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domingo, 9 de abril de 2017

Torrente 4: Lethal Crisis

1.5*

Siguen las zafio andanzas del personaje más casposo del cine español (no del todo original, por cierto), con más pena que gloria y sin ningún tipo de enseñanza y/o moraleja. A una sucesión de gilipolleces para makokis, chonis y calorros, Santiago Segura añade una sucesión infinita de cameos (con buena parte de la caspa del país) y cuñas de publicidad de todo tipo, con muchas explosiones intelectuales (de esas que entusiasman al americano medio como Homer Simpson) y todo tipo de gracias pedestres y chabacanas. El problema de este tipo de cine es que hay un momento en que la parodia se transforma en guiño e, incluso, en homenaje, dejando su humor en un terreno intermedio entre una crítica más supuesta que efectiva y el afecto más rancio. Totalmente prescindible, como sus consiguientes y consabidos precedentes y continuaciones.

domingo, 9 de octubre de 2016

Grupo 7

2*

Un grupo de policías disfuncionales, inmaduros y fuera de control (una especie de Los hombres de Harrelson pero oliendo a Barón Dandy) se dedican a perseguir a camellos y a intervenir droga en la Sevilla de finales de los ochenta y comienzos de los noventa, en un contexto de “limpieza” social de la ciudad antes de la Expo 92. Entre macarruzos, putas, soplones y mucha mandanga, la película construye un thriller de acción policial, metida en trapicheos y asuntos sucios, sin más interés que el de ver a un grupo de conocidos actores españoles haciéndose pasar por malotes, hasta que llega el momento venganza y la “reinserción” final (el happy end de turno), por muy ambigua que se quiera vender. Las pinceladas sociológicas son superficiales, la trama es simplista a más no poder (¿por qué no se plantea en ningún momento de dónde sale toda esa droga y quién controla y permite su tráfico?) y el desarrollo acusa no pocas inconsistencias históricas. En fin, reflexiones sociológicas aparte, la película tiene unas correctas escenas de acción y una estupenda banda sonora (del gran Julio de la Rosa) mientras que la fotografía, que parece que pretende ser naturalista e hiperrealista, satura de luz en cuanto menos te los esperas, especialmente en cuanto la cámara sale a la calle (en interiores el asunto está más controlado), en la misma medida que el sonido, no del todo bien equilibrado, por no hablar de la dicción y de la pronunciación de algunos actores. El desarrollo de los personajes tampoco es del todo coherente. Sin embargo, es un film que se puede ver y satisface cierta curiosidad por haber transformado en mainstream el ambiente degradado y despiadado de muchos barrios de la capital andaluza. Y por haber presentado el ambiente de impunidad policial en España. El del pasado, claro, que ahora son 100% respetuosos del estado de derecho, de la ley y de los derechos humanos.

miércoles, 31 de agosto de 2016

Asalto a la comisaría del distrito 13 (Aka Assault on Precint 13)

3.5*

Homenaje cinéfilo y también cinéfago a la figura y a la obra del gran Howard Hawks, desde Río Rojo a El enigma de otro mundo, aunque, en particular, es una reverencia a Río Bravo, si bien con la forma de un thriller urbano, casi de terror. Una especie de respuesta a la pesimista La noche de los muertos vivientes, con un final feliz y con un contenido y un continente claramente Westernianos. Napoleón Wilson (Darwin Joston) es un preso de máxima seguridad que debe pasar la noche en una comisaria, en pleno proceso de traslado, de un conflictivo suburbio del mastodóntico Los Ángeles. Esa misma noche, toda la comisaria es asaltada por una oscura y siniestra gang multicultural que se comporta casi como una horda de zombies. Frente a ella, los habitantes de la comisaria deberán unirse para hacer frente al extraño e inexplicable ataque. Carpenter pulsa con precisión varios de los resortes del cine de suspense, mediante una planificación y un montaje acertadísimos, donde solo se muestra en pantalla todo aquello que ayuda a crear ese clima de opresión y angustia que es la característica fundamental del film. Además, Carpenter hace jugar el juego de la individualidad a los personajes para, luego, unirlos en un acto de solidaridad y trabajo en equipo, que es la marca de la casa del cine de Hawks. Por otro lado, la ambientación, que recuerda a esos productos barriobajeros y proto neo conservadores (tipo El justiciero de la ciudad o distintas partes de Harry el sucio), subraya el ambiente degradado y siniestro de la historia. La BSO, del propio Carpenter, puntualiza con acierto los tonos sombríos de la epopeya. Una película propia de la irredenta década de los setenta a más no poder, carta de presentación de su admirado autor y que ya ostenta el sello distintivo del director de Carthage: ese nihilismo pesimista y fraternal que, de puro duro, termina por hacerse imparcial.

miércoles, 27 de julio de 2016

Danko: calor rojo (Aka Red Heat)

