión emocional.
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