Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XIX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siglo XIX. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de marzo de 2017

La torre de los siete jorobados

3.5*

Clásico indiscutible del cine fantaterrorífico español de todos los tiempos, La torre de los siete jorobados es, además, una de las obras maestras de su director, el más Hollywoodiense de los cineastas españoles, el orondo Edgar Neville. Pero claro, con el texto de base no era difícil hacer una película tan interesante como la que hizo el autor de La vida en un hilo. Escrita por Emilio Carrere (ese “sociólogo de la media tostada”, ese “antropólogo de campo, café, copa y puro”, que supo captar la bohemia madrileña con la precisión de un Sawa o de un Valle Inclán), la novela es una eficaz historia de suspense y misterio sobre una sociedad secreta que vive en las catacumbas madrileñas de finales del siglo XIX. La forma en que el protagonista accede a ese mundo y el desenlace acerca de esa intersección de un mundo de pacotilla con un mundo siniestro descansa en una trama galante y cuasi melodramática, donde la influencia de la Radcliffe no parece muy alejada. Enorme Guillermo Marín, por cierto.

martes, 31 de enero de 2017

Carne de horca

3.5*

Un “cochino señorito” andaluz ha de infiltrarse en la pandilla de salteadores y secuestradores de Lucero, un bandolero mitificado por los relatos populares pero que se las gasta muy, pero que muy, mal con todo el mundo. Las razones para esa infiltración son spoiler pero se puede adelantar que hay un cargo de conciencia y, además, un motivo de venganza, como en todo buen Western que se precie. Ladislao Vajda, el húngaro errante (como el llamó Francisco Llinás), conocido por películas como Marcelino, pan y vino o El cebo, regala al espectador actual una obra sobresalienta, desde el punto de vista cinematográfico y narrativo, excelente en las escenas de interiores e impresionante en los planos generales y panorámicos, donde toda la acción se entiende perfectamente y se ven y se disfrutan los detalles, todo gracias a su maestría poniendo en escena la acción. Además, le película comienza con un admirable retruécano narrativo, que se cierra al final, algo propio de directores que conocen la historia del cine. El film, por otro lado, es entretenidísimo y muestra una violencia inusitada para la época: de hecho, estamos ante una obra cruel, salvaje e, incluso, tiene una escena, pre-PeTA que ahora mismo sería delito rodarla (en plan Holocausto caníbal). Por su parte, los actores, especialmente Rossano Brazzi y Fosco Giachetti, están tremendos, aunque no superan al gran y torvo Felix Dafauce; Emma penella está guapísima y el resto de personajes cumplen a la perfección con sus papeles. En definitiva, una película sorprendente, por su dureza y por su maravilloso sentido del ritmo y de la intriga narrativa.

sábado, 15 de octubre de 2016

Las minas del Rey Salomón (Aka King Solomon's Mines)

2.5*

Etnocentrismo zoológico europeo, esta película siempre ha sido considerada una de las obras maestras del cine de aventuras africanas. Vista (entonces, por algunas personas y) ahora (también por algunas personas), no deja de ser la típica paletada de colonos ignorantes y eurocentristas, aunque con un regusto por el conocimiento de floras y faunas diferentes. Aunque, claro, ese conocimiento respondía una necesidad de supervivencia o a un interés más o menos comercial (como en una película de Tarzán, vamos). Colonialismo, especismo, machismo, racismo, en fin, todos los bonitos “ismos” que han hecho a Europea y a su cultura un gran documento de barbarie, como dirían Benjamin o Jameson. Evidentemente, Europa es un conjunto de muchas más cosas pero, en el fondo, su riqueza y su preponderancia en el mundo se han construido con estas actitudes. Aunque Aristóteles, Leonardo o Spinoza, por ejemplo, además de otros europeos anónimos, no tienen nada que ver con estas cuestiones. En fin, una correcta adaptación (en la forma) de la novela de Haggard, protagonizada por dos pesos pesados de segunda B de la época, los aventureros Stewart Granger y Deborah Kerr (como en Mogambo), y solo para nostálgicos de un tipo de cine excesivamente deudor de su época. Escopetas versus lanzas, vamos. Aunque la fotografía, del gran Robert Surtees y aciertos parciales siguen manteniendo el interés más de 60 años después de su estreno. No confundir con Las minas de Rey Salmonete ni con el remake de la Cannon.

