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viernes, 6 de mayo de 2016

En busca del avión perdido (Aka Race for the Yankee Zephyr)

2.5*

Everett de Roche es uno de los guionistas más reputados y respetados de las antípodas. Sin embargo, no siempre ha contado con un director a la altura de sus historias. En esta ocasión, el actor David Hemmings se pone tras la cámara para contarnos una fábula de aventuras sobre el Yankee Zephyr, un avión de la 2ª G.M. que se perdió repletito de oro. El trío formado por Donald Pleasence, su hija (Lesley Ann Warren) y su socio (Ken Wahl) pretenden llegar al avión pero también lo pretenden un grupo de gángsters liderados por el señor Brown (George Peppard). Ente ellos, las imponentes montañas de Nueva Zelanda, hermosamente fotografiadas. El principal punto flaco de la película es la incapacidad del director para equilibrar los componentes cómicos y de acción de la historia. En este sentido, Hemmings se equivoca al rodar y al montar las escenas de acción, que resultan inverosímiles, ilógicas y un poco ridículas. Por su parte, el compositor australiano Brian May (no confundir con el guitarrista de Queen) vuelve a regalar al cine una BSO atractiva y bien orquestada en la que, incluso, hay algún que otro guiño al trabajo de Malcolm Arnold en El puente sobre el tío Kwai. Como curiosidad, en un papel secundario encontramos a Bruno Lawrence, el protagonista de ese pequeño clásico de la ciencia ficción austral que es El único superviviente. En definitiva, un entrañable pero imperfecto divertimento pre peterjacksonero.

viernes, 18 de mayo de 2012

20.000 leguas de viaje submarino

3.5*

Richard Fleischer, el director neoyorkino, consiguió mantener el espíritu de aventura y de curiosidad vital de la novela original en esta amena y gozosa producción Disney de 1954, rodada en CinemaScope, y donde la ficción científica y las reflexiones filosóficas se integran de manera natural en el desarrollo dramático de la acción sin, por ello, subordinarse a ella. Destaca la composición que del Capitán Nemo hace un inspirado James Mason, junto con el enérgico e indómito Kirk Douglas en el rol del arponero canadiense Ned Land. También sorprende muy agradablemente la actuación de Peter Lorre. Pero lo que realmente ha sobrevivido magníficamente bien al paso del tiempo es la exquisita producción artística (obra de los malogrados Harper Goff, John Meehan, Emile Kuri y Roland Hill), así como el diseño del submarino con el que Nemo surca y explora los océanos y los mares de la tierra, el Nautilus, según la pluma de Julio Verne. El complemento perfecto de esta historia sería La isla misteriosa, de Cy Endfield, o La ciudad sumergida, de Jacques Tourneur. Por su parte, David Fincher está preparando una versión con el título provisional de 20,000 Leagues Under the Sea: Captain Nemo.