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miércoles, 10 de junio de 2015

Yo vigilo el camino (Aka I Walk the Line)

3.5*

La filmografía de John Frankenheimer está salpicada de auténticas obras maestras olvidadas por el tiempo y por el espectador medio. Todo el mundo recuerda El tren, El mensajero del miedo o El hombre de Alcatraz pero, además de Los Temerarios del aire o Plan diabólico, aún se pueden disfrutar sobradamente películas como Siete días de mayo, El repartidor de hielo o Estación ardiente. Por no hablar de El hombre de Kiev o esta I Walk the Line, que toma prestado un verso de una de las canciones míticas de The Man in Black, Johnny Cash. El sheriff de un pequeño pueblo sureño pasa por un momento de su vida donde el hartazgo y el tedio campan a sus anchas. De repente, una bellísima mujer joven aparece en su vida y todo da un vuelco en su zarandeada rutina. Además de las estupendas interpretaciones de Tuesday Weld y Ralph Meeker, Frankenheimer consigue empapar a todo el film con esa neblina propia que producen los licores añejos. Una película que parece ambientada en el paisaje físico y espiritual de Santuario, del gran William Faulkner, entre destilerías ilegales, casas derruidas y ocultas entre los árboles, individuos abandonados a su suerte y mucho, mucho polvo de aparadores abandonados y cuadros rotos. Por otro lado, como en las novelas ambientadas en el condado de Yoknapatawpha, Yo vigilo el camino trasciende su propia condición regional para irrumpir como una parábola de la crisis de la madurez y las ataduras del matrimonio. Una película esperanzadora y desoladora a la vez.

martes, 28 de abril de 2015

Ángeles sin brillo (Aka The Tarnished Angels)

4*

Magnífico drama primerizo del gran Douglas Sirk, construido alrededor de Pylon, una iconoclasta novela de William Faulkner. Tanto la una como el otro desbordan pasiones, sordidez y elementos trágicos, aunque la trama de la película de Sirk no sea tan arriesgada como la obra de Faulkner. Sin embargo, el propio escritor quedó satisfecho con esta magnífica adaptación. La historia se centra en la admiración que despierta la forma de vida y el heroísmo de un piloto de acrobacias (Robert Stack), que vive junto con su mujer (Dorothy Malone) y su hijo, en la conciencia torturada de un innominado periodista alcohólico que, no por casualidad, anda a la caza de la “historia de interés humano” definitiva y que, por otro lado, se siente inexorablemente atraído por estas extrañas personas que sobreviven al margen del sueño americano. Este papel es interpretado con admirable dignidad por un Rock Hudson que merece una definitiva reevaluación. Solo un año antes, el cirujano Sirk había rodado otra de sus obras maestras con el mismo terceto protagonista. Magnífica fotografía en B&W y en Cinemascope, a propósito. Y, por cierto, resultaría interesante rastrear las conexiones de este film con el dramático Los temerarios del aire, dirigida por otro de esos enormes directores USAmericanos eclipsados por los 4 o 5 grandes: John Frankenheimer.