La segunda parte de la serie de
terror sobre la casa encantada de Amityville, que no es una continuación stricto sensu de la anterior, la protagonizada
por James Brolin y dirigida por Stuart Rosenberg. En su lugar, la dirección
corrió a cargo de un todoterreno, Damiano Damiani, en su primer trabajo
USAmericano. Una película moralmente feroz que relata la posesión a la que es
sometido el hijo de una familia de italoamericanos, cuando comienzan a vivir en
su nueva casa, así como sus funestas consecuencias. La propia familia en sí ya
es terrible (el padre es un déspota que pega a su mujer y a sus hijos; la madre
es una creyente que perdona el comportamiento de su marido, los hijos se
dedican a jugar a los médicos…) pero es que, además, todo se complica por la
posesión y posterior exorcismo. Damiani no se anda por las ramas y centra la
atención del espectador en varios retortijones morales, escabrosos y
sanguinolentos, mostrando en todo en su esplendor las fuerzas sobrenaturales
que habitan la casa, lo que dispara en la concurrencia esa excitación perversa (Perverse
Titillation) de la que ha hablado con tanta enjundia Danny Shipka. Para terminar,
el film tiene una escena realmente
morbosa e in-cestiva.
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lunes, 10 de abril de 2017
miércoles, 4 de diciembre de 2013
Una chica más bien complicada
3*
Uno de esos atípicos giallos
(por llamarlo de alguna manera) que salpican la cinematografía italiana, obra
del director de Yo soy la revolución,
Damiano Damiani, recientemente fallecido. Aunque, en el fondo, lo que se cuenta
es un drama pasional, en la línea de otros productos de la época, como en La esclava del placer, del rescatable
Brunello Rondi, o en El gancho, del
desconocido Enricos Andreou. En la coctelera, varios chispeantes ingredientes: un
triángulo amoroso, ciertas perversas atracciones, sexo, conversaciones pseudo
intelectuales, lesbianismo, al menos una femme
fatale, un misterio que va creciendo según avanza la trama y una estética artistoide
y parcialmente psicodélica. Se agita todo con la fuerza y el tiempo necesarios,
se añaden unas gotas de Antonioni, se presenta adecuadadamente (la puesta en escena en el género es habitualmente uno
de sus puntos fuertes) y se consiguen 100’ de puro thriller psicológico y existencial, con algunos sabores cinéfilos
muy apropiados. En el terreno actoral, hay que señalar que las actrices están perfectas (Catherine Spaak y Florinda Bolkan),
además de guapísimas, y que el protagonismo
masculino está en manos de un franconeriano Jean Sorel. El score, por el contrario, chirría en bastantes ocasiones.
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