martes, 27 de septiembre de 2016

La torre de los siete jorobados

3.5*

Clásico indiscutible del cine fantaterrorífico español de todos los tiempos, La torre de los siete jorobados es, además, una de las obras maestras de su director, el más Hollywoodiense de los cineastas españoles, el orondo Edgar Neville. Pero claro, con el texto de base no era difícil hacer una película tan interesante como la que hizo el autor de La vida en un hilo: escrita por Emilio Carrere (ese “sociólogo de la media tostada”, ese “antropólogo de campo, café, copa y puro”, que supo captar la bohemia madrileña con la precisión de un Sawa o de un Valle Inclán), la novela es una eficaz historia de suspense y misterio acerca de una sociedad secreta que vive en las catacumbas de ese Madrid gato tan querido por la bohemia decimonónica. La forma en que el protagonista accede a ese mundo así como el desenlace de esa intersección entre un mundo de pacotilla, que huele a bocadillo de calamares, y un mundo siniestro y furtivo descansa en una trama galante y cuasi melodramática, donde la influencia de la Radcliffe no parece muy lejana. En conclusión: una de las películas más sorprendentes de toda la filmografía española, repleta de aciertos y maravillosas sorpresas.

domingo, 14 de agosto de 2016

Las manos del destripador (aka Hands of the Ripper)

2.5*

La hija del mítico Jack the Ripper presencia el asesinato de su madre a manos de su propio padre. Años más tarde, traumatizada por el suceso, y tras pasar por un orfanato, la joven Ana recala en casa de una espiritista de postín, que se aprovecha de ella, en todos los sentidos. Una noche, el doctor Pritchard la descubre en una de las sesiones de la supuesta medium y, tras una noche convulsa, se la lleva a su consulta, para estudiar la causa de su comportamiento, aparentemente endemoniado. Con un guión que tiene más agujeros que un queso de Gruyère, la Hammer vuelve a acercarse a la figura del destripador (tras Room to Let, por ejemplo) con esta cinta de terror cuya virtud más evidente es lo maravillosamente bien ambientada que está. Los actores no están del todo mal, la música es la adecuada para este tipo de producciones y los asesinatos tienen cierta originalidad (¡qué extraño hacer este tipo de observaciones pero, claro, se trata de obras de la imaginación y, además, hablamos de uno de los seres más morbosos del planeta: el ser humano!). Sin embargo, poco más se puede añadir, además de la presencia de una especie de mad doctor victoriano y de la consabida redención. El televisivo Peter Sasdy sigue adelante con su carrera en el género (destáquese El poder de la sangre de Drácula o The Stone Tape) con este producto correcto pero sin sobresaltos, pese a contar con el espíritu deforme del asesino de Whitechapel.

lunes, 13 de junio de 2016

Man to Man

2*

Cioran escribió que la razón “es una puta que sobrevive mediante la simulación, la versatilidad y la desvergüenza”. Y la ciencia, hija predilecta de la razón, es el ejemplo perfecto. Durante siglos, y también en la actualidad, la ciencia ha tenido que esconder las vergüenzas de sus acciones. La ciencia es una actividad (y una disciplina) que ha caído, a menudo, en el distanciamiento inhumano y en una falta de empatía repleta de crueldad. Buena parte de los científicos de los últimos doscientos años han metido la pata hasta las trancas, dejando en ridículo a la comunidad científica. Eso lo sabe casi cualquier ciudadano medianamente informado. Es decir, que no lo sabe todo el mundo, debido a esa mitificación cuasi primitivista con la que tratamos a la ciencia, amiga del progreso y aliada de la distopia. En todo caso, el film es uno de esos ejemplos bienintencionados que se propone denunciar la ignorancia de tiempos pasados, mostrando la normalidad con la que se desenvuelve la crueldad frente a lo desconocido, que normalmente se identifica con los más débiles (razas, animales, culturas, etc.). Sin embargo, las interpretaciones, varias situaciones y muchos diálogos no son del todo convincentes, así como el desarrollo estereotipado y parcial de la sociedad en la que está ambientada la historia. La buena intención de origen se transforma, así, en una película plana y sensiblera, como ha resumido acertadamente Carlos Boyero. De todas formas, es un ejemplo palmario de la estulticia humana, que no tiene edad y que se agazapa en cualquier tipo de personas, sean pobres o ricas, estén formadas o sean totalmente analfabetas. Y, como ejemplo, podría servir adecuadamente en la enseñanza obligatoria de las sociedades de masas en las que vivimos. Pero seguro que está película, con todos sus defectos, no llega a las aulas.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Odio en las entrañas (Aka The Molly Maguires)

