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lunes, 18 de noviembre de 2013

El hombre de la cuarta dimensión (Aka 4-D Man)

2.5*

Los hermanos Scott y Tony Nelson son dos reputados científicos. Uno de ellos trabaja para unos laboratorios mientras que el otro investiga por libre. Además de rivales en el campo de la innovación científica, también se enfrentan por el amor de Linda Davis, aspecto que le confiere una enorme actualidad a toda la película. En un momento de la trama, sus proyectos de investigación se cruzan y consiguen materializar la idea de Tony, atravesar la materia utilizando la cuarta dimensión, aunque este éxito tiene consecuencias funestas para Scott. El director de la casi mítica The Blob, Irvin S. Yeaworth Jr., presenta una película sorprendente, una mezcla de melodrama, thriller y Sci-Fi, en el marco de la Guerra Fría y con una interesante reflexión sobre dos formas distintas de concebir la investigación científica. La idea de base, las potencialidades de la energia nuclear, resulta apropiada para un final abierto y convenientemente ambiguo. Por otro lado, en alguna medida, la trama recuerda un tanto a la del film de Verhoeven, El hombre sin sombra. Sin embargo, no es una de las películas más conocidas de la fructifera década de los cincuenta (el número especial de 1994 de Nosferatu apenas la menciona en un par de ocasiones). Atención a la estupenda (aunque desajustada) BSO, un score compuesto enteramente de jazz, lo que supone una innovación para la época, al igual que la fotografia a color, al contrario que casi todas las películas de ciencia ficción de la época, que estaban rodadas en B&W.



jueves, 18 de julio de 2013

La estructura de cristal

4*

En una estación metereológica rural, en medio del countryside polaco, vive un eminente científico. Está casado, tiene dos hijos y lleva una vida aparentemente intrascendente, lo que choca tanto con su formación como con su antigua vida. De hecho, incluso está desarrollando gustos sencillos (como esa atracción infantil por las lucecitas, a lo Homer Simpson). Un viejo amigo de la universidad viene a visitarle para pasar unas semanas pero tiene la secreta misión de que abandone esa vida y se reincorpore a la investigación, de ahí la metáfora del cristal para ejemplificar dos formas distintas de vivir: la natural y la artificial, la interior y la exterior (o, si se quiere, por utilizar un elemento filosófico recurrente en la obra del director, la vía agustiniana o la tomista). A lo largo del metraje se contrastarán ambas formas de vida mientras los personajes comen juntos, salen a pasear, charlan, hacen labores del hogar, van al cine, ven la TV, etc. Con una sensibilidad cinematográfica similar a una buena parte del cine asiático (desde Beat Takeshi a Kim-Ki Duk) pero también al cine de Dreyer y, sobre todo, al de Bergman, el director polaco Krzysztof Zanussi despliega una radiografía de la amistad, de una forma menos cerebral que en otras películas suyas, a través de una estructura narrativa que se recrea en circunloquios y en distintas escenas familiares a modo de sketches pero que también se despliega hacia delante, linealmente, con lo cual los personajes crecen, se conocen y aprenden a respetarse. La música, de uno de los compositores más conocidos de la cinematografía polaca, Wojciech Kilar, es maravillosa, con un piano que subraya el carácter bienintencionado de la historia con hermosas melodías, bien armonizadas, pero que, también, se arriesga al contraste experimental.