Uno de los slashers más
curiosos y atmosféricos de finales de los ochenta, en parte gracias al carácter
sobrenatural de todo el film (en la
línea de El muñeco diabólico o de Shocker) pero también en parte a que se trata
de una película sudafricana. Con claras influencias del Suspiria de Argento, John Bernard, el director, se marca un
estupendo thriller de asesinatos
sangrientos (que es, más menos, lo que quiere decir
slasher), en el marco de un colegio europeo y
católico para señoritas. La excusa argumental consiste en que un serial killer, “el ángel de las tinieblas”, es ajusticiado por la ley pero vuelve de la tumba para cobrarse su
personal venganza. Mucha cámara subjetiva, una banda sonora apropiada a la
trama, buena iluminación, un buen grupete de potenciales víctimas, buenos
momentos atmosféricos, fuerzas del mal descontroladas y varios de los elementos
del subgénero... Pero poco más… De hecho, la película puede defraudar por
varias razones, incluyendo su extraño montaje y su deficitario guión, así como varios
maquillajes y efectos... Atención, por cierto, a la escena del corazón volador
o a las protagonizadas por el “monstruillo” de ojos rojos! ¡Tremendas! ¡“matadla”!
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jueves, 6 de julio de 2017
jueves, 15 de junio de 2017
Mis 5 imprescindibles de Kelly McGillis:
- Único testigo (1985).
- Top Gun (1986).
- Ha-Holmin (1987).
- Acusados (1988).
- El coleccionista de muñecas (1998).
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Único testigo
domingo, 30 de abril de 2017
Mis 5 imprescindibles de Brian Dennehy:
- Acorralado (1982).
- F/X, efectos mortales (1986).
- El vientre de un arquitecto (1987).
- En busca de la justicia (1994).
- Death of a Salesman (2000).
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miércoles, 29 de marzo de 2017
Killing Spree
1.5*
Una auténtica aberración fílmica, maldita y de culto, dirigida por un tal Tim Ritter. Caspa nociva y ochentera, medio slasher medio drama social que, para más INRI, se intenta hacer pasar a sí misma por una obra de arte, por una obra cultureta (atención a los planos, a la iluminación, al guión y a las interpretaciones). La verdad es que le falta un poco de más de desnudos (¡por decir algo coherente con la clase de película que tenemos delante!) pero los efectos son acartonadísimos, sanguinolentos y tronchantes. Y el argumento es mejor que lo descubra el propio espectador porque es la monda.
Una auténtica aberración fílmica, maldita y de culto, dirigida por un tal Tim Ritter. Caspa nociva y ochentera, medio slasher medio drama social que, para más INRI, se intenta hacer pasar a sí misma por una obra de arte, por una obra cultureta (atención a los planos, a la iluminación, al guión y a las interpretaciones). La verdad es que le falta un poco de más de desnudos (¡por decir algo coherente con la clase de película que tenemos delante!) pero los efectos son acartonadísimos, sanguinolentos y tronchantes. Y el argumento es mejor que lo descubra el propio espectador porque es la monda.
martes, 31 de enero de 2017
Sufre mamón
1.5*
Manolo Summers pone en imágenes un disco cualquiera del grupo pijo burgués por excelencia de la década de los ochenta en España: los Hombres G. Un grupo que copó las discotecas y las radios de las post movida madrileña, con una música pseudo gamberra de niños de papá (como la de Los Ronaldos o la de Mecano, por ejemplo). Y el resultado es la materialización de uno de los millones de romances superficiales y absurdos de la época, una mezcla de pop coyuntural, cardados de clases medias bajas y aspiraciones juveniles trasnochadas. Una bazofia fílmica (y también musical), en suma, que hará las delicias, eso sí, de múltiples nostálgicos cincuentones recién separados y/o divorciados, pero que, cinematográficamente, deja mucho que desear. Por no hablar desde el punto de vista ético-estético o ético-político. Esta es una de esas PastillasCríticas cuya función fundamental es ahorrar al espectador una excrecencia fílmica, repletita de bandas juveniles, diálogos de encefalograma plano y buena parte de los hits de la banda. Sin embargo, el éxito del grupo, del film y de la post movida pija fué tal que se rodó (y se estrenó) una especie de secuela sentimental.
martes, 15 de noviembre de 2016
Mis 5 imprescindibles de Basilio Martín Patino:
- Nueve cartas a Berta (1966).
- Canciones para después de una guerra
(1976).
- Queridísimos verdugos (1978).
- Los paraísos perdidos (1985).
- Madrid (1987).
