Mostrando entradas con la etiqueta Maurice Jarre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Maurice Jarre. Mostrar todas las entradas

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El león del desierto (Aka Lion of the Desert)

3.5*
 
Libelo despiadado contra el colonialismo italiano en Libia, El león del desierto cuenta la historia del líder beduino contra las tropas de ocupación, lideradas por Mussolini (Rod Steiger) y por el general Graziani (Oliver Reed), que fue juzgado tras la caída del Duce. Se trata de un interesantísimo film histórico, elaborado sobre los hechos escondidos por la historia oficial y, por tanto, sobre el respeto a las víctimas de una de las lacras de la historia Europea: el colonialismo. Tras relatar la invasión de Libia por parte de Mussolini y el origen del cabecilla rebelde, Omar Mukthar (Anthony Quinn), así como las múltiples campañas militares para intentar darle caza, la película acaba con el apresamiento de Muk, con su juicio por traición y con su ejecución pública, en el año noveno de la Italia fascista (en 1931). Ese silencio final, de respeto y de emoción, nos hace pensar en que no hace falta ser Moustapha Akkad, el director, sino cualquier persona sensible antes las injusticias y los sufrimientos de los más débiles. Y ello por una sencilla razón: por la de que el colonialismo fue una realidad que solo tuvo que ver con la voluntad expansiva de las élites europeas, con su codicia y voracidad. Todo lo demás, los discursos políticos, las campañas militares, no fueron sino excusas para una injustificable masacre (se estiman en unos 200.000 asesinados en el “Holocausto” Libio). Como sutiliza en el guión, escrito por H.A.L. Craig, se introducen varios personajes empáticos con la situación: el interpretado por Raff Valone (el coronel Diodiece) y el teniente Sandrini. Producida en 1980, la película costó unos 35 millones de dólares y Akkad parece que invirtió muy bien (en términos artísticos que no mercantiles) los réditos económicos del mayor éxito de una serie B movie, el de La noche de Halloween: la producción recuerda ampliamente el Lawrence de Arabia de David Lean, y no solamente por la presencia en el equipo de Maurice Jarre. Impresionante obra maestra, menospreciada por su mensaje y recuperada por su calidad.


sábado, 28 de junio de 2014

El cóndor

3*

El nombre de la película hace referencia a una fortaleza donde se guarda un enorme cargamento de oro propiedad del gobierno de Maximiliano. El protector, tanto del oro como de la fortaleza, es Chávez, interpretado por Patrick O’Neal. Y la historia consiste en que un par de aventureros, con la colaboración de los apaches, pretenden reducir el fuerte y hacerse con el preciado cargamento. John Guillermin, conocido por su actualizada versión de King Kong, rueda una interesante y muy entretenida película de aventuras (en la línea de Veracruz y de El oro de MacKenna), con la revolución mexicana de fondo. La historia cuenta con convincentes escenas de acción y un guión sencillo pero sorprendente. La fortaleza fue construida en España, en Almería (país al que se hace referencia a través de dos escenas de motivo taurino), con un diseño de reminiscencias escherianas, y tuvo tanto éxito que fue reutilizada en varias películas posteriores, como en Conan el bárbaro. Lee Van Cleff logra crear un personaje muy entrañable, el tal Jaroo, al que dota de una singular atracción, mientras que el pétreo Jim Brown no destaca precisamente por su interpretación, al igual que el resto del reparto. El mismo año, 1970, Don Siegel estrenó Dos mulas y una mujer, con varios puntos en contacto con esta cinta.

lunes, 9 de diciembre de 2013

El último magnate (Aka The Last Tycoon)

3*

Interesante pero fallida adaptación de la novela inconclusa de Francis Scott Fiztgerald, The Last Tycoon, una novela que, curiosamente, fue editada póstumamente por el compañero de Fitzgerald en Princeton, el gran crítico literario Edmund Wilson. La historia trata sobre otro de esos amores imposibles que obsesionaron al esctritor de Minnesota (como El gran Gatsby o Suave es la noche). Por su parte, el guión gira en torno a la vida de un exitoso productor de cine judío, Monroe Star (Robert de Niro), que trabaja para el sistema hollywoodiense de la época dorada (es decir, para el famoso Star System), en medio de la Gran Depresión (al parecer, el personaje protagonista está basado en el productor de la MGM, Irving Thalberg). Elia Kazan, en este su último trabajo tras la cámara, acierta al reforzar un firme aire historicista y nostálgico pero se extravía al dejarse llevar por una cadencia perezosa y asincopada respecto del desarrollo de la historia. Los personajes y los diálogos, por su parte, no parecen salidos de la pluma del guionista, un desubicado Harold Pinter. Completan el reparto un auténtico abanico de magníficos actores: Robert Mitchum, Jean Moreau, Tony Curtis, Ray Milland, Dana Andrews, Donald Plesance, Jack Nicholson, John Carradine, Peter Strauss, Theresa Russell, Seymour Cassell y Anjelica Houston. Y una principiante Ingrid Boulting, una actriz no especialmente acertada ni sensual. Kazan se apoyó en un equipo de profesionales técnico-artísticos principiantes, como Victor Kemper o Richard Marks, y experimentados, como Jack T.Collins o Maurice Jarre, todos ellos orquestados, irónicamente, por el propio productor Sam Spiegel. Curiosamente, fue estrenada unos pocos años después que La noche americana y unos pocos años antes que Entrevista, con las que mantiene puntos de contacto cinéfilos y metaficcionales. Por cierto, hay algún plano, alguna secuencia, que parece obra más bien del propio Scorsese.




