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sábado, 15 de julio de 2017

Mis 5 imprescindibles de Enzo G. Castellari:


-       Los fríos ojos del miedo (1971).
-       El ciudadano se rebela (1974).
-       Keoma (1976).
-       Aquel maldito tren blindado (1978).
-       1990: los guerreros del Bronx (1982).

lunes, 10 de julio de 2017

Los ejecutores (Aka Street People)

3*

Dirigida por Maurizio Lucidi y Guglielmo Garroni, estamos ante un thriller simpático y macarra, a partes iguales, escrito a 17 manos (de ahí su cierta imprecisión) y rodado en la sede mundial del cine de persecuciones automovilísticas, San Francisco (Frisco, para los amigos más trasnochados), en la línea de los Harrys de Eastwood y del Bullit de McQueen. En la palestra, dando la cara, protagonizan un solventísimo Roger Moore y un barriobajero Stacy Keach, mientras que el gran Bakalov musicaliza la función de una forma muy apropiada. En definitiva, una joyita visual y narrativa, entre el cine de mafiosos, el poliziesco y el thriller USAmericano más convencional y comercial.

martes, 30 de mayo de 2017

Correo especial (Aka Special Delivery)

2.5*

Cuatro veteranos del Vietnam, con ciertas discapacidades producidas por la guerra, deciden atracar un banco porque no encuentran trabajo. Sin embargo, algo sale mal y deben huir, perseguidos por la policía. Uno de ellos, en su desesperación, esconderá parte del botín en una bolsa dentro de un buzón de correos, con tan mala fortuna que un camello local y una preciosa vecina serán testigos del hecho. Uno de esos thrillers setenteros sin mucho ego pero muy correctamente escrito, rodado, montado e interpretado (por la deliciosa Cibyll Shepherd y el icónico Bo Svenson). Además, la historia se sigue con mucho interés puesto que siempre está pasando algo y hay alguna que otra sorpresa, en la resolución de una escena, en una línea de diálogo, en la composición de algún plano. Finalmente, la música de Lalo Schifrin dosifica la acción convenientemente, insuflando a todo el producto un toque de clase y de swing funky. El final, eso sí, como un capítulo de Vacaciones en el mar.


jueves, 26 de enero de 2017

La otra alcoba

3*

Diana es una mujer hermosa que está casada con un intelectual tecnocrático que no la hace ni caso y que, además, es un poco cabizbajo en el tema sexual. Un día, cuando va a echar gasolina, se fija en un gasolinero, llamado Juan, que le hace dudar de la fidelidad de su matrimonio. Poco a poco, Diana y Juan comienzan un juego de la seducción en el que Eloy intenta retratar las clases sociales en la España de la primera transición. Y ello, como siempre, sin escamotear las pinceladas políticas, económicas, culturales y sociológicas, con la sabiduria habitual del director, tanto en los textos como en la puesta en escena. Los protagonistas son ese machoman sensible, sex symbol de la españa de los setenta y ochenta, que fue Patxi Andion y la eternamente bella Amparo Muñoz. A su alrededor, toda una flora y fauna de personalidades de la época (el marido cornudo, la novia que quiere ser una “maruja”, el jefe “toca-rodillas”, el amigo pudiente que te tira los tejos, los compañeros de trabajo juerguistas, etc.). hay algunas escenas que podrían haberse elaborado un poco más, algunos diálogos un tanto absurdos (como el de la ruptura) y algún actor a medio gas (como la novia de Juan) pero, en general, la película es un magnífico ejemplo de la clase de cine que era capaz de hacer su creador, basculando entre el drama y el cine quinqui, entre la comedia juvenil, el cine erótico y el melodrama. Al final, Eloy acaba soltando su típica bofetada a las élites patrias, al retratarlas como egoistas, aprovechadas, interesadas y faltas de empatía por los problemas de los demás. Es decir, Eloy rueda su particular versión de la obra maestra de Mankiewciz, La huella, como una denuncia del mundo que han dejado a los perdedores. Por cierto, del mismo palo, pueden visionarse Libertad provisional y Acto de posesión.

jueves, 15 de diciembre de 2016

Mis 5 imprescindibles del fotógrafo Michael Chapman:


-       Taxi Driver (1976).
-       La invasión de los ultracuerpos (1979).
-       Toro salvaje (1980).
-       Dispara a matar (1988).
-       El fugitivo (1993).

