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| Dedicada a Svetlana Radoulska |
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viernes, 15 de noviembre de 2013
Underground
4*
Marko y Petar son dos personajes que viven enamorados de
la misma mujer, Natalia, lo que produce no pocos problemas entre ellos. Durante
la Segunda Guerra Mundial, Petar “Blacky” queda encerrado en un sótano, hecho
que Marko aprovecha para alejarlo de la realidad y para quedarse con Natalia.
Durante la dictadura de Tito, la Guerra Fría y la propia Guerra de Yugoslavia,
Marko hace creer a los que habitan en el sótano que la invasión nazi aun no ha
acabado, una premisa similar a Goodbye Lenin!. Underground es una película
histriónica, absurda, surrealista, que narra las andanzas y desventuras de un
pueblo durante cuatro décadas. Kusturica ofrece una imagen de su tierra natal
con los mismos cristales deformados con los que Pedro Almodovar o Aki
Kaurismaki retratan sus respectivas sociedades. Con la diferencia de que
Kusturica cuenta una historia con mucha garra e ingenio, dramática y cómica a
partes iguales. En este sentido, es un mix
casi perfecto porque Underground
tiene un elemento dramático (casi trágico), aunque no llega al nivel de El tiempo de los gitanos; tiene asimismo
un elemento surrealista (una especie de realismo mágico) aunque no llega a
rozar el nivel fantástico de su inconoclasta El sueño de Arizona; y, finalmente, tiene también un elemento
cómico aunque no llega al grado con el que está rodada La vida es un milagro (una versión balcánica de La vida es bella pero ambientada en la
Guerra de Bosnia). En definitiva, una radiografía esperpéntica, metaficcional y
ditirámbica de la Yugoslavia reciente, con una narración que se pierde en mil
vericuetos y que termina por arrastrar el film
hasta casi las 3 horas (165’). El retrato que ofrece Kusturica de la Yugoslavia
contemporánea puede ser complementado con el que presenta Srdjan Karanovic en Petria’s Wreath. Por cierto, la BSO, obra de Goran Bregovic, es una delicia.
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