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miércoles, 15 de febrero de 2017

Mis 5 imprescindibles de Emma Suárez:


-       Bajo las estrellas (2007).
-       La ciudad de los prodigios (1999).
-       La ardilla roja (1993).
-       La blanca paloma (1989).
-       1919, crónica del alba (1983).

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Mis 5 imprescindibles de Jodie Foster (como actriz):


-       Taxi Driver (1976).
-       La muchacha del sendero (1976).
-       Acusados (1988).
-       Contact (1997).
-       La extraña que hay en ti (2007).

lunes, 26 de septiembre de 2016

Mis 5 películas perturbadoras (e innecesarias) imprescindibles:


-       The Last House on the Left (1972).
-       Guinea Pig: Flowers of Flesh and Blood (1985).
-       Men Behind the Sun (1988).
-       Niku Daruma (1998).
-       À l'Intérieur (2007).

lunes, 23 de mayo de 2016

Carretera al infierno (Aka The Hitcher)

1.5*

Innecesaria y desdramatizada reactualización (que no remake) del clásico road movie thriller de los ochenta, de mismo título, y que no tiene nada que ver con el archi tarareado Higway to Hell de AC/DC (bueno, algo sí tiene que ver: en ambos productos culturales hay accidentes y choques en la carretera). Para hacer contemporánea la trama, se ha optado por incluir una pareja de jovencitos como protagonistas, de los cuales, la chica será la que, finalmente, agarre la sartén por el mango, de una forma inverosímil y amachistada. Por otro lado, el personaje de Hauer deja paso a una interpretación sin carisma, perpetrada por el boromiriano Sean Bean, ese hombre “mixto” que luce un rostro más propio de entrenador de beisball que de psicópata despiadado. La puesta en escena es convencional y el desarrollo de la trama hiper previsible. Por lo tanto, estamos ante algo que cualquier espectador puede perderse sin sentimiento de culpa alguna y, así, poder dedicar su tiempo a visionar cualquiera de las obras maestras de Luis Buñuel, por ejemplo. Por cierto, esta PastillaCrítica ha hablado de “desdramatizada” porque el espectador ni sufre ni padece con las peripecias de los personajes. Y, también, por el abrupto y estúpido final. En cuanto aparecen los títulos de crédito, uno ya ha olvidado lo que ha visto en pantalla.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Mis 5 imprescindibles sobre la Nochevieja:


-       Cabalgata (1933).
-       Fin de Año maldito (1980).
-       Los amigos de Peter (1992).
-       Días extraños (1995).
-       Buscando un beso a medianoche (2007).

lunes, 15 de junio de 2015

Mis 5 imprescindibles de Icíar Bollaín:


-       Flores de otro mundo (1999).
-       Te doy mis ojos (2003).
-       Mataharis (2007)
-       También la lluvia (2010).
-       En tierra extraña (2014).

viernes, 31 de octubre de 2014

Mis 5 imprescindibles de Halle Berry:

-       Strictly Business (1991).
-       Dorothy Dandridge (1998).
-       Monster’s Ball (2001).
-       Cosas que perdimos en el fuego (2007).
-       Frankie & Alice (2010).


sábado, 15 de febrero de 2014

Mis 5 imprescindibles de Philip Seymour Hoffman:

-       Happiness (1998).
-       Owning Mahowny (2003).
-       Truman Capote (2005).
-       La familia Savages (2007).
-       The Master (2012).




jueves, 9 de mayo de 2013

Zodiac

4*

La mejor de las versiones cinematográficas de los asesinatos de Zodiac, tras la popular adaptación de Don Siegel en Harry el Sucio (donde el criminal se llamaba Scorpio). A diferencia del policíaco protagonizado por Clint Eastwood, Fincher firma una película enmarañada, construida alrededor de varias investigaciones cruzadas, similar a uno de esos puzzles y criptogramas que el psycho killer enviaba a las autoridades californianas de la época. Es decir, la película no representa sino las múltiples líneas que se siguieron en la investigación: la de un periodista, la de una pareja de policías, la de un dibujante de periódicos, etc. Y, como en multitud de casos reales (incluido éste mismo), la trama llega a callejones sin salida, a puntos muertos y a soluciones falsas. De alguna manera, es como la materialización fílmica de esa incertidumbre defendida en El hombre que nunca estuvo allí. Así, tanto el misterio como el suspense se mantienen excelentemente hasta el áspero final. La trama, por tanto, puede llegar a aburrir y a confundir por un exceso deliberado de información. En el plano artístico, Fincher filma una historia minuciosa y obsesiva, de una perfección técnica apabullante, rodada íntegramente en formato digital y con una producción detallista hasta el delirio (aunque no logre evitar varios anacronismos). Por otro lado, la dirección está convenientemente ajustada al magnífico guión, la puesta en escena es sencilla por pulida y, además, todo el film se beneficia de un conjunto de ajustadísimas interpretaciones (especialmente la de Robert Downey y la de Mark Ruffalo). Textura fotográfica similar a la de la época (Todos los hombres del presidente, por ejemplo) y variedad de guiños cinéfilos, implícitos y explícitos, para una historia que ha recibido alabanzas de los profesionales más dispares, como Joon-ho Bong, el director de Memories of Murder (una película que, curiosamente, es de 4 años antes). Por cierto, Silencio de hielo es un buen hijo putativo.