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Mis 5 imprescindibles de Jodie Foster (como actriz):


-       Taxi Driver (1976).
-       La muchacha del sendero (1976).
-       Acusados (1988).
-       Contact (1997).
-       La extraña que hay en ti (2007).

martes, 15 de noviembre de 2016

Mis 5 imprescindibles de Basilio Martín Patino:


-       Nueve cartas a Berta (1966).
-       Canciones para después de una guerra (1976).
-       Queridísimos verdugos (1978).
-       Los paraísos perdidos (1985).
-       Madrid (1987).

lunes, 31 de octubre de 2016

Ciudad quemada (Aka La ciutat cremada)

3.5*
 
A través de una familia burguesa de productores de cava, los Palau, Antonio Ribas intenta representar histórica y épicamente un momento especialmente convulso y conflictivo de la historia catalana: el momento que media entre el final del siglo XIX (con las pérdidas coloniales) y comienzos del XX (con la Semana Trágica). Es decir, el momento histórico en el que se gesta el catalanismo moderno, como ha señalado Antoni Rigol. Siguiendo la estela de obras como Novecento, de Bernardo Bertolucci, o La tierra de la gran promesa, de Andrzej Wajda , Ribas compone un amplísimo retablo histórico en el que intenta introducir las vidas, costumbres y pensamientos de los obreros, de los agricultores y del resto de trabajadores así como lo propio de las clases altas, propietarias y burguesas, todo ello en un marco político de luchas entre los intereses capitalistas y de clase de la burguesía y de la aristocracia y los incipientes movimientos sindicales, radicales y anti-clericales, con las campañas de Alejandro Lerroux a la cabeza. Y, para más INRI, intentando completar el retrato añadiendo todo la cuestión nacionalista (el “problema catalán”), republicana y anti-monárquica. Sorteando un rodaje repleto de problemas y contratiempos, y financiada mediante las aportaciones de unos 102 (o 132, según las fuentes) inversores, la obra tuvo una enorme acogida en la Cataluña de su estreno, llegando a ganar distintos premios cinematográficos, como en Montreal o el del Filme Ibérico y Latinoamericano. 

miércoles, 31 de agosto de 2016

Asalto a la comisaría del distrito 13 (Aka Assault on Precint 13)

3.5*

Homenaje cinéfilo y también cinéfago a la figura y a la obra del gran Howard Hawks, desde Río Rojo a El enigma de otro mundo, aunque, en particular, es una reverencia a Río Bravo, si bien con la forma de un thriller urbano, casi de terror. Una especie de respuesta a la pesimista La noche de los muertos vivientes, con un final feliz y con un contenido y un continente claramente Westernianos. Napoleón Wilson (Darwin Joston) es un preso de máxima seguridad que debe pasar la noche en una comisaria, en pleno proceso de traslado, de un conflictivo suburbio del mastodóntico Los Ángeles. Esa misma noche, toda la comisaria es asaltada por una oscura y siniestra gang multicultural que se comporta casi como una horda de zombies. Frente a ella, los habitantes de la comisaria deberán unirse para hacer frente al extraño e inexplicable ataque. Carpenter pulsa con precisión varios de los resortes del cine de suspense, mediante una planificación y un montaje acertadísimos, donde solo se muestra en pantalla todo aquello que ayuda a crear ese clima de opresión y angustia que es la característica fundamental del film. Además, Carpenter hace jugar el juego de la individualidad a los personajes para, luego, unirlos en un acto de solidaridad y trabajo en equipo, que es la marca de la casa del cine de Hawks. Por otro lado, la ambientación, que recuerda a esos productos barriobajeros y proto neo conservadores (tipo El justiciero de la ciudad o distintas partes de Harry el sucio), subraya el ambiente degradado y siniestro de la historia. La BSO, del propio Carpenter, puntualiza con acierto los tonos sombríos de la epopeya. Una película propia de la irredenta década de los setenta a más no poder, carta de presentación de su admirado autor y que ya ostenta el sello distintivo del director de Carthage: ese nihilismo pesimista y fraternal que, de puro duro, termina por hacerse imparcial.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Mis 5 imprescindibles de Sean Connery:


-       James Bond contra Goldfinger (1964).
-       La tienda roja (1969).
-       La ofensa (1973).
-       Robin y Marian (1976).
-       El nombre de la rosa (1986).

lunes, 9 de noviembre de 2015

Harlan County U.S.A.

