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martes, 28 de marzo de 2017

Pearl Harbour

1.5*

Americana. En toda regla. Con todas sus letras. Un espectáculo vacío de ideas pero repleto de esa clase de patriotismo de banderita y pulserita, tan propio de personas sofisticadas y adultas. Por ello, el producto está diseñado e hiper producido para cualquier buen citizen soldier USAmericano, sus familiares, sus amigos o para cualquier otro espectador henchido de pensamiento acrítico y de una emotividad enlatada e infantil. Desde el punto de vista cinematográfico, poco se puede destacar: el film lanza a la cara del espectador, cual metralla ponzoñosa, dramatismo made in Corín Tellado, hiperbombásticas escenas de acción y ramplonería histórica, todo ello con un estilo visual a medio camino entre el videoclip, la publicad y un panfleto de la oficina de reclutamiento. Parece diseñado por el ejército más poderoso del mundo, o por la máquina de propaganda más efectiva del planeta, para perpetuar la supuesta misión salvífica del país: la de intentar “liberar” a todo el mundo manteniéndose él mismo esclavo de sus prejuicios, de sus ambiciones y, sobre todo, de su ignorancia. Como era de esperar, un hit en toda regla. Aunque sin campañas de publicidad como la que precedieron a su estreno, productos como éste no resistirían un fin de semana de proyección. Banalidad, propaganda y redundancia.


viernes, 30 de diciembre de 2016

Interludio de amor (Aka Interlude)

3*

La joven Helen (June Allyson), de Philadelphia, recala en Munich para trabajar en la Casa de América. Durante su estancia en la capital Bávara, Helen se encontrará con un novio de esos que la familia te hecha desde jovencita (y que tú consideras tu amigo) pero, también, conocerá a un impulsivo y exitoso director de orquesta, Tonio Fischer (Rossano Brazzi). Durante breves y románticas escapadas, Helen se enamorará del músico, y viceversa, sin saber que su amor es, digamos, como el “do de pecho”: solo al alcance de muy pocos. Como si de una sinfonía se tratara, Sirk vuelve a su país de origen para rodar uno más de sus excelentes y eternos melodramas, con puntos de contacto con Rapsodia, de Charles Vidor. A lo largo de varios movimientos musicales, la narración va siguiendo, acompañando, subrayando los distintos vaivenes del amor, hasta la coda final, en la que se recupera el tema inicial, el motivo “musical” con el que comenzaba la obra. Un final en clave mayor, por tanto, que hace sentirse en casa a los protagonistas y, con ellos, también al espectador. Sirk rueda, así, una especie de guía de viajes para la secretaria o para el ama de casa USAmericana de los cincuenta, para que no se deje deslumbrar por la pasión y por el arte de la Vieja Europa y para que no olvide que “su hogar, su verdadero hogar”, está allá donde atracó el Mayflower. Hermosa fotografía, fascinante composición de planos y diseño de secuencias, pulido vestuario, sofisticada producción y bella música: en fin, lo de siempre en la filmografía del gran, y no suficientemente valorado, Douglas Sirk. Por cierto, en 1968, Kein Billington rodaría un remake de lo más estimable y disfrutable y con una BSO, de Georges Delerue, ciertamente emotiva.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

A toda marcha (Aka Tuff Turf)

2.5*

Summa barriobajera de buena parte de los tópicos de las películas high-school USAmericanas de los ochenta, A toda marcha se destaca del resto de films del género por mostrar una sociedad más violenta, cruel y desquiciada, donde también hay perdedores y outsiders, y apuntes sociológicos. Así, se puede ir de la acomodada Connecticut a un barrio marginal de L.A. en un mismo año. Por lo demás, divertida y entretenida pero con alguna que otra escena, con algún que otro diálogo realmente faltos de fuerza y claramente deficitarios. James Spader realiza un hipnótico trabajo y, hablando de rostros, hay que mencionar a una Kim Richards magnética y a un Matt Clark soberbio. Fritz Kiersch rueda una curiosa historia de superaciones y de amores adolescentes en un instituto reaganiano, regalando al espectador cierto costumbrismo fino, pero aplicado con brocha gorda, y cero heroicidad moral, pese al violento final. Como en el caso de muchas películas de temática similar, atención a la poderosa escena de los créditos finales: había que salir del cine con la bilirrubina por los aires.

