Mostrando entradas con la etiqueta Harvey Keitel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Harvey Keitel. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de mayo de 2016

Saturno 3 (Aka Saturn 3)

2*

Tras el éxito de Naves misteriosas, Star Wars, Alien, el 8º pasajero y otros films de ciencia ficción, Stanley Donen recibió el encargo de rodar una historia ambientada en un laboratorio experimental en una luna de Saturno, donde se intenta producir “cultivos hidropónicos” para socorrer el hambre de la Tierra. ¿Ein? El argumento, rocambolesco y absurdo, se centra en los intentos, un poco inexplicables, que lleva a cabo un despiadado capitán que pretende poner en marcha un robot que (tampoco se sabe muy bien por qué, salvo porque su creador, por “infiltración cerebral”, es un asesino) decidirá atacar a los dos científicos (amantes, para más señas) que viven en la estación saturniana (Kirk Douglas y Farrah Fawcett). Donen firma una película que tiene dinero, que tiene ciertos aciertos y algunos buenos diseños pero que deja en el espectador una sensación de “WTF?”, ya que varias escenas, varios diálogos y varios giros de guión son de lo más chorralaires. De hecho, el diseño del robot asesino, una especie de Terminator inteligente e “indestructible”, produce un poco de sonrojo debido a su diminuta cabeza (en algunos planos, además, recuerda un poco el rostro de “jigsaw”). Los 3 actores protagonistas, para terminar, tampoco es que brillen especialmente en esta decepcionante entrega de cutre ficción made in England. Tres curiosidades finales: el guionista fue, nada menos, que Martin Amis. Una idea que aparece en la cinta podría ser el antecedente directo de una de las más interesantes proezas visuales de Ghost in the Shell y, por extensión, de Matrix. ¡Ahh, por cierto!: a papa Douglas se le ve el culete. 

lunes, 22 de febrero de 2016

Contratiempo (Aka Bad Timing)

3.5*

Extraordinaria disección de pareja, llevada a la pantalla con el habitual talento estético de Nicolas Roeg y con la sabiduría de quien sabe de lo que habla. Asimismo, la película está construida mediante una estructura narrativa tan compleja como fascinante, en la línea del Dead Certainties de Simon Schama: una mezcla de recuerdos personales, realidad contrastada e investigación policial, que desarrolla una historia tan sofisticada como ruda, lo que es subrayado por etéreos contrastes irónicos, como el que forman los cuadros de Gustav Klimt y de Egon Schiele de los títulos de crédito, por ejemplo, o, más sofisticadamente, el que sugiere la música de Keith Jarrett y de Tom Waits (y de los The Who, por cierto). Las concesiones a la época (esos zooms, esa obsesión por el psicoanálisis, el famoso colour test) no hacen sino ayudar a contextualizar un film que, por otro lado, trasciende su momento y se hace atemporal aunque, de hecho, ya fue adelantado a su tiempo, como la propia Viena de Freud, Schnitzler y Hofmannsthal, tal y como nos han enseñado Carl Schorske, Peter Gay, Stephen Toulmin o el Josep Casals de Afinidades vienesas. Una obra fascinante que, hasta cierto punto, supone un regreso a ese mundo emocional e intelectual que ha obsesionado a otros muchos creadores, como el Ken Russell del biopic sobre Mahler. Fascinante la interpretación de Theresa Russell y de Harvey Keitel; sorprendente la estampa de Art Garfunkel y de Denholm Elliott.

martes, 12 de junio de 2012

Taxi Driver

5*

Travis Bickle (Robert de Niro), un veterano de la Guerra de Vietnam, sobrevive en la jungla neoyorkina trabajando como taxista nocturno. Es un hombre traumatizado, simple, sin gustos definidos y está asqueado de todo cuanto le rodea, especialmente de la degradación ética de los detritos urbanos. Necesita un cambio en su vida o, mejor, un objetivo que le otorgue sentido. Lo encontrará al proponerse liberar a Iris, una jovencísima prostituta interpretada por Jodie Foster, que trabaja para Sport (Harvey Keitel), un proxeneta sin escrúpulos. Taxi Driver es, sin duda alguna, la obra maestra del director italoamericano Martin Scorsese (seguida de cerca por Toro salvaje y Uno de los nuestros), filmada con un gusto exquisito, alejada de las estridencias posteriores de su filmografía, y con una magnífica BSO de Bernard Hermann, que se fusiona magníficamente con las imágenes. Además, la película cuenta con una estupenda galería de secundarios (Albert Brooks, Cybill Shepherd, Peter Boyle) así como con una absolutamente genial interpretación de Robert de Niro. Un film sobre el aislamiento y la soledad de la vida contemporánea en una megaciudad, ya explorada por el Edgar Allan Poe de El hombre de la multitud. En este caso es un taxista pero podríamos ser cualquiera de nosotros. La narración desemboca en un bizarro e hiper violento climax final, muy apropiado a las obsesiones e intenciones redentoras habituales del guionista, Paul Schrader, así como al espíritu global de la historia.






domingo, 4 de diciembre de 2011

Reservoir Dogs

3.5*


En 1992, Quentin Tarantino ofrecía su tarjeta de presentación al público mundial, rodada en poco más de un mes. Lo que iba a ser una película más del floreciente cine independiente usamericano, se transformó rápidamente en una auténtica película de culto, con una enorme influencia en el cine posterior. Las razones: la intervención inestimable de Harvey Keitel como promotor y como protagonista del film, por un lado, y una visión personalísima, idiosincrática, de hacer cine basándose en el mismo cine, por el otro. Además, el paso triunfal por varios festivales de cine durante los años 1992-1993, que adjudicaron un mediático aval a la calidad y originalidad del producto. Sobre la base de una cinefilia impenitente (pulida gracias a su trabajo en el mega videoclub Video Archives, de Manhattan Beach), Quentin Tarantino presentó, con esta imperfecta película de serie negra, las características fundamentales de lo que se transformaría en la marca registrada de la casa: una deconstrucción narrativa al servicio, paradójicamente, de una visión tradicional de la trama; el saqueo permanente de recursos cinematográficos ajenos (en este caso, de Sergio Corbucci, por ejemplo); un respeto incondicional por el cine de género a base de intentar trascender sus propios límites; homenajes intertextuales constantes a la historia del cine; el diálogo constructivo entre las imágenes y la BSO (compuesta, en su mayor parte, por canciones elegidas por el propio director); una exquisita intuición para la selección y para la dirección de actores; una elegante e irreverente concepción del guión, con unos diálogos realmente convincentes, a consta de parecer muchas veces insignificantes e, incluso, ridículos; y, por encima de todo, una visión icónica del lenguaje y de la puesta en escena fílmicos, que transforma el visionado de sus películas en una experiencia pulp además de cool. Para sublimar y enmascarar todas estas características, respectivamente, Tarantino rodaría, años después, sus dos postmoclásicas obras maestras, Pulp Fiction y Jackie Brown.