viernes, 15 de marzo de 2013

martes, 26 de febrero de 2013

American gangster

2.5*

Ridley Scott perpetra una de esas vacuidades tan propias del cine Hollywoodiense en la que se glorifica a un canalla a la vez que se maquilla el hecho mostrando algunas pinceladas de crítica social. Y es que, aunque se mencionen, no se abunda en las graves consecuencias sociales del negocio al que se dedica el protagonista ni, tampoco, se subrayan todas las conexiones políticas, militares, policiales y judiciales del tráfico de drogas. En su lugar, Scott filma una larguísima película en la que se ensalza a Frank Lucas (Denzel Washington), un riquísimo e influyente traficante de drogas de la década de los sesenta y setenta, mediante la innoble estrategia de humanizarle (a través de la relación con su familia y con su mujer), dignificarle (mediante la explicitación de su amor y lealtad por los de su estirpe) y transformarle en un as de los negocios (se explica varias veces que vendía heroína de gran pureza a mitad de precio). Además, se describe su carácter humilde aunque se subraya que era así por motivos de supervivencia (si no se hacía notar, nadie se fijaría en él). En todo caso, a nivel fílmico, el guión y la dirección es un refrito de varias historias y de varias películas, especialmente de El padrino, El precio del poder, Serpico y El padrino de Harlem. Y de, por supuesto, Uno de los nuestros. De hecho, el guionista había trabajado con el director neoyorkino en Gangs of New York y Nicholas Pileggi también aparece por los créditos. Podría ser el contra ataque de la Universal al éxito de Scorsese, Infiltrados, de un año antes, aunque es sabido que Scott llegó al proyecto tras el despido de Antoine Fuqua. A su favor, hay que mencionar el trabajo de algunos secundarios así como una resuelta fluidez narrativa, aunque se cae en todo tipo de inconsistencias de guión (la grabación que acusa al protagonista se realiza con un micrófono que está bastante lejos de la conversación que se supone estaba grabando), errores (Rusell Crowe no pudo ser el detective y el abogado acusador) así como anacronismos y fallos varios.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Pozos de ambición

3*

Paul Thomas Anderson prosigue con su radiografía de la sociedad USAmericana, tras retratar el mundo del juego, la industria del porno, la televisión y el laberinto de pasiones y frustraciones humanas que es la vida contemporánea. Por eso, la película se transforma en un retrato de uno de esos pioneros, laicos y ambiciosos, sobre los que se ha levantado el país, no solamente en el plano material, sino también en el plano moral, ideológico, mítico. En este caso, además, muestra las conexiones entre el mundo capitalista y el cristianismo y lo hace ofreciendo una poderosa metáfora sobre la capacidad del dinero para someter a todo lo que le rodea. Daniel Plainview es viudo, tiene un único hijo y está levantando una empresa petrolera familiar, justo en los primeros años de la industria. Con un estilo sobrio y alejado de barroquismos, tanto en el montaje como en la puesta en escena, Anderson rinde homenaje a algunos clásicos del cine como John Houston o George Stevens, alargando varios planos secuencia y varios travellings, aunque la influencia visual fundamental es, sin duda, Stanley Kubrick (atención al final) y, en el plano moral, Upton Sinclair (y su novela Petróleo). La música es de una variedad y complejidad fascinante, aunque no siempre potencia la sencillez de las imágenes o de los comportamientos morales pero sí el carácter torturado del protagonista, excelentemente interpretado por un obsesivo Daniel Day Lewis, que compone una figura moral ambiciosa, competitiva, que acumula odio por sus semejantes y que solo quiere enriquecerse para aislarse del mundo que le rodea. Una figura que recuerda, en algunos aspectos, al Jett Rink de Gigante. La película, finalmente, muestra una sociedad en perpetuo cambio, deseosa de continuar con el progreso aun a costa de las innumerables “florecillas pisoteadas al borde del camino” de las que hablara Hegel. La próxima obra del director es The Master.