jueves, 29 de septiembre de 2016

El próximo año a la misma hora

3*

Dos jóvenes cenan una noche en el restaurante de una hermosa posada en Mendocino, al Norte de California (algo así como en Nepenthe de Big Sur). Cruzan miradas, se sonríen, comparten una mesa y, al final, acaban acostándose y enamorándose. Pero ambos están casados. Cuando acaba el fin de semana, deciden volver a encontrarse en el mismo lugar al año que viene. La película, basada en una exitosa obra teatral, recrea varios de esos encuentros a lo largo de los años, desde la inseguridad de las primeras veces hasta la serenidad de la madurez y lo hace siguiendo algunas de las principales corrientes, tanto estéticas como morales, tanto políticas como sexuales, de la reciente historia de los EE.UU., hecho que transforma esta película en un retrato modelo de la evolución del USAmericano medio desde comienzos de los cincuenta hasta finales de los setenta. Bien mirado, también podría ser una metáfora de una realidad en peligro de extinción: el matrimonio que dura varias décadas. Ellen Burstyn arrasa con su emocionante y sutil personaje mientras que Alan Alda vuelve a demostrar su vena cómica y neurótica. El film consigue hacer sonreír al espectador pero también le hace sentir las penalidades de los personajes, a lo largo de los años, e, incluso, le puede hacer llorar, pulsando su tecla nostálgica. Algo a lo que la música echa una buena mano. Pero Mulligan no hace un drama de esta preciosa historia de amor. Ni tan siquiera un melodrama. Es, más bien, una comedia vital.

sábado, 30 de julio de 2016

El último americano virgen (Aka The Last American Virgin)

2*

Es por todos sabido que la extraña pareja formada por Golan-Goblus se asentó en los EE.UU., a comienzos de la irredenta década de los setenta, tras su desvirgamiento cinematográfico previo, producido en tierras palestinas, en Israel, con su productora Noah Films. De hecho, lo primero que hicieron los amigos de la Cannon, al llegar a la tierra prometida, fue versionar algunos de sus primeros éxitos. Es el caso de esta comedia estudiantil USAmericana, basada en Lemon Popsicle, especialmente burda, desprejuiciada y escatológica pero con un final agridulce realmente atípico. La cámara sigue las correrías de 3 amigos de distintas apariencias y personalidades en pos del polvo seráfico. Y, para ello, nada mejor que enlazar pizzas, coches, fiestas, urbanizaciones american middle class, piscinas, salas de recreativos, situaciones en las que meter mano, The Police, etc. Es decir, estamos ante un producto especialmente elaborado para satisfacer las necesidades pustulantes de la adolescencia. Aunque el film sea de los ochenta, de unos indeterminados y ultraconservadores ochenta, la fecha de caducidad está escrita en los propios títulos de crédito, por cierto. ¡Bienaventurados serán los pobres de espíritu porque, como dijo Mateo (20. 1-6), los últimos serán los primeros! ¡Y los primeros los últimos!

jueves, 19 de mayo de 2016

Oficial y caballero (Aka An Officer and a Gentleman)

3*

Buena parte del cine USAmericano de los ochenta constituye una de las grandes maravillas del 7º arte. Ahí están los maravillosos estudios cinematográficos de Douglas Brode para constatarlo. Y una de sus características básicas fue la forma en que engarzó poderío visual, análisis sociológico, buenas historias y música adecuada. Así, películas como Oficial y caballero, más allá de su retrato sobre el durísimo entrenamiento militar, o más allá del enfrentamiento entre un hijo putativo de los sesenta y su odioso sargento entrenador, se transformó, gracias a su banda sonora (Up Where be Belong, un auténtico hit), en uno de los primeros blockbusters de la década, fama que siguió cosechando gracias al mercado del vídeo y gracias a sus pases televisivos. Algo así como lo que le ha pasado a la insultante Pretty Woman. Por cierto, otro de los pilares de su éxito fue la convincente historia de amor (lo del “caballero” del título) entre un aspirante a soldadito y una working class hero. Viendo el film, cualquier puede comprender por qué se enamora Richard Gere de Debra Winger. Y, también, por qué se enamora Debra Winger de Richard Gere. Y es que, en este punto, la sutileza y la riqueza de Taylor Hackford da todo de sí para regalar al espectador un glorioso cuento de amor (y pasión), además de una fábula sobre la superación personal. La del hombre, claro. Que la mujer, con buscar al hombre adecuado ya tiene bastante (por cierto, por si alguien no lo ha pillado, está última afirmación es un auténtico sarcasmo). En fin, que tragedias a parte, Hackford no volvería a conseguir otro éxito como este, aunque la crítica se rendiría ante su magnífica Eclipse total (Dolores Clairbone).

