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jueves, 9 de junio de 2016

Contrato en Marsella (Aka The Marseille Contract)

3*

Aceptable thriller de acción sobre el mundo de la droga en Marsella, rodado con gusto y elegancia por un jubilado Robert Parrish y con la presencia de los siempre estupendos James Mason, Michael Caine y Anthony Quinn. El argumento sigue los elementos canónicos del género (el papel de las élites en el tráfico de drogas, la complicidad policial, la labor de los asesinos a sueldo para que nadie “de bien” se manche las manos, la heroicidad del hombre incorrupto, etc.) pero los dota de una singularidad especial, gracias a una dirección sobria pero que no renuncia a las pinceladas artísticas (con el color, con la iluminación) y con elegantes y fluidos movimientos de cámara. En este sentido, Parrish deja su impronta, por ejemplo, en algunas secuencias muy inteligentemente enlazadas, como la de la furgoneta y el tren. Se nota que el director consiguió un Oscar al mejor montaje por la excelente versión de Cuerpo y alma del tándem Rossen-Polonsky, en 1947.

viernes, 29 de agosto de 2014

El sabor del miedo (Aka Taste of Fear)

3*

Después de 10 años, Penny Apleby, postrada en una silla de ruedas, regresa a casa de su padre, un inmensamente rico hombre de negocios. Sin embargo, desde la primera noche, comienzan a sucederse extraños y horribles sucesos que pondrán en riesgo la salud mental de Penny. Susan Strasberg, la hijísima del gran Lee Strasberg, es la protagonista de este thriller psicológico a mitad de camino entre Luz de gas, Sombras acusadoras y Psicosis con algún que otro elemento proveniente del cine de Losey, por mor del guionista. Lo curioso del film es que detrás está Michael Carreras, el legendario productor de la mítica Hammer. En la columna del haber hay que anotar la trama, francamente sorprendente, escrita por el todoterreno Jimmy Sangster; las interpretaciones, más que solventes, incluida la de Christopher Lee; la fotografía, de ese grandísimo operador que fue Douglas Slocombe y del que casi nadie se acuerda; una puesta en escena sutil como pocas; y el paranoico clima final. En su debe, sin embargo, hay que apuntar un cierto enrevesamiento argumental; alguna escena pillada por los pelos (como la de la búsqueda en la piscina); y la escena del comienzo, que da una pista bastante buena, si se sabe seguir. Del mismo director, el inglés Seth Holt, convendría rescatar su magnífica A merced del odio, con Bette Davies, estrenada solo cuatro años después (1965).

lunes, 11 de agosto de 2014

Indiana Jones en busca del Arca perdida (Aka Indiana Jones: Raiders of the Lost Ark)

3.5*

Producción de bajo presupuesto que Steven Spielberg transforma en un blockbuster Hollywoodiense en toda regla, llevando a las salas de todo el mundo un refrito de varias historias de aventuras, especialmente de seriales de TV de los cuarenta y cincuenta (Secret Service in Darkest Africa), de Las minas del Rey Salomón, de la película francesa El hombre de río y de El secreto de los Incas. De hecho, el propio personaje de Indiana Jones tiene en el papel de Charlon Heston un evidente antecedente y no solo por la forma de vestir o por su personalidad dual (profesor de día, arqueólogo/aventurero de noche). En todo caso, conviene recordar que la imagen final de “Indi” se debe al diseño visual de Jim Steranko. Además, Spielberg cita/copia mil y un planos, escenas y encuadres de otras películas de aventuras, transformano así En busca del Arca perdida en una película cinéfila en la que la única novedad de relieve es la introducción de las pasiones esotéricas y ocultistas de los nazis, siguiendo las obras de Jacques Bergier y otros pícaros. Más allá de las censuras y reprensiones de esta PastillaCrítica, estamos ante una obra icónica y un éxito comercial sin precedentes, que daría pié a tres secuelas más y que está excelentemente rodada y montada. Igualmente, despliega una fotografía grandiosa del gran Douglas Slocombe. Por cierto, en Indiana Jones y el templo maldito, la primera continuación de esta película, Spielberg también copiaría una escena mítica de otro film, El legado del diablo, donde un cuasi zombie R.G. Armstrong extrae un corazón palpitante en una truculenta y satánica orgía de venganza.

