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sábado, 4 de octubre de 2014

De repente la oscuridad (Aka And Soon the Darkness)

3*
El director inglés Robert Fuest filma un admirable psycho thriller en la campiña francesa. El argumento gira en torno a la desaparición de una joven que se encuentra recorriendo en bicicleta con una amiga auya una setentera zona rural de Francia. Una de las películas de terror más sorprendentes de toda la producción británica de la época, tanto por estar rodada en el país galo como por la estimulante mezcolanza de temas y motivos que propone, a medio camino entre las producciones de Claude Chabrol y de Alfred Hitchcock. La puesta en escena es minuciosa e inquietante, plenamente al servicio del suspense y la ambigüedad que va creando el desarrollo de la historia la cual, a su vez, va abriendo el espectro de personajes y posibles sospechosos. En todo caso, Fuest delimita la topografía del film de una forma muy precisa mediante la repetición de encuadres y localizaciones. Con ello se consigue que el espectador se introduzca en el misterio, poco a poco, y decida jugar al whodunit que propone. La BSO original, salvo el tema de créditos, juega su papel de una forma muy apropiada: subrayando y destacando el clima festivo del comienzo así como el clima de sospecha, disimulo y peligro posterior. Los actores, por su parte, cumplen a la perfección con los objetivos del guión con lo que, sumado con lo anterior, el público tiene asegurado un jeroglífico apetitoso durante toda la función. Se ha realizado un remake reciente de muy inferior interés, por cierto.


jueves, 14 de febrero de 2013

El abominable doctor Phibes

3.5*
Edgar Allan Poe no fue el primero en contar historias de amor interrumpidas por la muerte de una mujer y, por lo tanto, de un amor más allá de la muerte. Sin embargo, fue uno de los más convincentes, como lo demuestran sus variaciones sobre el tema en La caída de la casa Usher, Ligeia o Morella. O en El cuervo. Textos oníricos, macabros y simbólicos a partes iguales, como podría decir Edmund Wilson. Y es que el propio Poe consideraba que no hay nada más sublime para el arte poético que la muerte de una mujer hermosa. Sobre esta tradición, Robert Fuest nos regala uno de sus mejores films. Vincent Price interpreta al desfigurado Doctor Phibes quien, tras el fallecimiento de su bella esposa, pretende vengarse de los médicos responsables de su muerte. Para ello, sigue el esquema de las 10 maldiciones de la tradición bíblica (lo que supone un auténtico antecedente para los psicokillers actuales tipo Sev7n), con maníaca precisión y originales métodos. Frente a él, Scotland Yard y un tal doctor Veselius, interpretado por Joseph Cotten. La película cuenta con un diseño de producción y unos decorados absolutamente retro pulp pero de una belleza cautivadora. Por otro lado, el Doctor Phibes es abominable, ciertamente, pero también es un hombre enamorado, romántico hasta la médula y que, para más inri, toca el órgano en esa rancia tradición de outsiders sociales como el Capitán Nemo. Por curiosidad, se podría especular sobre la influencia de El fantasma de la Ópera y de Los crímenes del museo de cera y, a su vez, sobre la proyección en El fantasma del Paraíso. En todo caso, al año siguiente (en 1972), el mismo director rodaría una secuela.