2*

Para empezar, la traducción del título ya es errónea. Heat es la palabra que se utiliza, en argot, para referirse a la policía. No tiene nada que ver con el calor. Para seguir, la película es el típico subproducto cinematográfico USAmericano de finales de la ultraconservadora década de los ochenta, en el género thriller policíaco. Dos agentes de muy diversa condición (un policía frío de la KGB y un “tirillas” de Chicago) han de trabajar juntos y a la fuerza para perseguir a un criminal soviético que ha huido a la tierra de las oportunidades capitalistas. Walter Hill insiste en buscar el éxito fácil y le sale el tiro por la culata, haciendo una más de las Buddy Movies insubstanciales que asolaron la época. El film tiene errores evidentes de montaje, unas interpretaciones de serial radiofónico y un guión flojo y correoso como un postre de gelatina. Lo más curioso del asunto, sin embargo, es el discurso ideológico que Hill introduce en los intersticios de la trama, desde el plano inicial del “Directed by Walter Hill” hasta las palabras del jefe de los “cabezas rapadas” en la cárcel. En definitiva, una lasca más en el ascenso de la musculada carrera del actor austriaco, Arnold Schwarzenegger, y una obra anacrónica desde el mismo día de su estreno: en 1989, cayó el Muro de Berlín y, con él, buena parte de la mitología de la Guerra Fría sobre la que se intentó levantar este absurdo espectáculo. Como curiosidad, el mismo año, Fukuyama publicó su soflama a favor del fin de la historia y demás sandeces neo liberales.

martes, 26 de julio de 2016

Brigada criminal

3*

Fernando es un policía novato que, casi el mismo día en que se ha licenciado, presencia un atraco a un banco. En la comisaría no le dan el caso pero sí otro que le lleva, poco a poco, al atraco del principio. Por el camino, habrá de infiltrarse en la banda, con lo que conocerá de primera mano los subterfugios del hampa, tanto de Madrid como de Barcelona. La obra maestra del prolífico Ignacio F. Iquino y casi un hito en la historia del policíaco español, repleta de esa sensibilidad proletaria y barriobajera que contrasta con su simpatía por el régimen franquista (vid. El tambor del Bruch, El judas o Trigo limpio, por ejemplo), aunque supone un adelanto del tipo de cine que acabaría haciendo, durante los años setenta y ochenta. Radiografía de los bajos fondos madrileños de la época así como de los procedimientos criminales para sacarlos a la luz, el conjunto está narrado con un pulso que mezvla lo documental y lo melodramático, lanzando pinceladas retratistas al artisteo, con gotitas de thriller y, por supuesto, con la típica moralina carpetovetónica propia del realizador. En definitiva, un cuasi noir patrio, aunque sin el espíritu underground de los mejores logros del cine negro USAmericano: es decir, el discurso político del film es el de una plena aceptación del status quo, ya que los criminales lo son por avaricia o por maldad, nunca por razones sociológicas o económicas. Al contrario que Billy Wilder, que creía que lo mejor para transmitir un mensaje era poner un telegrama, el cine de Iquino sí que tiene mensaje. Atención a la señorita Albéniz, de traje negro, como una Rita Hayworth, y con la elegancia de Soledad Lence. 

sábado, 4 de junio de 2016

A la caza (Aka Cruising)

3*

Pocas son las películas que retratan el mundo homosexual y, cuando lo hacen, pocas se atreven a adentrarse más allá del mapa que trazan los sentimientos entre personas del mismo sexo. Por eso, no es de extrañar la polémica que Willian Friedkin abrió con este contundente film de 1980, que retrata de una forma fidedigna una parte del submundo gay neoyorquino, tanto S&M como Leather. Y ello entre finales de la irredenta década de los setenta y comienzos de la ultraconservadora década de los ochenta, los años de la doble moral reaganiana y del VIH. Un candidato a detective (Al Pacino) ha de infiltrarse en dicho submundo para intentar cazar a un cruel y sistemático asesino de homosexuales, a los que apuñala y desmiembra. Como casi toda la obra de Friedkin, la película ha sufrido ciertas amputaciones en el metraje (al parecer, faltan 40’) y, debido a eso, el espectador atento encontrará algunas lagunas, algunas escenas mal interrelacionadas, varias ambigüedades (como el uso de distintos actores para interpretar al asesino), etc. Aún así, y pese al fracaso comercial que sufrió la película, Friedkin se interesó en el tema por diversos motivos y consiguió un tenso, explícito y sórdido thriller físico-psicológico (de ahí la “R” de la MPAA que ostenta), que está ambientado en una parte de la fogosa subcultura gay de Nueva York. Pacino, una vez más, agarra la placa de policía y entrega un personaje creíble y sutil. Por su parte, Paul Sorvino y Karen Allen acompañan a las mil maravillas. La parte artística se complementa con una BSO que recuerda tanto la música como la parafernalia de cuero de los primeros discos de Judas Priest y que, en realidad, son de The Germs, Willy the Ville, Rough Trade

