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sábado, 30 de abril de 2016

Mis 5 imprescindibles de Dustin Hoffman:


-       El graduado (1967).
-       Lenny (1974).
-       Tootsie (1982).
-       Muerte de un viajante (1985).
-       Agu Trot de Roald Dahl (2015).

lunes, 23 de febrero de 2015

Pequeño gran hombre (Aka Little Big Man)

3.5*

Western realmente atípico, rodado por Arthur Penn a mitad de su carrera y con una portentosa interpretación de Dustin Hoffman en el papel de Jack Crabb, único superviviente de Little Big Horn. La película comienza con los recuerdos del propio Crabb, a los 121 años de edad (por cierto, su maquillaje como anciano recuerda a uno posterior, en La matanza de Texas), lo cual ya induce al espectador a relajar su exigencia de verosimilitud y/o realismo respecto de todo el flash-back en que consiste la película. De hecho, el film entero es una fabula satírica, no exenta de nostalgia, sobre la conquista del Far West, por parte del hombre blanco y a costa de los distintos pueblos indios, con los que se colisiona de una forma desigual e inexorable. El argumento está estructurado sobre distintos sketchs (más o menos autosuficientes, aunque finalmente relacionados), en los que el protagonista va personificando distintos oficios (desde indio a trampero, pasando por pistolero o borracho), va conociendo distintos personajes y va visitando distintas batallas famosas. La moraleja de la historia es que el hombre blanco no es propiamente un “ser humano”, de lo cruel y destructivo que se comporta. Precisamente por esto, quizás, podemos explicar el casi olvido al que se ha sometido a esta producción, basada en una magnífica novela de Thomas Berger (publicada en castellano por la insigne editorial Valdemar). En definitiva, una película hermosa por dentro y por fuera, con uno de los mensajes más poderosos que se puedan ver en el cine contra la forma de vida (violenta, arbitraria, obsesiva) del hombre blanco, aun con todos sus premios Nobel de la Paz, todas sus ONGs y todas sus creaciones artísticas, científicas y filosóficas.

jueves, 27 de febrero de 2014

Perros de paja (Aka Straw Dogs)

3*

En esa línea de cine controvertido que le hizo famoso entre la década de los sesenta y setenta, Sam Peckinpah adapta para la pantalla una novela de Gordon Williams, a la que le añade escenas de contenido sexual y mucha violencia, lo que causó no pocos problemas a la distribución de la película (especialmente con la British Board of Film Censors, BBFC). La historia es de una simplicidad aplastante, en la misma medida que las pasiones y razones que mueven a los personajes: una pareja se traslada a vivir a una zona rural de Inglaterra (Cornualles), donde pronto comenzarán a sufrir el acoso y las humillaciones de parte de sus vecinos. Los dos personajes protagonistas (interpretados por Susan George y Dustin Hoffman) precipitan con sus actitudes celosas y ambiguas algunas de las situaciones, a lo que hay que añadir el comportamiento pusilánime de Hoffman y la limitación intelectual de George, así como la falta de recursos emocionales de ambos. Por otro lado, el estallido de violencia final no consigue convencer al espectador aunque la música de Fielding sí que consigue crear ese apropiado ambiente de claustrofobia y tensión mediante un adecuado uso del timbre y la orquestación, como sugiere Salvador Batlle. La historia ha conocido alguna que otra adaptación (como La violencia del sexo), así como un mediocre remake, dirigido en 2011 por Rod Lurie (el autor de la interesante Nothing but the Truth). 




jueves, 27 de octubre de 2011

Libertad condicional

3.5*

Desde El buscavidas a Bajo el peso de la ley, el cine usamericano ha desarrollado un género particular alrededor de la magnética figura del perdedor. Los años sesenta y setenta fueron particulamente prolíficos en este campo porque el derrumbamiento del sueño americano hizo aflorar, de sus escombros, toda suerte de inadaptados, como el que retrata esta película. Ulu Grosbard adapta la novela de Edward Bunker -un delincuente experimentado que también colaboraría en el guión de otro clásico del género, El tren del infierno-, sobre los problemas de un ex presidiario para amoldarse a una vida convencional, que sufre la obstrucción del propio sistema judicial y que, además, tiene serios problemas para respetar la propiedad ajena. Para ello, Grosbard contó con la colaboración inestimable de un grandísimo Dustin Hoffman quien, por cierto, visitó al novelista en la prisión donde se encontraba recluido. Hoffman cimentó un poco más su sólida -aunque algunas veces histriónica- capacidad interpretativa mientras que la hermosa Theresa Russell y el genial Harry Dean Stanton aportaron dos piezas imprescindibles y convincentes a la historia: la chica enamorada y el fiel compañero de profesión y amigo. Como curiosidad, el ayudante de dirección, Larry J. Franco, pasaría a colaborar con el maestro John Carpenter casi tras su participación en esta película.