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sábado, 24 de septiembre de 2016

El ferroviario

3.5*

Si se hiciera una precuela para contar la vida de una típica familia italiana trabajadora, de una de esas que pueden estar detrás de tantas y tantas películas de gángsteres y de mafiosos ítaloamericanos, de una de esas familias que frente a las necesidades del país tuvo que emigrar al país de las oportunidades, este film podría ser perfectamente esa precuela. Es verdad que la intención del director, Pietro Germi, no fue esa, desde luego. Es verdad que por mediación de Carlo Ponti, la película acaba con final feliz y, además, resalta el elemento paternal y conservador de la institución familiar. También es verdad que no todas las familias que emigraron a los USA formaron parte de mafias familiares. Faltaría más. Pero igualmente es verdad que el neorrealismo italiano estaba muy cerca y que los sufrimientos y los padecimientos de todos los miembros de la familia se sienten cercanos y muy reales y que, por esta razón, un espectador sensible puede comprender con facilidad por qué fue tan habitual la necesidad de emigrar a los EE.UU. de América por parte de tantos y tantos italianos de la postguerra, especialmente de las partes más pobres del país. Por subrayar dos elementos admirables de la película, habría que destacar la aparición de la hermosa Sylva Koscina, en su segundo papel cinematográfico, así como el personaje de Sandrino (diminutivo de Alessandro), un personaje que se adelanta al de tantas otras películas que vendrían después (como el de Cinema Paradiso, por ejemplo). En definitiva, una película realista (casi naturalista), cercana al tipo de historias que se cuentan en esos típicos melodramas tele-fílmicos pero con muchísima más elegancia, maestría y buen gusto. Un clásico medio olvidado del cine italiano.

sábado, 13 de diciembre de 2014

Surcos

3.5*

Una familia de pueblerinos se traslada a la capital en una España autárquica regida por la supervivenvia, la amoralidad y el estraperlo. En cuanto llegan y se instalan en una corrala de Lavapiés, cada miembro del clan debe echarse a la calle para ganarse el pan y, sobre todo, los cuartos. Junto con Los peces rojos, la otra obra maestra del realizador José Antonio Nieves Conde, quien (inspirado por Zavattini y sobre un minucioso guión co-escrito por Gonzalo Torrente Ballester, en el que se entrecrucan varias historias), levanta un retrato neorrealista de ese Madrid de miseria y picaresca que tan bien describió el Camilo José Cela de La colmena, el Luis Martín-Santos de Tiempo de Silencio o el Ignacio Aldecoa de Espera de tercera clase. La película tiene un magnífico nivel técnico-artístico, algunas secuencias de extraordinaria modernidad (como la escena del humo del tren, al final, o ese par de escenas de rápido montaje) y constituye una panorámica coral del tipo de vida que llevaban los españoles al comenzar la década de los cincuenta. Probablemente no se escribió y se rodó con un objetivo profético pero, como dice la sabiduría popular, de aquellos barros estos lodos.