Uno de los clásiscos incontestables del cine de
terror moderno, El exorcista tiene
una estructura narrativa muy interesante: 3 historias extrañas que terminan por
cruzarse. La primera, la de un arqueólogo en Irán; la segunda, la de los
tormentos familiares y personales del padre Karras; la tercera, la de una
actriz separada y su hija Regan Teresa, en Georgetown. La idea básica del film es mostrar al espectador cómo se
viviría en una sociedad coetánea la presencia del diablo, a través de una
posesión y su correspondiente exorcismo. Tanto William Peter Blaty (autor de la
novela original) como William Friedkin (director de la película) juegan muy
bien con la evocación anímica que tanto la iconografía religiosa como la
representación del mal despiertan en el espectador. Al igual que otras
películas del género, como La matanza de
Texas, por ejemplo, Friedkin juega también excelentemente con los efectos
de sonido (en las pesadillas del Padre Karrras, por ejemplo) y, por supuesto, con
la mítica BSO compuesta por Mike Oldfield, Tubular Bells. Por otro lado, si bien la historia puede ser leída en un tono
conservador (moral y socialmente hablando) y el espectador se pregunta cómo
hubiera ido todo si la protagonista no fuera una mujer adinerada, The Exorcist pulsa con contundencia algunos
de los miedos más primigenios del ser humano (a la pérdida de la identidad, a
la propia maldad y al diablo, a la profanación religiosa, etc.). Técnicamente,
la película es soberbia y lo que se ve en pantalla adapta sabiamente el
contraste entre la ciencia y la religión mediante un estilo semidocumental que
alcanza altas cotas en las escenas del hospital y en las escenas del exorcismo.
Aunque la producción muestra algunos errores (esos empleados que caban siempre
en el mismo sitio, algún desliz de montaje, etc.), el film ha pasado a los anales del fantaterror contemporáneo por los efectos que produce en el espectador y por su
lograda conjunción de virtudes, donde los actores, precisamente, no son una
característica accesoria. De hecho, todos ellos están expléndidos (Ellen
Burstyn, Linda Blair, Max von Sidow, Lee J. Cobb y Jason Miller).
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jueves, 19 de junio de 2014
El exorcista (Aka The Exorcist)
4*
Etiquetas:
1973,
El exorcista,
Ellen Burstyn,
Lee J. Cobb,
Linda Blair,
Max von Sidow,
Posesión,
Religión,
Sobrenatural,
Terror,
William Friedkin,
William Peter Blatty
viernes, 9 de mayo de 2014
La novena configuración
3.5*
Tras el éxito cosechado
por la adaptación de su novela en 1973, el autor de El exorcista, William Peter Blatty, se puso tras la cámara para
rodar la que él mismo consideró la secuela legítima del film de Friedkin. Y ello por dos razones. Primera, porque casi
nadie quedó contento con la película de John Boorman. Segunda, porque si el
espectador está atento, podrá encontrar varios lazos de unión (tanto materiales
como espirituales) entre el clásico de terror y este
trascendente y semidesconocido producto Hollywoodiense. Los temas sobre lo que
versa el guión son nada menos que la violencia, el trauma y la culpa, por un
lado, y la muerte, la vida y la expiación, por el otro. Stacy Keach es un
psiquiatra que llega a un castillo donde residen varios oficiales con serios problemas
mentales y extrañas conductas. Gente que parece poseída. Poco a poco, se irán revelando las
causas y las posibles soluciones a tan enigmáticos comportamientos y el
espectador, si tiene un poco de paciencia, podrá disfrutar de una pieza de
relojería que sorprende por su arriesgado argumento, su efectiva realización y
su contundente mensaje. Además, la ambientación, las interpretaciones, la
música y un bien surtido grupo de actores en horas altas, redondean el producto
final obligando a preguntarse por qué la historia del cine sepulta obras como ésta mientras, a la vez, ensalza castañas pilongas como El precio del poder o El lago azul, por ejemplo. Por
cierto, justo 10 años después de este título, Peter Blatty, como si fuera un
Michael Crichton cualquiera, rodaría la tercera parte de su escandalosa obra
maestra.
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