Si se hiciera una precuela para contar la vida de una
típica familia italiana trabajadora, de una de esas que pueden estar detrás de
tantas y tantas películas de gángsteres y de mafiosos ítaloamericanos, de una
de esas familias que frente a las necesidades del país tuvo que emigrar al país
de las oportunidades, este film
podría ser perfectamente esa precuela. Es verdad que la intención del director,
Pietro Germi, no fue esa, desde luego. Es verdad que por mediación de Carlo
Ponti, la película acaba con final feliz y, además, resalta el elemento
paternal y conservador de la institución familiar. También es verdad que no
todas las familias que emigraron a los USA formaron parte de mafias familiares.
Faltaría más. Pero igualmente es verdad que el neorrealismo italiano estaba muy
cerca y que los sufrimientos y los padecimientos de todos los miembros de la
familia se sienten cercanos y muy reales y que, por esta razón, un espectador
sensible puede comprender con facilidad por qué fue tan habitual la necesidad
de emigrar a los EE.UU. de América por parte de tantos y tantos italianos de la
postguerra, especialmente de las partes más pobres del país. Por subrayar dos
elementos admirables de la película, habría que destacar la aparición de la
hermosa Sylva Koscina, en su segundo papel cinematográfico, así como el
personaje de Sandrino (diminutivo de Alessandro), un personaje que se adelanta
al de tantas otras películas que vendrían después (como el de Cinema Paradiso, por ejemplo). En
definitiva, una película realista (casi naturalista), cercana al tipo de
historias que se cuentan en esos típicos melodramas tele-fílmicos pero con
muchísima más elegancia, maestría y buen gusto. Un clásico medio olvidado del cine
italiano.
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sábado, 24 de septiembre de 2016
lunes, 21 de septiembre de 2015
Obscenidad (Aka Lust Aka Quando l'amore è oscenità)
2*
Un variado conjunto de diversos sketches alrededor del sexo, del erotismo
y de la pornografía, entre lúbricos, sórdidos, directamente hard, conforman este producto que bordea
dos mundos: el final de la indómita década de los setenta y el comienzo de la
ultraconservadora década de los ochenta. De ahí el carácter transgresor y escandaloso
de su estreno, en 1979. Y no ese bodrio para clases medias gafapastas que es el
díptico vontrierano sobre la ninfomanía generalizada de comienzos del siglo XXI.
Y todo ello alrededor de una especie de juicio o terapia de grupo sobre el amor, al que son invitados
varias de sus víctimas, hombres, mujeres y tertius
inter pares. Visual y narrativamente, la película es deficiente como ella
sola, al igual que desde el punto de vista técnico (el film tiene un montaje desastroso, por no hablar de eso que en otros
contextos se suele llamar “interpretaciones”). Y, sin embargo, la película entretiene,
puede despertar la lívido y, además, sorprende gratamente al espectador desprejuiciado. De alguna forma, recuerda esos sex-exploitations típicos de la época, todo ello empanado y
rebozado con un discurso aparentemente frívolo pero de cierta profundidad y
densidad sobre las distintas pulsiones del deseo humano, incluyendo el sexo y
el amor. OMG! Qué más se puede pedir! Pues eso, una nueva entrega del gran
Ralph Brown (alter ego de ese
iconoclasta artesano italiano que fue Renato Polselli, poseedor de algunos títulos
fanta-terroríficos italianos de segunda fila pero interesantes).
sábado, 26 de octubre de 2013
El horrible secreto del doctor Hitchcock
3*
Una de las obras maestras del gótico italiano, dirigida
por Ricardo Fredda tras Los vampiros
y en la senda de las producciones de las míticas AIP y de la Hammer aunque con algún
que otro elemento propio de la cinematografía transalpina. En todo caso, lo que
está claro es que no tiene nada que ver con el cine que se estaba rodando en
Francia durante los sesenta, con el nude
vampirismo de Jean Rollin a la cabeza. Por otro lado, no por casualidad, la
inspiración de la historia parece provenir, una vez más, de la obra de E.A. Poe,
lo que se puede comprobar no solamente en el contenido necrófilo básico de la
trama sino también en el purificador final, extraído con probabilidad de La caída de la casa Usher. La idea es
bastante perversa y malsana pero la materialización no está a la altura de la
premisa, debido a su previsible e insatisfactorio desarrollo. En todo caso, se
trata de una interesante película, por su absorvente uso del color y de la
ambientación, que cuenta además con dos interpretaciones más que correctas: la
del doctor Hichcock (Robert Flemyng) y, por supuesto, la de Barbara Steele que,
desde La máscara del demonio, venía
protagonizando varias recreaciones góticas (como I lunghi capelli della morte). Por cierto, esta historia coincidó
con el estreno del clásico terrorífico español, Gritos en la noche, de Jesús Franco. Como curiosidad, algunos de
los elementos de la trama ya habían aparecido en varias películas anteriores,
como en Psicosis; otros serían
desarrollados con mayor contundencia y menor gusto estético en films como Re-Animator, Nekromantik,
Aftermath o Vital.
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