Muchas son las películas que tienen como protagonista a un perro malvado,
rabioso o, incluso, infernal, partiendo de la base de los perros de tíndalos o
del perro de La profecía. Cujo, White Dog, The Pack o Dogs of Hell serían los ejemplos más conocidos pero no los únicos productos cinematográficos bien realizados. De
hecho, este film de Curtis
Harrington, olvidado por el paso del tiempo (como casi toda la obra de su
admirable director), es una buena muestra del cine sobre cancerberos malignos.
La historia comienza con una escena de un culto satánico en el que el
protagonista es una hembra de pastor alemán, al que parece que se le está
sometiendo a una posesión. Por otro lado, un cachorro (llamado Lucky) acaba
como perro de compañía de una familia de una zona residencial USAmericana porque
acaban de perder a su mascota en un accidente de tráfico. Pero el cachorro
esconde un terrible secreto y los accidentes y los desastres comienzan a producirse
en la familia y en el vecindario. El padre de familia (Richard Crenna) tendrá
que controlar la situación puesto que hasta sus hijos y su mujer parecen
haberse rendido al influjo maléfico del perro. Para ello, habrá de investigar la
demonología y el satanismo, incluso en las montañas de Ecuador. A un desarrollo
admirable, Harrington une un reparto extraordinario, incluyendo a Martine
Beswick, Yvette Mimieux, R.G. Amrstrong y a la pareja protagonista de clásicos
de la Disney como La montaña embrujada
y su continuación, Los pequeños
extraterrestres. Sin embargo, algunos factores pueden decepcionar un tanto
al espectador actual (como el un tanto acelerado final o algunos efectos
especiales, poco convincentes para una mentalidad digital).
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domingo, 14 de mayo de 2017
lunes, 20 de abril de 2015
Acorralado (Aka First Blood)
3.5*
Muchas son las películas que
confluyen en esta obra maestra del cine de supervivencia y de acción de la
ultraconservadora década de los ochenta. Con los hilos argumentales y
espirituales de films como Los valientes andan solos o Ruckus, el gran Ted Kotcheff dirige una
epopeya de crítica política con la excusa de denunciar el trato recibido por
los veteranos del Vietnam. Justo lo que haría Steven Hilliard Stern en Zona de guerra: el parque, de solo unos
pocos años después. Así que la pregunta es, ¿cómo trataban los EE.UU. a sus
veteranos de guerra? Es sabido que muchos de los veteranos de la Segunda Guerra
Mundial y de la guerra de Corea regresaron con profundos traumas que los
incapacitaron para reintergrarse con “normalidad” en la sociedad consumista
USAmericana. Lo mismo que ocurrió con la Guerra de Vietnam. De aquí provienen
varias de las disfuncionalidades de los ex soldados, tal y como ha mostrado
producciones como El cazador o El regreso, que no fueron, precisamente,
dos exitazos en su país de origen. Pero Kotcheff prefiere mostrar la dificultad
de su normalización mostrando el rechazo que sufrieron así como revelando sus mortíferas habilidades militares: los soldados son máquinas de matar, ¡y punto!: algo
incompatible con la vida civil. La película es un prodigio en la justificación
de la premisa, en el desarrollo de la persecución y en el despliegue de la
acción y, además, Stallone, Dennehy y Crenna (junto con los secundarios) protagonizan
una función realmente apasionante y convincente (en la línea de Caza salvaje), aunque el conmovedor final nada
tiene que ver con el de la novela original. Por otro lado, la película dio pié
a varias secuelas horripilantes, absolutamente reaganianas y, por tanto, faltas
de cualquier sutileza política contra otras formas de pensar. Por cierto, Kotcheff
volvería al tema en Más allá del valor.
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