No es exactamente un Western. Es,
más bien, un western histórico, nada
menos, ambientado en esa compleja y extrañísima revolución mexicana, que tan querida
fue para el llorado Ambrose Bierce, tal y como cuenta Carlos Fuentes en su
novela sobre el gringo viejo. Estamos ante la segunda parte de la segunda
trilogía que compone la filmografía de su admirado creador y ante todo un canto
nostálgico a las propias ideas marxistas de su director, Sergio Leone. En el
reparto, dos caras conocidas, James Coburn y Rod Steiger, asombrosamente
fagocitados por sus personajes. En pantalla, una historia compleja sobre la
traición (sujeto típico del género), sobre todo tipo de traiciones, narrada en
dos líneas temporales (una de ellas meidnate flashbacks), y replea de ideales sociales y de escenas de lucha
política. En el plano del significado, la elección de Villegas es la idea
principal del film: solo cuando se
cree realmente en la justicia y en la igualdad, uno está dispuesto a morir. Como
corolario, Leone desliza un “segundo beso” al final de la película. Una obra
mutilada hasta la extenuación pero que, aún así, conserva todo su explosivo poder
de atracción. Por cierto, en la partitura alterna varios motivos musicales,
compuestos por el gran Ennio Morricone, entre épicos, románticos y dramáticos. Y
como curiosidad, hay un corte que luego sería remodelado y actualizado por el
propio compositor para su maravillosa soundtrack
de Los intocables de Eliott Ness.
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martes, 28 de febrero de 2017
¡Agáchate, maldito! (Aka Giù la testa)
3.5*
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lunes, 28 de abril de 2014
El luchador (Aka Hard Times)
3*
El luchador no es una más de las películas sobre boxeo, ni sobre la
lucha por la vida, ni sobre la Gran Depresión. Ni siquiera es una película más
de Charles Bronson. Es una meritoria recreación del ambiente de miseria y supervivencia de la Gran Depresión usamericana, un mundo en el que alternan los
perdedores y los aprovechados. La película fue dirigida con acierto y humildad
por un debutante Walter Hill. Chaney (Charles Bronson), un misterioso luchador
parco en palabras, ofrece sus puños a Speed (James Coburn), un sinvergüenza
promotor de peleas ilegales, con la intención de ganar un poco de dinero y
desaparecer. Pero las cosas se complican y Cheney tendrá que sacar lo mejor de
sí mismo para intentar resolver los entuertos. Ambientada en Nueva Orleans, Hard Times se enriquece con breves
homenajes a la música del Delta, una de las obsesiones del director de Long
Beach. Excelente composición de Strother Martin y montaje del luego director
Roger Spottiswoode. El club de la lucha
rendirá un pequeño tributo a esta historia, así como alguna de las producciones
de Clint Eastwood, ya que el film exhuma un extraño parecido narrativo con el Western.
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