miércoles, 11 de mayo de 2016

Robocop

3.5*

Extremadamente violenta y explícitamente gráfica (Orion está detrás), Robocop es una excelente radiografía de la sociedad USAmericana de los ochenta, tintada con los colores y los tonos de la ciencia ficción distópica. Es algo así como una versión quimérica y policial del Wall Street de Oliver Stone. Ambientada en un Detroit futuro, el izquierdista Paul Verhoeven vertebra su película sobre la representación que el capitalista medio tiene (y propaga) acerca de los males sociales: en una sociedad corrompida por abajo, debido a la delincuencia común (¡cómo si la corrupción no viniera desde arriba!), hace falta un policía 7-Eleven, que trabaje 24 horas al día para que la gente adinerada se sienta segura. Sin embargo, Verhoeven (guionistas mediantes) desperdiga por la trama un conjunto de corolarios y glosas claramente anti capitalistas y sobre los más diversos temas (la corrupción política, la gentrificación, la manipulación de los media, la burbuja inmobiliaria, la competitividad y avaricia capitalistas, la atracción del dinero, etc.), lo cual engrandece la trama y sus resonancias sociológicas. No por casualidad, el proyecto se le había ofrecido antes a Alex Cox. Por otro lado, conviene insistir en la valentía (y el morbo) a la hora de mostrar la violencia, llegando al gore. Aunque, por otro lado, es una característica básica de la sociedad del espectáculo, en la que el público se acostumbra a la violencia como mecanismo planificado para su aceptación. De esto saben muchos los grandes mass media. Como curiosidad, y en el plano técnico-artístico, estamos ante una de las últimas películas mainstream en usar el stop-motion, tan vulgarmente sustituido por la saturación infográfica más glacial.

lunes, 25 de abril de 2016

Revolver

3*

Se ha dicho muchas veces que, por el amor de una mujer, uno puede hacer cualquier cosa. Como decía sardónicamente, Oscar Wilde, “no hay nada como el amor de una mujer casada”. Especialmente si tu mujer es tan hermosa como Agostina Belli. El “tercer Sergio”, Sergio Sollima, abandona el terreno del Euro Western para rodar un poliziesco en coproducción italo-franco-alemana, en la línea de Ciudad violenta. Unos mafiosos sicilianos secuestran a la esposa del subdirector de una cárcel con la intención de que éste permita la fuga de un peligroso recluta. El subdirector, por su parte, cederá al chantaje pero se intentará tomar la justicia por su mano, aunque lo que descubrirá no encaja con lo que había estado pensando. Sollima monta un film complejo, con elementos del thriller y del cine carcelario y en el que destaca la corpulencia bruta de Oliver Reed (que, por entonces, tenía serios problemas con el alcohol, como su compatriota Michael Caine) así como el espigamiento varonil de Fabio Testi, en un papel que consigue sacar buena parte de su paleta gestual y corporal. En todo caso, Sollima sigue escarbando en su lectura del comportamiento humano y urde una trama sofisticada por sus múltiples lecturas políticas y morales, a semejanza de su obra maestra Cara a cara. Por su parte, y curiosamente, Morricone desarrolla una partitura gris, sin garra ni personalidad, a partir de la melodía original del Für Elise de Beethoven. Es, con probabilidad, el precio que el compositor romano hubo de pagar por su sobrecarga de trabajo en la época. En 1972 (es decir, un año antes), Morricone llegó a firmar más de 28 bandas sonoras, por ejemplo.

lunes, 22 de febrero de 2016

Contratiempo (Aka Bad Timing)

3.5*

Extraordinaria disección de pareja, llevada a la pantalla con el habitual talento estético de Nicolas Roeg y con la sabiduría de quien sabe de lo que habla. Asimismo, la película está construida mediante una estructura narrativa tan compleja como fascinante, en la línea del Dead Certainties de Simon Schama: una mezcla de recuerdos personales, realidad contrastada e investigación policial, que desarrolla una historia tan sofisticada como ruda, lo que es subrayado por etéreos contrastes irónicos, como el que forman los cuadros de Gustav Klimt y de Egon Schiele de los títulos de crédito, por ejemplo, o, más sofisticadamente, el que sugiere la música de Keith Jarrett y de Tom Waits (y de los The Who, por cierto). Las concesiones a la época (esos zooms, esa obsesión por el psicoanálisis, el famoso colour test) no hacen sino ayudar a contextualizar un film que, por otro lado, trasciende su momento y se hace atemporal aunque, de hecho, ya fue adelantado a su tiempo, como la propia Viena de Freud, Schnitzler y Hofmannsthal, tal y como nos han enseñado Carl Schorske, Peter Gay, Stephen Toulmin o el Josep Casals de Afinidades vienesas. Una obra fascinante que, hasta cierto punto, supone un regreso a ese mundo emocional e intelectual que ha obsesionado a otros muchos creadores, como el Ken Russell del biopic sobre Mahler. Fascinante la interpretación de Theresa Russell y de Harvey Keitel; sorprendente la estampa de Art Garfunkel y de Denholm Elliott.

