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sábado, 27 de diciembre de 2014

El Hobbit: Un viaje inesperado (Aka The Hobbit)

2*
Tras la trilogía de El señor de los anillos (una jugada maestra desde el punto de vista cinematográfico y artístico), Peter Jackson presenta la primera parte de su segunda trilogía. Esta vez sobre la novela infantil El Hobbit, cronológicamente anterior a las aventuras de las tres primeras películas. Y si es comprensible que las más de 1.300 páginas de El señor de los anillos se conviertan en tres films, no lo es tanto que una novela de poco más de 300 se transforme en casi 8 horas de cine. Aquí comienza el primer problema de esta enorme producción: que la historia tiene muchos puntos muertos, escenas estiradas absurdamente y bajones rítmicos por doquier. La historia no da para más. Pero hay algún que otro problema añadido. Por ejemplo, el espíritu infantiloide de la trama, de algunos personajes y de algunos diálogos así como su humor ramplón. Igualmente, la historia calca de alguna manera la excusa argumental de la primera trilogía: un viaje iniciático y de aventuras que debe hacerse formando parte de un grupo heterogéneo. Es verdad que algunas escenas son impresionantes (como la de la cueva de los trasgos, por ejemplo), especialmente si se contemplan en 3D, y que algunos planos paisajísticos son excepcionales, pero Jackson no consigue que el espectador deje de sentir una especie de déjà vu por cuanto está viendo en pantalla. Eso si no se aburre soberanamente o si no le da por pensar acerca de la enorme suerte que tienen todos y cada uno de los personajes. En definitiva, una película repetitiva, estirada en buena parte de su metraje, infantil en su desarrollo y que, además, resulta inverosímil incluso para el género mitológico-fantástico al que pertenece. Es decir, El Hobbit: un viaje inesperado es como La amenaza fantasma: una película innecesaria. Casi nadie la verá en años sucesivos.