miércoles, 11 de septiembre de 2013

La caída de los dioses

3.5*

Luchino Visconti, el conde de Lonate Pozzolo, fue uno de los grandes sibaritas de la historia del cine, hasta el punto de ser uno de los directores más manieristas del séptimo arte, especialmente en Italia. Sus intereses cambiaron desde las pautas marcadas por el neorealismo de los cuarenta y los cincuenta (La tierra tiembla o Rocco y sus hermanos) al retrato de las clases sociales más ricas, poderosas y aristocráticas (El Gatopardo o El inocente). Pues bien, dicho esto, si el espectador quiere conocer el pasado nazi de Alemania, una propuesta insoslayable sería acudir al cine de Rainer Wender Fassbinder. En concreto, a Lili Marleen o a Desesperación, por ejemplo. Aunque también hay una evocación del Tercer Reich en Berlin Alexanderplatz o en La ansiedad de Verónica Voss. Sin embargo, debería completar su visión con la obra de Visconti, especialmente con esta película. Lo primero que hay que saber es que tanto la idea como el guión son del propio director. La historia trata sobre el ascenso y el declive de una familia de vieja alcurnia prusiana, los Von Essenbecks (algo así como un trasunto de la familia Krupp), propietaria de la principal acería del país, en tiempos nacionalsocialistas (es decir, en esos extraños tiempos en los que el capitalismo de estado funcionaba con la connivencia de la iniciativa privada). La mirada del director pretende diseccionar las ambiciones y las obsesiones de esta familia, que colaboró con los nazis en la industria armamentística y que, tras varios conflictos y desaveniencias internas, terminó por sucumbir, tanto económica como moralmente, bajo la bota nazi pero también por la violencia espoleada por la propia ambición personal. La cámara no se queda quieta, se mueve constantemente por la trama, acercándose a los personajes, alejándose, dando vueltas alrededor de ellos, siguiéndoles, lo cual llega a hacerse muy explícito según avanza la trama y, por tanto, llega a revelar su naturaleza artificial. Sin embargo, el film resiste, en parte, el paso del tiempo y se alza como una afilada radiografía de la época.




lunes, 5 de noviembre de 2012

Los profesionales

4*

Mítico Mexican Western, de 1966, en la línea de Bandido, Grupo salvaje y Agáchate maldito, con un quinteto protagonista de excepción (Lee Marvin, Burt Lancaster, Robert Ryan, Woody Strode y Jack Palance), más la hipnótica presencia de Claudia Cardinale, en un rol que prefigura el de Hasta que llegó su hora, del maestro Sergio Leone. Disección de la Revolución mexicana, de sus ideales y miserias, con ese sentido del espectáculo y de la aventura propio del cine USAmericano. Una dirección ejemplar de Richard Brooks (también a la producción) que combina a la perfección una planificación de proximidad, casi televisiva, que humaniza a los personajes, con la grandeza de una puesta en escena en los 35mm cinematográficos, acentuada por una fotografía grandiosa y en Panavisión de Conrad Hall, una contrastada iluminación y, finalmente, por una BSO imponente de Maurice Jarré, con ciertas similitudes con la de Los siete magníficos. La película ha inspirado a directores que van desde Walter Hill a Quentin Tarantino pasando por Steven Spielberg o Sam Peckinpah.





domingo, 18 de diciembre de 2011

Los ojos sin rostro

3.5*

 
La filmografía de Georges Franju (uno de los fundadores de la Filmoteca Francesa) es muy poco conocida en España. Además de su mediometraje sobre los mataderos parisinos (Le sang des bêtes) y algún que otro policíaco, no se conoce mucho más de su obra. Salvo Los ojos sin rostro, de 1960, película que ha ejercido una enorme influencia en distintos géneros y en distintas cinematografías posteriores. Por ejemplo, en nuestras tierras, casi inmediatamente después, Jesús Franco utilizó parte del argumento (junto con la influencia de Dassin) en su excelente y personalísima Gritos en la noche. Los autores del guión fueron nada menos que Pierre Boileau y Thomas Narcejac, los creadores de Las Diabólicas, y contaron con la colaboración de Claude Sautet. Con alguna velada referencia a Victimes de devoir, de Ionesco, Franju nos ofrece una estilizada historia de terror y suspense, muy bien narrada, ejemplarmente montada, con una absorbente fotografía en blanco y negro y una BSO competente, obra de un novato Maurice Jarre. Un clásico del misterio que resume la mejor de sus bazas en su apuesta por mezclar belleza, lirismo y horror. Por cierto, el propio Franco volvería a recuperar el argumento en Los depredadores de la noche. Y nuestro Pedro (Pe says), le rinde homenaje, copiándola, en su mimética La piel que habito.