Como en
An American Tragedy, de Dreiser,
Minelli rueda la historia de un arribista, David Hirsch (Sinatra), un escritor
medio fracasado que acaba de regresar de la Segunda Guerra Mundial a su pueblo
natal, en busca de sus orígenes pero también de un futuro viable. Excelente
melodrama de finales de los cincuenta, dirigido con esa rara mezcla de compacta
narración, poderosa puesta en escena y perspicaz profundidad psicológica,
propia de buena parte de la obra de Vicente Minnelli. Radiografía de una parte
de la sociedad USAmericana, concretamente de los intersticios y los contactos
entre las clases medias y las clases trabajadoras, representadas por Arthur
Kennedy y su hermano Frank Sinatra, así como por Martha Hyer y Shirley
MacLaine, respectivamente, rodeados por un outsider
(Dean Martin), que es el único personaje que consigue mantener su coherencia
durante todo el metraje,. Comparable a los mejores logros de Douglas Sirk en el
género, tanto en el análisis de los valores y de la moralidad de cada tipo
social, como en la disección de las necesidades y de las pasiones humanas. En
est sentido, Minelli cumple a la perfección con ese apotegma de Italo Calvino
que asegura que el artista ha de tener un compromiso “cívico y político” con la
sociedad que le sustenta, como ser humano y como creador. Por otra parte, la
película explora con mayor contundencia que Sirk el uso del color, los
movimientos de cámara (especialmente en los travellings),
los encuadres expresivos y la composición de las escenas según los estados de
ánimo que sugieren las tonalidades. Pinceladas intelectuales aquí y allá para
un film que acaba, abruptamente, [spoiler] con
el más injusto de los cierres.
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miércoles, 24 de junio de 2015
viernes, 2 de diciembre de 2011
Los cuatro hijos de Katie Elder
3*
Con una sólida carrera como director de westerns, Henry Hathaway dirigió esta película en 1965 con la sombra del John Ford de Centauros del desierto y del Howard Hawks de Rio Bravo justo a su espalda. Rodada con el característico e impresionante Panavisión y con una fotografía de lujo del muy peckinpahiano Lucien Ballard, Los 4 hijos de Katie Elder cuenta la historia de cómo una auténtica -pero continuamente ausente- madre coraje (en el sentido brechtiano del término) consigue encarrilar las vidas de sus cuatro vástagos, en una ciudad (Clearwater) dominada por el vulgar cacique local. Y todo ello, simplemente, con el recuerdo, la influencia y la admiración que despertó en sus vecinos y amigos. A su vez, la historia les sirve en bandeja a John Wayne, Dean Martin y a sus otros dos hermanos, la excusa perfecta para el desarrollo de una venganza anunciada. No se trata del mejor de los westerns rodados por Hathaway (sin duda, ese honor lo ostenta Valor de ley) pero sí estamos ante un excelente relato épico acerca de cómo los hombres pueden reinventarse a sí mismos y acerca de cómo tienen, hasta cierto punto, el destino en sus manos. La siempre conmovedora música de Elmer Bernstein pone el contrapunto perfecto a cada una de las etapas de la historia.
Con una sólida carrera como director de westerns, Henry Hathaway dirigió esta película en 1965 con la sombra del John Ford de Centauros del desierto y del Howard Hawks de Rio Bravo justo a su espalda. Rodada con el característico e impresionante Panavisión y con una fotografía de lujo del muy peckinpahiano Lucien Ballard, Los 4 hijos de Katie Elder cuenta la historia de cómo una auténtica -pero continuamente ausente- madre coraje (en el sentido brechtiano del término) consigue encarrilar las vidas de sus cuatro vástagos, en una ciudad (Clearwater) dominada por el vulgar cacique local. Y todo ello, simplemente, con el recuerdo, la influencia y la admiración que despertó en sus vecinos y amigos. A su vez, la historia les sirve en bandeja a John Wayne, Dean Martin y a sus otros dos hermanos, la excusa perfecta para el desarrollo de una venganza anunciada. No se trata del mejor de los westerns rodados por Hathaway (sin duda, ese honor lo ostenta Valor de ley) pero sí estamos ante un excelente relato épico acerca de cómo los hombres pueden reinventarse a sí mismos y acerca de cómo tienen, hasta cierto punto, el destino en sus manos. La siempre conmovedora música de Elmer Bernstein pone el contrapunto perfecto a cada una de las etapas de la historia.
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