martes, 10 de mayo de 2016

En un lugar solitario (Aka In a Lonely Place)

3*

El guionista Stiller (Humphrey Bogart) lleva años sin repetir su éxito anterior. Una noche, en un restaurante, conoce a una dependienta que está terminando de leer un best seller sobre el que le han encargado un guión. Hombre impetuoso, la invita a su casa para que le cuente el argumento del libro. Al cabo de un rato, se marcha y él se queda en casa. A la mañana siguiente, bien temprano, la policía visita su casa porque han encontrado a la dependienta estrangulada. Solo una hermosa vecina (Gloria Grahame) puede proporcionarle una coartada, ya que les vio desde la terraza de su apartamento colindante. A partir de aquí, el film se mueve entre el thriller (Stiller es el principal sospechoso) y el romance (él y la vecina se enamoran y comienzan un affaire), lo que da pié al gran Nicholas Ray para que desarrolle una puesta en escena compacta y acerada, entre la trilogía de Lang con Joan Bennett y el cine negro de Wilder. En todo caso, salvando la acidez general del argumento y del diseño de personajes, la película no es especialmente harboiled (salvo alguna escena con Bogart como detonante) ni creíble (tanto los cambios de carácter del protagonista como el momento de la confesión del asesino, no son dos puntos a favor de la verosimilitud de la trama). El cine negro USAmericano de los cuarenta y los cincuenta tiene obras mucho más punzantes, más incisivas, tanto social como políticamente. En todo caso, estamos ante un film estimable y, por muchos años, alabado como una auténtica obra maestra.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Noche de fin de año (Aka New Year's Eve)

2*

Decía Jean Austen que las tonterías dejan de serlo cuando son realizadas por gente sensible que actúa de forma atrevida. Pero si las personas no son sensibles, sino sensibleras, y no son atrevidas, sino engranajes de una máquina diseñada para enternecer, las tonterías quedan al descubierto. Y esto es lo que es, con precisión, esta trillada película de redenciones y propósitos “buenrollistas” de Año Nuevo. Que, incluso, tiene un discursito final. Y sus tomas falsas añadidas (sic). Y hasta un enfermo terminal y una canción de “Jon Bovi”. Un elenco variopinto de estrellas hollywoodienses viven unas cuantas historias, algunas entrecruzadas, durante las últimas horas de la Nochevieja del año 2012. Hay para todos los públicos y para todas las edades así que cientos y miles de espectadores se podrán ver representados. Como con la paparruchada esa de Pretty Woman. Pero muchos personajes, muchas situaciones y un buen puñado de diálogos y conversaciones son de lo más ramplones, manidos y pedestres. Folclore navideño, vamos. De hecho, no sería de extrañar que, cada 10 o 15 minutos de visionado, buena parte del público piense que estamos ante uno de esos productos prefabricados que te venden y que te envuelven con mil y un pliegues de papel y con mil y un lacitos de colores en esos templos de consumo que son los centros comerciales en Navidad. Un producto que huele bien, que brilla con su purpurina, que alegra la vista del consumidor pero que no tiene mucha sustancia por dentro. Algo así como uno de esos anuncios de neón que adornan Times Square.

martes, 19 de enero de 2016

Anónimo veneciano (Aka Anonimo veneziano)

