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martes, 15 de noviembre de 2016

El gran silencio (Aka Il grande silenzio)

3.5*

En Snow Hill, un pueblo helado de las montañas de Utah, la ley no está del lado de la gente corriente, ni de los trabajadores. Por eso, los bountykillers, un gunfighter, varios outlaws y los sheriffs campan a sus anchas. Sergio Corbucci abandona el embarrado y desértico ambiente específico del Euro Western para rodar un insólito y personalísimo film, ambientado en las montañas nevadas y con el protagonismo de un Jean-Louis Trintignant que, traumatizado física y emocionalmente por un hecho acaecido en el pasado, arrastra la muerte consigo. Y el silencio. Un silencio mudo que tiene un personal código de matar. El sanguinario guión está salpicado de elementos subversivos y despiadadas críticas al capitalismo, de diálogos repletos de sentencias lapidarias, de supervivencia nevada y de una característica historia de venganzas y ritmos de muerte, todo lo cual termina de redondear uno de los Westerns Mediterráneos más idiosincrásicos del género, fuente de inspiración de otras variadas producciones (como Los Odiosos 8), y de un aliento anti heróico realmente insólito. Como puntos en su contra, hay que mencionar el horrible doblaje que tiene la versión en castellano, algunos problemas de raccord (momentos en los que nieva en una parte del pueblo y no nieva dos calles más allá), fallos de montaje (sobre todo en escenas encadenadas de interior) y errores de casting (Frak Wolff no era, quizás, la persona más indicada para su papel). Morricone y Kinski, por su parte, marcan la pieza con su hierro candente y humeante, mientras que Vonetta McGee pone la nota de color, erotismo y belleza. 

viernes, 16 de septiembre de 2016

Danza macabra

3*

Anthony Dawson (seudónimo de Antonio Margheriti) dirige esta dignísima película gótica a la italiana, en la estela de La máscara del demonio o Los vámpiros. Además, la premisa argumental no puede ser más atractiva. Un periodista de The Times se reune con Edgar Allan Poe en una taverna de Londres para entrevistarle. Por su parte, un amigo del escritor le propone una apuesta: si consigue pasar la noche de difuntos en la mansión de los Blackwood, recibirá una interesante cantidad de dinero. El periodista acepta la apuesta, lo que le supondrá vivir la noche más extraña y peligrosa de su vida. Margheriti acierta en el uso del blanco y negro expresionista así como de la música, creando una pequeña joya del cine fantaterrorífico italiano, con la presencia ineludible, por tanto, de la gran Barbara Steele. En 1971, el mismo director estrenaría La horrible noche del baile de los muertos, un remake en technochrome y que cuenta con la inestimable colaboración de Klaus Kinski en el papel de Poe.

jueves, 17 de enero de 2013

Django Unchained (Aka Django desencadenado)

3.5*

Como decía David Bordwell, después de ver una película, la gente tiene la costumbre de hablar sobre ella. Y, si se ha visto en grupo, normalmente se continúa con un debate sobre las virtudes y los errores de la película en cuestión. Evidentemente, en el caso de la última película de Quentin Tarantino, el debate sigue abierto y las razones para ensalzarla o para criticarla todavía se esgrimen entre entendidos o entre simples espectadores. Y no es para menos. Django Unchained tiene la suficiente sustancia filosófica y moral para suscitar todo tipo de discusiones. El guión, escrito por el propio Tarantino, se sumerge con audacia pero sin frivolidad en el USAmericano y esclavista Sur de finales del siglo XIX para contarnos una historia de venganzas con pretensiones míticas. La historia, llena de acción, diálogos ingeniosos, humor, violencia de videojuego, varias interpretaciones memorables y diversos giros dramáticos, se sostiene sobre una labor de dirección y de montaje apabullante. Se nota que The Weinstein Company se vuelve a jugar el resto. Sin embargo, una vez más, son los aspectos fílmicos y visuales los que destacan especialmente (por ejemplo, la imagen de sangre salpicando el algodón posee una fuerza poética arrolladora). De hecho, la cinefilia del director de Tennessee, en concreto, aflora por cada poro de la película, enlazando Western europeo (Sergio Corbucci), Western blaxploitation (Fredd Williamson), mondo (Adiós tío Tom) y elementos del subgénero Southern (a la cabeza del cual podría estar El seductor, una de las obras maestras de Don Siegel) en un todo absolutamente disfrutable aunque, a la postre, no del todo satisfactorio. En el sentido de que, aunque Tarantino apunte alto, no consigue sorprender como lo hizo con Pulp Fiction, donde el contenido de la forma estaba más pulido, era más cotidiano y, por tanto, el producto final era más convincente. En todo caso, como segunda parte de una trilogia que podría comenzar con Malditos bastardos, resulta una gozosa y muy tarantiniana parodia, convenientemente apostmodernada, a diferencia de su Jackie Brown, en la cual la valentía artística de Quentin terminó por imponerse frente a la simple repetición de su exitoso estilo previo. 




martes, 4 de septiembre de 2012

Django

3*
 
Adelantándose a la violencia crepuscular del Grupo Salvaje de Peckinpah y en la línea del estilo sobrio y sucio de Leone, Sergio Corbucci (el "segundo Sergio") hace una lasca en el Colt del Western europeo con la historia de Django (Franco Nero), un ex soldado yanqui que vive arrastrando un ataúd en el que enterrar su violento pasado. A su alrededor, dos bandas enfrentadas -los racistas sureños capitaneados por el Mayor Jackson (Eduardo Fajardo) y los revolucionarios de Hugo Hernández (José Bódalo)-, y una hermosa y apaleada mujer, María (Loredana Nusciak). Django pretende vengarse (la eterna historia de mil y un Westerns) y, de paso, liberar al pueblo donde se están refugiando, por turnos, todos estos personajes. La situación, por tanto, recuerda ligeramente a Yojimbo. Corbucci filma una película descarnada, violenta y embarrada (como la moral de gatillo fácil de todos y cada uno de los personajes de la historia), con su característico estilo, un estilo que sería fagocitado y exagerado en otros films posteriores, como Keoma. La BSO, del argentino Luis Bacalov, utiliza atmósferas y motivos creados por Ennio Morricone, presentes en la mente de los espectadores. Por último, multitud de directores han copiado y recreado escenas de la película, como Quentin Tarantino en Reservoir Dogs.