En esta perversa película de Pascal Laugier, una secta de ultracreyentes adinerados (con duras intenciones
cenobitas) secuestran a niñas para torturarlas incesantemente hasta hacerles
alcanzar un supuesto estado de ascetismo cristiano, parecido al que debieron conseguir muchos mártires antiguos en situaciones de sufrimiento extremo. El
argumento recuerda un tanto a la inquietante Maniac Killer, del menospreciado Andrea Bianchi (recordemos que, en
este film, una secta secuestraba a
prostitutas para torturarlas hasta morir con la intención de purificar sus
almas). Martyrs es una producción
desasosegante y torva, repleta de situaciones extremas que consiguen ir in crescendo hasta el catatónico final y
con un magnífico plantel de actores. No llega al nivel de crudeza de A Serbian film pero supera con creces el
nivel conseguido por películas como La
última casa a la izquierda o Alta
tensión, por poner solo dos hitos del ultra gore moderno, aunque separados en el tiempo. Lo más duro de
la película es el argumento, la idea de fondo, así como el último diálogo, que
suponen una vuelta de tuerca afilada en relación al masoquismo, la
trascendencia y la sexualidad contemporáneas, como ha subrayado Ruth MacPhee en
su excelente Female Masochism in Film. En definitiva, una
película para llevarse al infierno, como sugiere Vicente Muñoz.