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martes, 31 de enero de 2017

Carne de horca

3.5*

Un “cochino señorito” andaluz ha de infiltrarse en la pandilla de salteadores y secuestradores de Lucero, un bandolero mitificado por los relatos populares pero que se las gasta muy, pero que muy, mal con todo el mundo. Las razones para esa infiltración son spoiler pero se puede adelantar que hay un cargo de conciencia y, además, un motivo de venganza, como en todo buen Western que se precie. Ladislao Vajda, el húngaro errante (como el llamó Francisco Llinás), conocido por películas como Marcelino, pan y vino o El cebo, regala al espectador actual una obra sobresalienta, desde el punto de vista cinematográfico y narrativo, excelente en las escenas de interiores e impresionante en los planos generales y panorámicos, donde toda la acción se entiende perfectamente y se ven y se disfrutan los detalles, todo gracias a su maestría poniendo en escena la acción. Además, le película comienza con un admirable retruécano narrativo, que se cierra al final, algo propio de directores que conocen la historia del cine. El film, por otro lado, es entretenidísimo y muestra una violencia inusitada para la época: de hecho, estamos ante una obra cruel, salvaje e, incluso, tiene una escena, pre-PeTA que ahora mismo sería delito rodarla (en plan Holocausto caníbal). Por su parte, los actores, especialmente Rossano Brazzi y Fosco Giachetti, están tremendos, aunque no superan al gran y torvo Felix Dafauce; Emma penella está guapísima y el resto de personajes cumplen a la perfección con sus papeles. En definitiva, una película sorprendente, por su dureza y por su maravilloso sentido del ritmo y de la intriga narrativa.

martes, 24 de febrero de 2015

El cebo

3.5*

El comisario Mattei sigue la pista de un asesino de niñas que tiene absolutamente confundidas a las fuerzas del orden. Tras abandonar el cuerpo de policia, decide seguir con el caso y poner una trampa al asesino, a ver si cae en ella. Ladislao Vajda lleva al cine la primera versión cinematográfica (del mismo año, por cierto) del texto del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt, autor de una fascinante obra policíaca y detectivesca, uno de cuyos máximos exponentes podría ser Justicia, una novela que guarda muchas similitudes con otra famosa creación de John Dickson Carr. Al igual que la versión de Sean Penn, este film tiene un final acorde a la época pero, en todo caso, lo más conseguido de él, sin duda, es ese ambiente frío y malsano que rodea a los encuentros entre el criminal (un asombroso Gert Fröbe) y los niños, así como el propio desarrollo del suspense, sabiamente medido y administrado. El conjunto, no obstante, presenta también un análisis más sutil sobre la sociedad y sus miserias. Entre los intérpretes, por cierto, se puede encontrar a un siempre convincente Michel Simon. En definitiva, una joya de la filmografía española de la década de los cincuenta que, además, ha trascendido su estreno al nutrir, espiritualmente hablando, las raíces de todo un subgénero, el giallo.