3.5*

Ópera prima del gran Enrico María Salerno, como director, que pone en escena una melancólica variación sobre la pasión, el cariño y el desamor humanos, en la línea de Dos en la carretera y de Love Story. En pleno proceso de divorcio, un músico veneciano manda llamar a su todavía esposa para intentar cicatrizar unas cuestiones de pareja. Juntos, durante un día, recorrerán la ciudad de los canales, recordando su pasado común y digiriendo su agonizante presente, distanciados como personas pero unidos como amantes. Thomas Mann ha escrito en La muerte en Venecia que “para que cualquier creación espiritual produzca rápidamente una impresión extraña y profunda, es preciso que exista secreto parentesco y hasta identidad entre el carácter personal del autor y el carácter general de su generación”. Pues bien, Salerno consigue atrapar el espíritu de la irredenta década de los setenta con esta hermosa y triste elegía sobre el más misterioso tema universal: el amor. Pero también sobre la muerte. La fotografía herrumbrosa de Marcello Gatti, la música pesarosa de Cipriani y el concierto para oboe y orquesta del diletante Alessandro Marcello y, en fin, la sofisticación de los diálogos y de los juegos semánticos del film, transforman el visionado de esta obra en una experiencia auténticamente catártica, de manera especial para todos aquellos espectadores que hayan amado y hayan perdido ese amor. Salerno volvería a buscar el éxito que consiguió con esta película con sus siguientes producciones tras la cámara, El último adiós en Londres y Eutanasia de un amor.

martes, 29 de diciembre de 2015

The Lobster (Aka La langosta)

2.5*
Dedicada a Alicia López
The Lobster es el hermano rico de Canino. Sí, queridos lectores, el tal Yorgos Lanthimos está de moda, es uno de los directores favoritos del candelero gafapasta o wanna-be nerd. Tiene pocas películas, su obra es distante (en el doble sentido de la palabra) y, hasta hace pocos años, era difícil de conocer pero, aún así, está remojando poco a poco la tierra ya empapada donde crece el cine Europeo. Y no es casualidad. Sus películas vienen de Grecia, ese extraño país, una especie de lámpara Zettel de la modernidad, donde todo está desmembrado y se cae a trozos. Sus películas son raras, con una extraña mezcla de convencionalismo cinematográfico y discordia temática. (Como en el cine de Haneke). Sus historias compaginan con descaro una cierta y distante humildad en la puesta en escena y un raudal de agresividad subterránea y escenas de sexo extemporáneo (También, en este caso, como el cine de Haneke). Igual es que quiere escandalizar… (Como Haneke). Ha tenido un gran éxito reciente, tanto en La Croisette como en el estrecho circuito del Cine de VOS, con el cual ha conseguido convencer a un elenco tutti frutti Hollywoodiense para su desconcertante siguiente obra, una sátira falsamente futurística y más bien swiftoniana (en cierta forma, similar a Alps) sobre la palpitante dificultad actual de conseguir y de mantener una relación de pareja. Ya lo decía Boris Yellnikoff en Si la cosa funciona: la mayoría de las relaciones de pareja son pasajeras. Pero bueno, aún así, se puede seguir contando historias de amor. Sobre todo si se quiere conquistar al espectador palomitero (cough, cough), con una historia de amor ciego. Lanthimos se sale del tiesto con una historia excéntrica y curvada (¿es mejor estar solo o en pareja?), que se hace un tanto larga y que no es especialmente inteligente, ni ingeniosa ni original. De hecho, tanto temática como, sobre todo, formalmente, el estilo visual parece inspirado en el Fahrenheit 451 de Truffaut, en El dormilón o en The Hotel, la serie de televisión británica. Aunque con clarísimas influencias de Kubrick. Curiosamente, el hotel donde se desarrolla esta historia de supervivencia langostera, parece una fusión del Overlook y el Dansem Dene. Con ese home schooling inspirado en El bosque que es Canino, Lanthimos nos recordó la absoluta arbitrariedad que se esconde detrás de nuestras convenciones vitales. La vida es una farsa desafinada. Ahora nos pone frente a un film pasajero de amantes. O de amantes pasajeros. Como el de Almodóvar. En ambos sentidos. 

miércoles, 14 de octubre de 2015

Jules y Jim (Aka Jules et Jim)

