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jueves, 6 de julio de 2017

Pánico en la residencia (Aka The Stay Awake)

2*
Uno de los slashers más curiosos y atmosféricos de finales de los ochenta, en parte gracias al carácter sobrenatural de todo el film (en la línea de El muñeco diabólico o de Shocker) pero también en parte a que se trata de una película sudafricana. Con claras influencias del Suspiria de Argento, John Bernard, el director, se marca un estupendo thriller de asesinatos sangrientos (que es, más menos, lo que quiere decir slasher), en el marco de un colegio europeo y católico para señoritas. La excusa argumental consiste en que un serial killer, “el ángel de las tinieblas”, es ajusticiado por la ley pero vuelve de la tumba para cobrarse su personal venganza. Mucha cámara subjetiva, una banda sonora apropiada a la trama, buena iluminación, un buen grupete de potenciales víctimas, buenos momentos atmosféricos, fuerzas del mal descontroladas y varios de los elementos del subgénero... Pero poco más… De hecho, la película puede defraudar por varias razones, incluyendo su extraño montaje y su deficitario guión, así como varios maquillajes y efectos... Atención, por cierto, a la escena del corazón volador o a las protagonizadas por el “monstruillo” de ojos rojos! ¡Tremendas! ¡“matadla”!
 

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Consejo de Guerra (Aka Breaker Morant)

4*

Es una lástima (por no decir una vergüenza) la enorme cantidad de películas que retratan la guerra como un fenómeno donde ocurren cosas honorables. La guerra es irracional, salvaje, movida por intereses mezquinos y muy cruel. Y esconder esta realidad solo se puede deber a una toma de postura ideológica, extremadamente conservadora, que tiende a perpetuar los valores implícitos en la forma de vida castrense y en sus falsos, hipócritas y contradictorios idealismos. En este caso, Beresford afila su cámara para denunciar todos estos aspectos sin complacencias ni coartadas y para componer un lamento, violento y desangrado, sobre cómo la guerra cambia a las personas, tal y como explica Craig Wilcox en Making Film and Television Histories: Australia and New Zealand. En definitiva, un thriller judicial, salpicado de escenas costumbristas de la vida en campaña y de la guerra de guerrillas, basado en un caso verídico que, a la postre, acaba resultando un poderoso alegato antibelicista y antimilitarista. Los retazos de la trama pueden rastearse en películas como Senderos de gloria, El caso Winslow, Motín del Caine o El sargento negro, con los que comparte intenciones y resultados, aunque la relación más evidente sería con la obra coetánea de Peter Weir, Gallipoli. El trabajo de Bruce Beresford con la puesta en escena, variada pero no recargada, así como el excelente y nada complaciente guión, elevan a este film como uno de los más elaborados de toda la carrera del director australiano.