Douglas Trumbull es conocido,
principalmente, por ser el responsable de los efectos visuales de clásicos como
2001: una odisea del espacio, Stark Trek: La película o Encuentros en la tercera fase. Pero
también es autor, por derecho propio, de algunos pequeños clásicos de la
ciencia ficción de los setenta y de los ochenta. Entre estos clásicos, hay que
destacar Naves misteriosas, por
ejemplo; o esta Brainstorm, centrada
en una temática de tantísima actualidad como de no problemáticas implicaciones:
¿pueden registrarse los pensamientos, las emociones y las experiencias de las
personas para que cualquiera pueda “vivirlas” tiempo despuéss? Tema tan phillipkadickiano encuentra en el
tratamiento que le otorga Trumbull (provocativo, profundo, áspero) un canal
maravilloso para que los espectadores reflexionen sobre las posibilidades y los
límites de tamaña hazaña. El equipo de investigadores y científicos, formado
por Louise Fletcher y por Christopher Walken, realiza un trabajo conmovedor, al
igual que el equipo de empresarios y militares (con Cliff Robertson a la cabeza),
y el mensaje final del film hace el
resto. Excelentemente ambientada, rodada y montada, y producto de un rodaje
infernal en los estudios de la MGM, estamos ante una de esas joyas, propias de
la ultraconservadora década de los ochneta, medio olvidada por el tiempo. Y eso
no tiene perdón de Dios. Como valor añadido, estamos ante el ultimo papel,
fascinante, de la siempre hermosa y siempre talentosa Natalie Wood.
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lunes, 31 de octubre de 2016
Proyecto Brainstorm (Aka Brainstorm)
3*
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lunes, 11 de enero de 2016
Malone
2*
En De profesión duro, Patrick Swayze es un gorila de discotecas country que ha de enfrentarse con un
potentado local que tiene a todo un pueblo en su mano. Este esquema es tan
típico que se han hecho cientos de películas sobre él. Como este film de Harley Cokeliss sobre un ex
agente de la CIA que quiere dejar el servicio secreto para jubilarse
tranquilamente en el campo. Al estropearse su Ford Mustang del 69, conoce a un
humilde mecánico y a su hija, habitantes de un valle de Oregón que es dirigido
con puño de hierro por un enigmático líder semi fascista. Un Burt Reynolds ya
entradito en años, luciendo panzita cincuentona y bigote teñido ha de plantar
cara a un oscuro personaje con extraños objetivos políticos. Y, además, ha de
retozar con su magnética compañera y casi casi con la hija del mecánico. Si en
la historia de Swayze el potentado local era Ben Gazzara, en ésta es nada menos
que Cliff Robertson, en un personaje que recuerda un poco al que ofrecería en
el 2013: rescate en L.A. de John
Carpenter. Pero aquí no acaban las coincidencias: el director de Carthage había
trabajado con Cokeliss en la estupenda Luna
negra. Nada más que subrayar salvo, quizás, la presencia de Lauren Hutton.
Y es que estamos ante una obra mediocre y nada original, con una puesta en
escena rutinaria y unas interpretaciones cuasi televisivas.
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