martes, 21 de mayo de 2013

El león en invierno

4*

A finales del siglo XII (1183), Enrique II (Peter O’Toole), que tiene a su mujer Leonor de Aquitania (Katharine Hepburn) encerrada en el Castillo de Salisbury y a sus tres hijos desperdigados por sus posesiones, decide citar a los cuatro para comunicarles quién será su heredero. Para ello, traslada la Corte a Chinón en Navidad y comienza la negociación, una negociación llena de complots, subterfugios y traiciones, una negociación que tiene que desarrollar con su mujer, con sus hijos (Richard, Geoffrey y John), con el Rey de Francia, Felipe II (Timothy Dalton), y con la amante real, Anais (la hermana de Felipe II). Una película con un guión excelente y maravillosamente interpretada pero que puede pecar de elementos literarios e incluso teatrales (esos elementos que no solamente no estorbaron sino que perfeccionaron El nombre de la rosa, esos elementos que contrastan con la verosimilitud con la que se representa la época en que se desarrolla la historia: el medievo). Visualmente, el film no está a la altura de su sofisticación y sutileza intelectuales pero tampoco escora en la puesta en escena, en la iluminación o en la ambientación. La película toca casi todos los temas importantes (el poder, el amor, el sexo, el tiempo, la guerra, la familia, el juego, etc.), en una historia repleta de ambiciones y engaños que recuerda a la trama de El Rey Lear y de Macbeth y que supone un eslabón más en la obsesión humana (una cadena, en verdad) por representar la historia de las élites dejando a un lado la historia del resto de la humanidad. Y es que, como decía Adam Smith, “esta disposición a admirar, y casi a idolatrar, a los ricos y poderosos, y a despreciar o, como mínimo, ignorar a las personas pobres y de condición humilde [...] es la principal y más extendida causa de corrupción de nuestros sentimientos morales". Por cierto, hay una versión más moderna, interpretada por Glenn Close y Patrick Stewart.



jueves, 28 de marzo de 2013

Amor entre ruinas

3.5*

Nostálgica y, a la vez, ácida representación de las frustraciones que arrastra una vida de amores no correspondidos así como del poso que deja en la vejez. George Cukor se pone detrás de la cámara para rodar un intenso tour de force entre unos avejentados Laurence Olivier y Katherine Hepburn, en el primero de los dos largometrajes para televisión rodados por el gran director neoyorkino en el final de su magnífica carrera. Toda la función se sostiene sobre las poderosas interpretaciones de ambos divos así como sobre un magnífico guión, obra de James Costigan, pletórico de penetración, ingenio y sabiduría y que casa a la perfección con las múltiples y acertadas referencias literarias que salpican los diálogos (de Shakespeare a Dryden pasando por Browning y Stevenson). La radiante fotografía de Douglas Slocombe, la generosa producción, la BSO de John Barry y la ligera puesta en escena terminan de redondear este drama romántico aunque con final feliz, diseñado para recobrar la confianza en el amor. Como dirían los cronistas de la vida social del medio, que copan los mass media en lugar de los críticos honestos, Amor entre ruinas es, nada menos, a bitterswett nostalgic comedy.


viernes, 21 de octubre de 2011

El Gran Gatsby

3*

Si hay una frase que actúe como leitmotiv de toda esta historia, sería la que Daisy (Mia Farrow) le espeta a Robert Redford (Gatsby), mitad abatida mitad jactanciosa: "las chicas ricas no se casan con chicos pobres". En 1925, Francis Scott Fitgerald publicó su obra maestra, una descorazonadora y exquisita narración sobre la vida social de las clases altas y su vacuidad así como, principalmente, sobre la atracción que una de sus más frívolas maniquíes ejerce sobre un self-made man, el protagonista Jay Gatsby, que sufre la crueldad y el desdén de un mundo al que no pertenece. Sobre esta historia se han realizado cuatro versiones cinematográficas, siendo ésta la mejor de ellas. Francis Ford Coppola construyó un guión espléndido -sobre un borrador de Truman Capote-, que recogía lo mejor de la novela, tanto argumental como idiomáticamente, y desarrollaba casi todos los pormenores de la trama. Por su parte, Jack Clayton dirigía con detenimiento y esplendor uno de sus mejores trabajos, con una meticulosa y exhuberante dirección artística, una fotografía bien contrastada de Douglas Slocombe -que ya había ejercitado el retrato de la riqueza en The Servent, de Joseph Losey-, y una BSO que casi ni se nota, salvo en las múltiples fiestas que salpican el metraje. Hay quienes dicen que la película aburre, hay quienes dicen que la película es romántica... Ambos se equivocan.