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martes, 31 de enero de 2017

La mansión encantada (Aka The Haunting)

3.5*

Cuatro individuos se dan cita en la malvada mansión Crain, de Nueva Inglaterra, para estudiar supuestos fenómenos sobrenaturales que parecen producirse en su interior, ya que la vieja casa arrastra una oscura maldición que el doctor Montague pretende esclarecer. Como es sabido, la trama de este film se basa en la novela neogótica de Shirley Jackson, a la que sigue con mucha fidelidad y delicadeza, como ha destacado Stephen King. Por eso, no es de extrañar la presencia de varios personajes propios de una mente femenina de la segunda mitad del siglo XX (como el de Eleanor, pero también el del doctor Markway). De hecho, la propia Shirley Jackson asesoró al director, Robert Wise, como también lo haría Ira Levin con la adaptación de Roman Polansky de La semilla del diablo. El argumento hay que situarlo en la tradición de las casas encantadas, hechizadas (es decir, casas poseídas por espíritus o almas en pena, por maldiciones o por la depravación de sus antiguos propietarios), aunque el personaje central no es la Spooky Mansion, sino la débil mente de Eleanor Vance (lo que permite que la comparemos con el clásico Los intrusos, de Lewis Allen, y con The Unknow, de Henry Levin). Discípulo de Val Lewton, y eficaz en casi todos los géneros, Wise sostiene el relato gracias a una puesta en escena (encuadres, juegos de cámara, travellings, iluminación) tan suntuosa como opresiva, en la línea de The Innocents, de Jack Clayton. Por otro lado, la música subraya más el carácter psicológico de la trama que sus componentes terroríficos o de suspense. Finalmente, sorprende la presencia del pequeño de los Pontipee, Gideon (Russ Tamblyn). Un auténtico hit del cine de terror clásico.

jueves, 23 de junio de 2016

Hombres de infantería (Aka Take the High Ground!)

2.5*

Un puñado de ciudadanos USAmericanos, un poco destartalados ellos, llegan a un fuerte de entrenamiento del ejército de tierra de los EE.UU., en la árida Texas, para prepararse e ir a la Guerra de Corea. Allí, el sargento Ryan y el sargento Holt (el bueno y el malo, respectivamente), les intentarán transformarán en máquinas de sobrevivir y de matar, llevándoles al extremo de su aguante físico y psicológico. Y es que no hay nada peor que la guerra, ni siquiera 16 semanas de cruel y dura instrucción. Entre medias, una historia de amor con la “alcohólica” de la zona, la guapísima Elaine Stewart. Estamos ante el molde del que ha salido buena parte del cine bélico contemporáneo (desde Oficial y caballero y La chaqueta metálica hasta El sargento de hierro, por poner solo tres ejemplos), rodado con “pericia televisiva” por un principiante Richard Brooks y con la típica visión moral de la época: por un lado, la inocencia típica de un país crédulo y de una población ingenua; y, por el otro, la crueldad real de su política exterior durante la Guerra Fría, que asoma en escenas como la de la “carne de cañón” o la de los gases bélicos. En todo caso, un film belicista y convencional, que exhibe los más conservadores valores sociales, aunque con ciertos chispazos propios del progresista Brooks y del insurgente guionista, Millard Kaufman. La podrían poner de hilo de fondo en los restaurantes de comida rápida tipo Foster’s Hollywood o así.

sábado, 10 de mayo de 2014

West Side Story

4*

Robert Wise es un director USAmericano absolutamente todoterreno. Lo mismo rueda un clásico de la Sci-Fi (Ultimatun a la tierra) que un puntal del terror (The Haunting), un musical como Sonrisas y lágrimas que un Western como La ley de la horca. En este caso, lleva a la pantalla una vieja historia: la de un amor que se encuentra cercado tanto por oposiciones sociales como por la tragedia. Sí, la vieja historia de Romeo y Julieta, aunque con toques de Una tragedia americana. Pero lo maravilloso del caso es que la historia se localiza en un barrio de Nueva York, a finales de los años cincuenta, y los Capuletos y los Montescos se han transformado en los Jets y los Sharks, dos bandas callejeras al estilo de las que, con crudeza, retrató Susan E. Hinton o Richard Price (adaptadas también a la gran pantalla, Rebeldes o The Wanderers). Con la ayuda de Jerome Robbins, Wise rueda un film excepcional, un musical moderno que rezuma elegancia y buen gusto en cada uno de sus planos, tanto en los bailes como en las canciones, tanto en la escenografía como en las coreografías narrativas, tanto en el uso del Technicolor como en las interpretaciones (esos míticos Russ Tamblyn, Rita Moreno, George Chakiris, Richard Beymer o Natalie Wood). Además, Wise incorpora varios aciertos experimentales en la puesta en escena, como las transiciones entre escenas o el momento en el que Tony y María se conocen en el baile. La obra comienza con unos primeros minutos en los que se muestra la Gran Manzana desde el aire (como en Crimen en las calles o en La calle) y, poco a poco, la cámara desciende hasta adentrarse en los campos de juego de un barrio que podría ser de cualquier ciudad, puesto que los prejuicios raciales y de clase existen en todos los lugares del mundo. La partitura de Leonard Bernstein, por cierto, es una de las obras cumbre de la música contemporánea, un score de una gran complejidad instrumental y tímbrica pero que tiene esa extraña sabiduría de la música yanqui: la melodía. Así, varios cortes de la BSO han pasado a engrosar la memoria colectiva, como la de María, la de América o la de Tonight, como las canciones de Grease. La escena de la pelea callejera fue homenajeada por Coppola en Rumble Fish, otra obra maestra ambientada en el mundo de las pandillas. Y los títulos de crédito del final son obra de un inspiradísimo Saul Bass.