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lunes, 9 de diciembre de 2013

El último magnate (Aka The Last Tycoon)

3*

Interesante pero fallida adaptación de la novela inconclusa de Francis Scott Fiztgerald, The Last Tycoon, una novela que, curiosamente, fue editada póstumamente por el compañero de Fitzgerald en Princeton, el gran crítico literario Edmund Wilson. La historia trata sobre otro de esos amores imposibles que obsesionaron al esctritor de Minnesota (como El gran Gatsby o Suave es la noche). Por su parte, el guión gira en torno a la vida de un exitoso productor de cine judío, Monroe Star (Robert de Niro), que trabaja para el sistema hollywoodiense de la época dorada (es decir, para el famoso Star System), en medio de la Gran Depresión (al parecer, el personaje protagonista está basado en el productor de la MGM, Irving Thalberg). Elia Kazan, en este su último trabajo tras la cámara, acierta al reforzar un firme aire historicista y nostálgico pero se extravía al dejarse llevar por una cadencia perezosa y asincopada respecto del desarrollo de la historia. Los personajes y los diálogos, por su parte, no parecen salidos de la pluma del guionista, un desubicado Harold Pinter. Completan el reparto un auténtico abanico de magníficos actores: Robert Mitchum, Jean Moreau, Tony Curtis, Ray Milland, Dana Andrews, Donald Plesance, Jack Nicholson, John Carradine, Peter Strauss, Theresa Russell, Seymour Cassell y Anjelica Houston. Y una principiante Ingrid Boulting, una actriz no especialmente acertada ni sensual. Kazan se apoyó en un equipo de profesionales técnico-artísticos principiantes, como Victor Kemper o Richard Marks, y experimentados, como Jack T.Collins o Maurice Jarre, todos ellos orquestados, irónicamente, por el propio productor Sam Spiegel. Curiosamente, fue estrenada unos pocos años después que La noche americana y unos pocos años antes que Entrevista, con las que mantiene puntos de contacto cinéfilos y metaficcionales. Por cierto, hay algún plano, alguna secuencia, que parece obra más bien del propio Scorsese.




martes, 22 de noviembre de 2011

El curioso caso de Benjamin Button

3.5*


El curioso caso de Benjamin Button cuenta la historia de un ser extraordinario que nace con la apariencia física de un anciano y va cumpliendo años y viviendo su vida al revés: es decir, rejuveneciendo constantemente. Para ello, se presentan dos planos narrativos, tal y como hizo Clint Eastwood en Los puentes de Madison: el de la vida, aventuras y amores del protagonista y el de una mujer joven que narra un diario a su anciana madre, postrada en la cama de un hospital. Inspirándose en un relato de Francis Scott Fitzgerald -que, a su vez, se basa en un comentario de Mark Twain-, el siempre sorprendente David Fincher firma una película inmensamente triste sobre la fugacidad de las cosas y, especialmente, sobre la brevedad de la felicidad, a la que siempre hay que esperar tenaz y pacientemente y que, por eso mismo, es un sentimiento de plenitud pasajera que conviene disfrutar con la ingenuidad de la infancia. Además del dominio técnico de Fincher, hay que destacar el excelente diseño de producción, el maquillaje y los efectos visuales, que consiguen hacer medianamente creíbles las continuas transformaciones de los personajes. En un mundo como el nuestro es imposible que pueda existir alguien como Benjamin Button y no por el carácter fantástico de la propuesta sino porque sería acosado por la curiosidad anquilosante de la ciencia y nada de lo que -según Fitzgerald y Fincher- vivió, hubiera podido experimentarlo. De hecho, ¿por qué aparece varias veces un colibrí en esta melancólica historia? La respuesta es evidente: porque es el único pájaro que puede volar hacia atrás y, curiosamente, ha sido perseguido hasta casi su exterminio total simplemente para la confección de prendas femeninas.




viernes, 21 de octubre de 2011

El Gran Gatsby

3*

Si hay una frase que actúe como leitmotiv de toda esta historia, sería la que Daisy (Mia Farrow) le espeta a Robert Redford (Gatsby), mitad abatida mitad jactanciosa: "las chicas ricas no se casan con chicos pobres". En 1925, Francis Scott Fitgerald publicó su obra maestra, una descorazonadora y exquisita narración sobre la vida social de las clases altas y su vacuidad así como, principalmente, sobre la atracción que una de sus más frívolas maniquíes ejerce sobre un self-made man, el protagonista Jay Gatsby, que sufre la crueldad y el desdén de un mundo al que no pertenece. Sobre esta historia se han realizado cuatro versiones cinematográficas, siendo ésta la mejor de ellas. Francis Ford Coppola construyó un guión espléndido -sobre un borrador de Truman Capote-, que recogía lo mejor de la novela, tanto argumental como idiomáticamente, y desarrollaba casi todos los pormenores de la trama. Por su parte, Jack Clayton dirigía con detenimiento y esplendor uno de sus mejores trabajos, con una meticulosa y exhuberante dirección artística, una fotografía bien contrastada de Douglas Slocombe -que ya había ejercitado el retrato de la riqueza en The Servent, de Joseph Losey-, y una BSO que casi ni se nota, salvo en las múltiples fiestas que salpican el metraje. Hay quienes dicen que la película aburre, hay quienes dicen que la película es romántica... Ambos se equivocan.