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miércoles, 19 de octubre de 2016

El caminante (Aka The Traveller)

3*

Después de popularizar a Waldemar Daninsky y de dirigir El huerto del francés, Paul Naschy se enfrenta a la literatura picaresca española. Pero a su manera. Es decir, introduciendo elementos del fantaterror satánico, de la comedia y del cine erótico. El propio Jacinto Molina escribe el guión e interpreta a un caminante llamado Leonardo, de formas piadosas pero de contenido recio que, de camino a la corte de España, se va apropiando de las más variadas personalidades (militar, caballero, peregrino, etc.) para sobrevivir a costa de los bienes y de los cuerpos de los demás. En su peregrinaje, le acompaña un joven lacayo, antiguo lazarillo, interpretado por David Rocha. El resultado es una amalgama desprejuiciada y moralista, con una ambientación que recuerda a la de Curro Jiménez, una estructura narrativa (finalmente circular) en la que se suceden escenarios de todo tipo, desde un convento a un lupanar, y una cualidad estética entre Velázquez, Goya y Zurbarán. Además, a un estilo franco y falto de ostentaciones, el director ofrece ciertas osadías visuales (como la de la escena del asalto a espadas, rodada entre matorrales y malas hiervas) y conceptuales (como la del sueño futuro, apocalíptico e incomprensible, adelantándose a un Alan Moore). Una de las películas más curiosas de toda la filmografía del gran Naschy. Y uno de esos films que ahora serían cuasi imposibles.

jueves, 24 de enero de 2013

Barry Lyndon

4*

Adaptar la novela picaresca de Tackeray, Memorias de Barry Lyndon, Esquire, parecía una arriesgada empresa que, finalmente, el director USAmericano Stanley Kubrick acometió con decisión y bastante acierto, si bien con una cierta simplificación (especialmente del personaje protagonista, que en la novela era reaccionario y cínico) y bastante distancia emocional. Durante varios años, Kubrick fue desarrollando un guión, que tardaría en rodar y en montar aproximadamente dos años. La historia, similar a un proyecto que quiso rodar sobre Napoleón (a quién el director admiraba por su racionalidad y perfeccionismo), permitía una narración prolija en aventuras y situaciones así como en vestuario y localizaciones (ya que los decorados estuvieron prohibidos en toda la película). De hecho, la dirección artística es una de las maravillas del film, como en Los duelistas, película con la que guarda bastantes similitudes. Sin embargo, hay que constatar que sin las partituras de Rosenman algunas de las escenas no hubieran funcionado correctamente porque resultan excesivamente frías. Por otro lado, la dirección abusa de un recurso cinematográfico, repetido varias veces, para bidimensionalizar el espacio: una estampa enfocada en un plano medio que, con un zoom inverso (para atrás), se abre a un plano general o, incluso, a una panorámica (como ya había hecho en La naranja mecánica). De este hecho proviene el carácter pictórico de buena parte de la película. Al contrario de lo que se suele afirmar, además de lentes especialmente diseñadas para captar la iluminación de las velas, John Alcott contó también con iluminación artificial para las escenas nocturnas y de interior, renunciando a varias capas de profundidad en el campo visual