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lunes, 10 de abril de 2017

Amityville II: la posesión (Aka Amityville II: The Possession)

2.5*

La segunda parte de la serie de terror sobre la casa encantada de Amityville, que no es una continuación stricto sensu de la anterior, la protagonizada por James Brolin y dirigida por Stuart Rosenberg. En su lugar, la dirección corrió a cargo de un todoterreno, Damiano Damiani, en su primer trabajo USAmericano. Una película moralmente feroz que relata la posesión a la que es sometido el hijo de una familia de italoamericanos, cuando comienzan a vivir en su nueva casa, así como sus funestas consecuencias. La propia familia en sí ya es terrible (el padre es un déspota que pega a su mujer y a sus hijos; la madre es una creyente que perdona el comportamiento de su marido, los hijos se dedican a jugar a los médicos…) pero es que, además, todo se complica por la posesión y posterior exorcismo. Damiani no se anda por las ramas y centra la atención del espectador en varios retortijones morales, escabrosos y sanguinolentos, mostrando en todo en su esplendor las fuerzas sobrenaturales que habitan la casa, lo que dispara en la concurrencia esa excitación perversa (Perverse Titillation) de la que ha hablado con tanta enjundia Danny Shipka. Para terminar, el film tiene una escena realmente morbosa e in-cestiva.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Una chica más bien complicada

3*

Uno de esos atípicos giallos (por llamarlo de alguna manera) que salpican la cinematografía italiana, obra del director de Yo soy la revolución, Damiano Damiani, recientemente fallecido. Aunque, en el fondo, lo que se cuenta es un drama pasional, en la línea de otros productos de la época, como en La esclava del placer, del rescatable Brunello Rondi, o en El gancho, del desconocido Enricos Andreou. En la coctelera, varios chispeantes ingredientes: un triángulo amoroso, ciertas perversas atracciones, sexo, conversaciones pseudo intelectuales, lesbianismo, al menos una femme fatale, un misterio que va creciendo según avanza la trama y una estética artistoide y parcialmente psicodélica. Se agita todo con la fuerza y el tiempo necesarios, se añaden unas gotas de Antonioni, se presenta adecuadadamente (la puesta en escena en el género es habitualmente uno de sus puntos fuertes) y se consiguen 100’ de puro thriller psicológico y existencial, con algunos sabores cinéfilos muy apropiados. En el terreno actoral, hay que señalar que las actrices están perfectas (Catherine Spaak y Florinda Bolkan), además de guapísimas, y que el protagonismo masculino está en manos de un franconeriano Jean Sorel. El score, por el contrario, chirría en bastantes ocasiones.