4*

En 1977, en la ceremonia de los Oscar, la actriz Jane Fonda presentó al público a la legendaria escritora y guionista blacklisted Lillian Hellman. Delante de las gradas del Dorothy Chandler Pavilion, la autora de The Children’s Hour, Little Foxes o La jauría humana presentó el ganador del premio de la Academia al mejor documental. La ganadora fue una jovencísima Barbara Kopple. Los discursos de las tres mujeres son excepcionales, especialmente el de Hellman. Pero el discurso visual por el que Kopple ganó el Oscar sigue en la memoria sentimental de todos los espectadores que hayan visto este honesto documental sobre una larguísima huelga minera, ocurrida en el condado de Harlan, en Kentucky (en la línea de La sal de la tierra o Matewan). Joder, parece una película de ficción pero es un puto documental. De hecho, es una película grabada durante y enfrente de los acontecimientos que retrata y que, por tanto, lanza a la retina de quien la ve la verdad que está ahí delante. Y ello sin renunciar al papel que le corresponde al director: seleccionar los hechos, los participantes, los testigos, los diálogos, las imágenes. Seleccionar todas aquellas cuestiones que van a componer una estructura (en este caso, narrativa y) ficcional, que impone un significado a los hechos. Para ello, Kopple toma partido por un punto de vista, naturalmente, y se compromete con su visión de los hechos (de hecho, el equipo de rodaje vivió y comió con los mineros en huelga). Aunque no silencia las razones y las acciones del otro punto de vista. Pero claro, habrá quien opine que el significado del film, en este caso, está condicionado por la postura de los mineros. Como si el sentido de un acontecimiento no dependiera de a quién se le da la razón. También podría grabarse un documental desde el punto de vista de los capitalistas dueños de la mina. O desde el punto de vista de los matones a sueldo, que son los que intentan reventar strikes y los que asesinan a los huelguistas. Pero entonces, la verdad se hubiera prostituido por ponerse al lado del dinero. Como se pregunta John W. Hevener, “which side are you on?”, a propósito de The Harlan County Coal Miners.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Canoa

3*

Casi siguiendo la estructura de un documental (donde se van preparando, poco a poco, paso a paso, los acontecimientos finales de una tragedia rural), el director Felipe Cazals va presentando a los distintos actores de un acontecimiento real que tuvo lugar en el estado mexicano de Puebla, en los años sesenta: un pueblo ignorante y violento (manejado con puño de hierro por la Iglesia católica, igualmente ignorante y violenta), aniquila a un grupo de estudiantes a los que se confunde con peligrosos “comunistas”. Y lo hace con inusitada crueldad, saña y salvajismo, al grito de “Cristianismo sí, comunismo no” (sic). Las últimas escenas del film se sienten duras, descarnadas, quedan grabadas en la memoria del espectador, que no puede huir del presente con esas típicas películas nostálgicas o escapistas que atiborran los multicines de todo el mundo. Canoa obliga al espectador a quedarse en su presente más doloroso y recompensa su morbo con una explicitación del horror más cotidiano: ese que nace del sometimiento religioso y de la opresión política y va dirigido contra lo diferente, contra lo extraño, contra lo que Lévinas llamaría “El Otro”. Aunque, en realidad, ni lo sea ni lo pueda ser. Una multipremiada versión naturalista y descarnada del clásico del cine gore 2.000 maníacos, con la fuerza de lo que parece estar registrado por un noticiario de la TV y por un equipo de reporteros. De hecho, la película va dividiéndose en segmentos, acompañados con fotogramas explicativos, imágenes documentales, monólogos de los propios actores y comentarios de un ficticio habitante del pueblo protagonista, San Miguel Canoa, en las faldas de La Malinche. Una tragedia rural, una especie de “negro corrido”, que te alerta de la crueldad a la que pueden llegar tus convecinos.