3.5*

El desclasado detective James McParlan (Richard Harris) se infiltra en un pueblo minero de Pennsylvania para descabezar una organización que boicotea la cadena de produción de una empresa de la zona. Harto de ir por el país sin dinero en el bolsillo y con el orgullo de un lumpenproletariat, decide ponerse del lado de los aparatos represivos del estado, como los llamaba Althusser, para ganarse la confianza de los cabecillas de la organización y entregarlos a la policía. Martin Ritt, que tuvo que sufrir las consecuencias profesionales de la caza de brujas (como el guionista), pergeña una metáfora sobre el MacCarthysmo que es, en general, una metáfora sobre una concepción de la sociedad que contrasta lo que dice (la moral cristiana) y lo que hace (las necesidades del capitalismo), es decir, entre lo que está bien para muchos y lo que está bien solo para unos pocos. Ritt retrata con elegancia las condiciones de vida y las actividades clandestinas de los Inverness y, subsidiariamente, de los Molly Maguires, una organización secreta de irlandeses que lucharon por lo que Kevin Kenney ha llamado una “rough justice”. Para ello, se enfrentaron a las miserables y explotadoras condiciones laborales de finales del siglo XIX, en una USAmérica en plena expansión industrial, mediante luchas y boicots. No hay heroismo ni romanticismo alguno, solamente descripción, especialmente de todas las formas de violencia que arrinconan las vidas de los personajes. En este sentido, es una gozada la miriada de pequeños detalles que salpican la película, contrastando la humildad en la que viven la inmensa mayoría de los protagonistas del film con la riqueza y opulencia de los poderes fácticos. Y lo hace sin ningún subrayado, solamente con una inteligente puesta en escena, a base de una serie de encuadres y de movimientos de cámara que retratan con sutileza las vidas y las ideas. Es, en definitiva, un magnífico retrato de la dura vida de los mineros, tanto dentro como fuera de la mina, y, también una alegato por la justicia social, como hizo la expléndida Matewan o la seminal Qué verde era mi valle. A destacar el magnífico trabajo tras la cámara del veterano James Wong Howe, así como del resto del reparto (un casi principiante Sean Connery, Samantha Eggar, Anthony Zerbe y Frank Finlay). 

sábado, 5 de abril de 2014

La tierra de la gran promesa (Aka Ziemia Obiecana)

4*

En la ciudad polaca de Lodz (un microcosmos del tipo del capitalismo industrial que se extendió desde Gran Bretaña en los siglos XVIII y XIX), tres amigos, de distintas religiones y extracciones sociales (un prestamista judío, un burgués protestante alemán y un católico noble polaco), deciden levantar una fábrica textil con la que hacerse ricos. La película es un magnífico retrato de la industrialización y de sus crueles consecuencias en la forma de vida de la masa obrera, aunque sin ese romanticismo (digamos) sucio, de Hayao Miyazaki (presente en buena parte de su obra de animación, desde El castillo en el cielo hasta El viaje de Chihiro) o sin esa capacidad profética del Metropolis de Lang. Al contrario, Andrzej Wajda muestra un mundo cruel y codicioso, compuesto por miles de seres humanos, cuyas vidas infelices no tienen ningún valor, y por un numeroso pero limitado círculo de ambiciosos hombres de negocios, burgueses y nobles, de distintas religiones e ideologías, que, sin embargo, tienen todos algún en común: compiten entre sí por adquirir riquezas, de una forma inmoral y sin escrúpulos y, a la vez, explotan a sus “inferiores”, de todas las formas imaginables. Todos conocemos cientos de ejemplos de distintas personas que han escapado a esta dinámica vital, de explotación y avaricia, estadísticamente mayoritaria e históricamente comprobable. Sin embargo, muchas veces hace falta que la literatura, el cine o la historia nos recuerden que nuestros antepasados llevaron unas vidas más propias de flores pisoteadas que de seres humanos. Una película solventemente rodada, con un estilo naturalista, de una crudeza aplastante, y que alterna la fiereza y la parodia, la ironía y la reflexión, entre el clasicismo y la metaficción. Como “documento de barbarie”, la película alcanza el nivel de denuncia de hermanos gemelos suyos como Novecento, Odio en las entrañas, La caída de los dioses o Rojos (para la cual, por cierto, Robert Rosenstone trabajó como asesor).