2.5*

Icono de la nouvelle vague más gafapastista, Jules et Jim es, con probabilidad, la mayor petulancia rodada nunca por François Truffaut, elaborada a base de acumular muchos microepisodios en una estructura arrítmica. Un film irreal, frívolo y falsamente ingenioso sobre unos personajes repelentes, contradictorios e incoherentes hasta (el aburrimiento o) la exasperación, henchidos de superficialidad burguesa y de esa joie de vivre propia de quienes no tienen que trabajar. En particular, el personaje de Jeanne Moreau es voluble, egocéntrica y caprichosa a más no poder. La trama proviene de una novela que Zineface no ha leído por lo que poco puede afirmar sobre el problema de su adaptación. Sin embargo, para que el lector esté alerta, conviene conocer la espina dorsal del argumento: dos amigos comparten una mujer mientras la vida pasa, los años avanzan impertérritos y un narrador desconocido va haciendo comentarios vertiginosamente superfluos. En todo caso, parece que la historia es una excusa para lo más destacable de la película: la forma. Un caparazón visual que se inspira en el cine mudo (de ahí la importancia de la música de Georges Delarue) así como en la pintura impresionista y cubista y que, además, incorpora metraje de archivo (para las escenas de la Guerra, por ejemplo) y que, como novedad, se aprovecha de varias de las conquistas técnicas de las vanguardias artísticas (cámara en mano, montaje abrupto, congelación de la imagen, narración entrecortada, travellings en primer plano, planos-secuencias filosofales, vistas aéreas, pantallas que se abren, falta de raccord, etc.). Sin duda, la extravagancia es la norma. Y la excepción, la empatía del espectador. Encima, puso de moda los bigotes femeninos, como símbolo de inconformismo (sic.) ¡Ay, si Bazin levantara la cabeza!

martes, 14 de julio de 2015

Brokeback Mountain (Aka En terreno vedado)

3.5*

A finales de la década de los noventa, Wong Kar-Wai dió forma visual a una relación homosexual en la absorbente Happy Together. Por tanto, no es la primera vez que cineastas orientales intentan plasmar en imágenes los vericuetos sociales y las bifurcaciones emocionales del amor con alguien del mismo sexo. Algo recientemente asumido por Occidente (aunque con mil y un problemas) pero que Oriente todavía se resiste a contemplar. Sin embargo, sí es original que un director como Ang Lee (el creador de la muy vintage La tormenta de hielo) decida describir el despertar de una atracción homoerótica en los límites del Western USAmericano, del cine histórico (esos años Sesenta) y del drama de frontera al estilo de Junior Bonner. Lee se apoya en una fotografía paisajística maravillosa, en un drama romántico contado con la parsimonia de la vida en las montañas, en unas interpretaciones sobresalientes y en un desenlace coherente con toda la producción. Y bien magro de concesiones al espectador. Redondea todo el producto una emotiva y minimalista BSO de Gustavo Santaolalla, con su característico arpegio de guitarra. Como es natural, de vez en cuando los premios se alían con la calidad. Como en este caso. Y bien merecido.

lunes, 13 de julio de 2015

Hiroshima, mon amour

3.5*

Lindsay Anderson nos recordó, en el manifiesto de los angry young men, allá por los años cincuenta del “siglo corto”, que el cine es una industria. Pero también un arte. Y un medio de comunicación. Y algunas cosas más. Y que algunos directores son conscientes de estas tres circunstancias para intentar exprimirlas en una obra compacta y sin fisuras. Alain Resnais, casi el padre de la nouvella vague, comenzó su andadura cinematográfica con varios cortometrajes y un par de documentales, devenidos en clásicos, en particular Noche y niebla. Sin embargo, su salto al largometraje (digamos, de ficción) fue con esta adaptación de un guión de la gran Marguerite Duras. El contenido gira en torno a las 24 horas que pasan dos amantes, una actriz francesa y un arquitecto japonés, en el Japón de postguerra, ocupado por los EE.UU. La forma intenta vertebrar un grupo de imágenes alrededor de varios diálogos y escenas en torno al presente de los amantes pero también a su pasado, disparado por algunos recuerdos y el trauma asociado a los mismos. Pero contenido y forma se funden en una reflexión experimental sobre la memoria y el olvido, sobre el amor y el dolor, sobre el presente y el futuro, disparado por un acontecimiento histórico modernista, como diría Hayden White: el bombardeo de Hiroshima, magistralmente representado por el Masuji Ibuse de Kurio Ame. Y que Resnais podía haber conocido si, como quiere Borges, la cronología hubiera podido invertirse. Una película hermosa y dolorosa, moderna y atemporal a la vez. Un film que te exije atención y esfuerzo pero que te hace un regalo, pese al abrupto final. Una experiencia reflexiva, en definitiva, no apta para públicos remolones y pasivos, esos que medio llenan algunas salas de los kindergarten fílmicos de los centros comerciales.