miércoles, 3 de febrero de 2016

Scarface, el terror del hampa (Aka Scarface)

4*

El piloto de aviación y corredor de coches de carreras, Howard Hughes, junto con Howard Hawks, son los artífices de este clásico del cine negro USAmericano, estrenado en 1932, al comienzo de la era del sonoro (por eso se pueden apreciar ciertos elementos del cine mudo, como la teatralización de los actores), aunque rodado en 1930, de forma independiente, como narra el mismo Hawks en el libro de entrevistas con Joseph McBride. En todo caso, los primeros 10-15 minutos del film pueden echar para atrás a cualquier espectador contemporáneo, alejado por completo del mundo de las polainas, tal y como llevaba el Tío Gilito. Sin embargo, una vez que el conjunto de los acontecimientos se ve arrastrado por la ambición y por las tropelías de Tony Camonte (en la modélica interpretación de Paul Muni), la película se dispara y alcanza cotas de inigualable crudeza, algo impropio para una época que había vivido la Gran Guerra, y que se disponía a vivir la 2ª G.M., pero que era incapaz de mostrar la violencia en el cine (salvo contadas excepciones). Brian de Palma intentó hacer un remake 50 años más tarde pero no consiguió imprimir a la historia ni el drama, ni la violencia ni la fuerza de las imágenes de este poderoso y trepidante thriller de gángsters. Un clásico del cine, modélico en su concepción del género y asombroso en su ejecución técnico-artística. Aunque hayan pasado 85 años, la producción mantiene intacta toda su frescura y toda su fuerza, tanto visual como dramática. Resultaría maravilloso poder viajar en el tiempo para comprobar la reacción de los espectadores el día de su estreno. Y los días y las semanas subsiguientes. 


martes, 27 de octubre de 2015

La jungla humana (Aka Coogan's Bluff)

2.5*

Coogan (Clint Eastwood), un sheriff de Arizona, viaja a Nueva York persiguiendo a un peligroso criminal, Don Stroud. Una vez en la ciudad, sus métodos expeditivos y poco convencionales contrastarán con el estilo policial de los agentes capitaneados por el teniente Lee J. Cobb quienes, además, le confunden con un policía de Texas. Don Siegel abre los brazos al Eastwood post spaghetti western y rubrica un policíaco solventemente rodado y apropiadamente narrado, que parece prefigurar algunos de los posteriores éxitos del Clint actor, en particular los de su serie Harry el sucio. En todo caso, el film no destaca por nada especial y, de hecho, tiene ciertos fallos de montaje y de guión (sobre todo con la relación sentimental de Coogan). Por otro lado, se pueden apreciar los rostros de los especialistas (lo cual siempre es un bajón) durante la persecución en moto por el rintintineante parque, el cual aparece, curiosamente, vacío. Por otro lado, también parece mostrarse una única localización y parece que muchas de las escenas se han grabado con un plan de rodaje muy estricto. En fin, una película que no exige demasiado del espectador pero que tampoco le engaña. Querido lector: póntela, si no te parece mal, para echarte una siesta nocturna.

martes, 24 de febrero de 2015

El cebo

3.5*

El comisario Mattei sigue la pista de un asesino de niñas que tiene absolutamente confundidas a las fuerzas del orden. Tras abandonar el cuerpo de policia, decide seguir con el caso y poner una trampa al asesino, a ver si cae en ella. Ladislao Vajda lleva al cine la primera versión cinematográfica (del mismo año, por cierto) del texto del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt, autor de una fascinante obra policíaca y detectivesca, uno de cuyos máximos exponentes podría ser Justicia, una novela que guarda muchas similitudes con otra famosa creación de John Dickson Carr. Al igual que la versión de Sean Penn, este film tiene un final acorde a la época pero, en todo caso, lo más conseguido de él, sin duda, es ese ambiente frío y malsano que rodea a los encuentros entre el criminal (un asombroso Gert Fröbe) y los niños, así como el propio desarrollo del suspense, sabiamente medido y administrado. El conjunto, no obstante, presenta también un análisis más sutil sobre la sociedad y sus miserias. Entre los intérpretes, por cierto, se puede encontrar a un siempre convincente Michel Simon. En definitiva, una joya de la filmografía española de la década de los cincuenta que, además, ha trascendido su estreno al nutrir, espiritualmente hablando, las raíces de todo un subgénero, el giallo.