En Tinseltown, varios personajes luchan por regularizar su situación
legal, cruzando sus historias o viviéndolas de forma paralela. Wayne Kramer desarrolla
un mosaico desagregado sobre un tema muy particular, siguiendo el ejemplo de Crash, más
compacta pero igual de lacrimógena.
La diferencia es que, aquí, existe un misterio criminal que revelar (en la
historia principal, la que interpreta Harrison Ford). El resultado es una
película extraña: estamos ante un discurso bastante convencional sobre los
valores culturales USAmericanos pero que se atreve a deslizar una lectura
revisionista sobre los atentados terroristas de las Torres Gemelas, entre otros
aciertos parciales. Visual y narrativamente, el film no levanta el vuelo más allá de los recursos típicos de las
teleseries, donde se entrecruzan varias historias y cuyo desarrollo vamos
conociendo cronológica pero alternativamente (lo cual produce un falso efecto
de complejidad), a lo que hay que añadir los inconfundibles planos aéreos sobre
la laberíntica y cancerígena ciudad de Los Ángeles (para que el espectador
pueda llenar su garganta de palomitas), además de algunas escenas
enigmáticamente patrioteras. Desde este punto de vista, es comprensible la
decepción de la mayoría de la crítica. Sin embargo, y al margen de un final
agridulce pero esperanzador, la producción tiene otros aciertos, como el hecho
de mostrar las dificultades del multiculturalismo existente en el American Dream, así como el dolor y el sufrimiento que se derivan de su estricta
política de inmigración. Completan el reparto, Ashley Judd, Ray Liotta, Alice
Eve o Ciff Curtis.
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lunes, 5 de octubre de 2015
miércoles, 9 de septiembre de 2015
Españolas en París
3*
La jovencita Isabel García (Ana
Belén), de Sigüenza, emigra al París de comienzos de los setenta para trabajar
sirviendo en el Distrito XVI, uno de los bastiones de la burguesía francesa. Allí
le esperan un variopinto grupo de personas, entre las que destaca otra criada, Emilia
(Laura Valenzuela), y un chófer, Manolo (Máximo Valverde). Primer y,
probablemente, el más sólido éxito de la llamada “tercera vía” del cine español
de la época, en particular respecto del cine comercial producido por el marido
de una de las protagonistas del film,
José Luis Dibildos. Desde este punto de vista, la película se aleja de esas
representaciones costumbristas, paletas y pseudo-cómicas (tipo, Pepe, vente a Alemania) para intentar
describir con cierto realismo “la historia de la vida” de una employee de maison española en la Ville lumière. En este sentido, tanto
el guión (con la participación de Mingote) como la dirección, de Roberto
Bodegas, aparecen como dos virtudes destacables. Los múltiples guiños a la
industria cinematográfica de la época incluyen la presencia de José Luis López
Vázquez, José Sacristán, Teresa Rabal, Simón Andreu o Tina Saínz, por ejemplo. Entre
otras curiosidades, la cinta ofrece un homenaje a Jean-Pierre Melville, a Matías
Prats, a Paco Ibañez y a los empresarios “modelos” del momento, los Barreiros,
en su etapa Chrysler. Para terminar, el visionado produce en el espectador un
efecto chocante: las imágenes parecen una máquina del tiempo y, al mismo tiempo,
un aviso respecto a las migraciones por venir.
Etiquetas:
1971,
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José Luis Dibildos,
Laura Valenzuela,
Máximo Valverde,
Roberto Bodegas
lunes, 3 de marzo de 2014
Machete
2.5*
Ultraviolenta, llena de sanguinolentos
efectos digitales, tacones y sexo jamesbondiano, Robert Rodríguez presenta su
enésimo homenaje hard al cine de
Leone, con gotitas de Carpenter y de Cheech & Chong. Aunque la etiqueta que mejor define a Machete es, sin duda, la de parodia, a mitad de camino entre el cartoon, la extravaganza y el trailer ampliado. Estilisticamente, el
director texano (junto a su último
editor) se adapta a lo que cuenta y va
tomando prestado de aqui y de alla tanto ideas visuales como soluciones de
puesta en escena y montaje si bien la iluminación, obra de Jimmy Lindsey, es
una auténtica maravilla. Estereotipada en personajes, contenido y diálogos, el film cuenta con pequeños lapsus de humor fino y con una simbología
religiosa y política explicita y evidente, para hacer quedar bien al espectador (como la ironía final). Comienza
como los míticos programas grindhouse de los setenta, tan queridos por el tándem Rodriguez/Tarantino pero, en seguida,
se transforma en una parodia de las películas de Steven Seagal o de la Cannon, aunque con ese sabor Mexicali
propio de un Peckinpah o un Sollima. Una historia de frontera que John Sayles
ha contado con la fortuna que le caracteriza en Lone Star. Danny Trejo, ese Edward James Olmos tarantinizado, es un
actor excelente, dentro de su limitacion, pero este papel se le queda grande en
miradas y ademanes. El resto del reparto está aceptable en su sobreactuación,
aunque la musica es repetitiva y cansina, no aporta nada. De hecho, la banda de
sonido está altísima y saturada, con un volumen desquiciante.
viernes, 17 de mayo de 2013
Soul Kitchen
3.5*
![]() |
| Dedicada a Raúl Ortiz |
Tras sorprender al espectador con sus potentes dramas
mestizos, Contra la pared y Al otro lado, Fatih Akin relaja el drama
de sus argumentos con esta comedia de trazos gruesos y agrestes personajes que,
en todo caso, no supone ninguna novedad en su filmografía puesto que, entre
otras cosas, recupera alguno de sus motivos previos (la crudeza de la
inmigración de griegos y turcos en Alemania, los bajos fondos, los sueños de
triunfo, la danza del amor, la esperanza). El director se mantiene fiel a su
contundente forma de contar historias (con su inusual concepción del encuadre y
del montaje, Akin demuestra que es capaz de contar cualquier cosa, con
imágenes, en 5 segundos) y, además, consigue imprimir a una trama inverosimil y
absurda la fuerza y la emoción que necesita. Consigue, de hecho, varios
momentos antológicos, tanto visual como narrativamente. Por no hablar de un par
de escenas divertidísimas. Por su parte, además de una BSO exultante (repleta
de temas Soul, Funk y electrónicos), Birol Ünel y Udo Kier realizan dos soberbias
apariciones mientras que el resto de actores cumple con su cometido aunque, algunas veces, de
una forma exagerada, algunas veces enfática.
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