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domingo, 13 de noviembre de 2016
Frenesí sangriento (Aka Blood Frenzy)
2*
Slasher cuasi casero, dirigido por y que trata sobre un grupo de
personas con problemas psicológicos que van a pasar unos días al desierto, para
hacer una especie de “terapia confrontativa”, sin saber que un asesino ronda
cerca. Incluso uno de ellos puede ser un asesino. Entre los personajes hay un
veterano del Vietnam, una ninfómana, un alcohólico, etc. Todos llevamos
máscaras y la mejor forma de quitarlas es poner a la gente entre la espada y la
pared. Eso por no hablar de los traumas infantiles, que pueden transformar a
las personas en psicópatas sociópatas. Con múltiples errores y defectos (de
guión, de ambientación, de actuación), el film
avanza sin pena ni gloria como una serpiente por entre las dunas, torrándose de
calor y sin ninguna dirección clara. De hecho, los asesinatos, por ejemplo, que
suelen ser uno de los principales reclamos de este tipo de cine, son
repetitivos a más no poder (casi todos son degollamientos o pinchazos estilo Tom
Savini). Con estos mimbres está elaborada esta cestita sanguinolenta y costrosa. Encima, se propone un jueguecito del whodunit de lo más curioso. Dirigida por Hal Freeman, un experto
creador de caspa porno direct to video.
viernes, 15 de julio de 2016
Mis 5 imprescindibles de Alfredo Landa:
- Vente a Alemania, Pepe (1971).
- El crack (1981).
- Los santos inocentes (1984).
- El bosque animado (1987).
- La marrana (1992).
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Venta a Elamania Pepe
miércoles, 11 de mayo de 2016
Robocop
3.5*
Extremadamente violenta y
explícitamente gráfica (Orion está detrás), Robocop es
una excelente radiografía de la sociedad USAmericana de los ochenta, tintada
con los colores y los tonos de la ciencia ficción distópica. Es algo así como
una versión quimérica y policial del Wall
Street de Oliver Stone. Ambientada en un Detroit futuro, el izquierdista Paul
Verhoeven vertebra su película sobre la representación que el capitalista medio
tiene (y propaga) acerca de los males sociales: en una sociedad corrompida por
abajo, debido a la delincuencia común (¡cómo si la corrupción no viniera desde
arriba!), hace falta un policía 7-Eleven,
que trabaje 24 horas al día para que la gente adinerada se sienta segura. Sin
embargo, Verhoeven (guionistas mediantes) desperdiga por la trama un conjunto
de corolarios y glosas claramente anti capitalistas y sobre los más diversos
temas (la corrupción política, la gentrificación, la manipulación de los media,
la burbuja inmobiliaria, la competitividad y avaricia capitalistas, la
atracción del dinero, etc.), lo cual engrandece la trama y sus resonancias
sociológicas. No por casualidad, el proyecto se le había ofrecido antes a Alex Cox. Por otro lado, conviene insistir en la valentía (y el morbo) a la hora de
mostrar la violencia, llegando al gore.
Aunque, por otro lado, es una característica básica de la sociedad del
espectáculo, en la que el público se acostumbra a la violencia como mecanismo planificado
para su aceptación. De esto saben muchos los grandes mass media. Como curiosidad, y en el plano técnico-artístico,
estamos ante una de las últimas películas mainstream
en usar el stop-motion, tan
vulgarmente sustituido por la saturación infográfica más glacial.
viernes, 15 de enero de 2016
Mis 5 imprescindibles de Patricia Arquette:
- Pretty Smart (1987).
- Amor a quemarropa (1994).
- Más allá de Rangún (1995).
- Human Nature (2001).
- Boyhood (2014).
lunes, 11 de enero de 2016
Malone
2*
En De profesión duro, Patrick Swayze es un gorila de discotecas country que ha de enfrentarse con un
potentado local que tiene a todo un pueblo en su mano. Este esquema es tan
típico que se han hecho cientos de películas sobre él. Como este film de Harley Cokeliss sobre un ex
agente de la CIA que quiere dejar el servicio secreto para jubilarse
tranquilamente en el campo. Al estropearse su Ford Mustang del 69, conoce a un
humilde mecánico y a su hija, habitantes de un valle de Oregón que es dirigido
con puño de hierro por un enigmático líder semi fascista. Un Burt Reynolds ya
entradito en años, luciendo panzita cincuentona y bigote teñido ha de plantar
cara a un oscuro personaje con extraños objetivos políticos. Y, además, ha de
retozar con su magnética compañera y casi casi con la hija del mecánico. Si en
la historia de Swayze el potentado local era Ben Gazzara, en ésta es nada menos
que Cliff Robertson, en un personaje que recuerda un poco al que ofrecería en
el 2013: rescate en L.A. de John
Carpenter. Pero aquí no acaban las coincidencias: el director de Carthage había
trabajado con Cokeliss en la estupenda Luna
negra. Nada más que subrayar salvo, quizás, la presencia de Lauren Hutton.
Y es que estamos ante una obra mediocre y nada original, con una puesta en
escena rutinaria y unas interpretaciones cuasi televisivas.
domingo, 13 de diciembre de 2015
Erotic Ghost Story
2.5*
El cine erótico es un divertimento masturbatorio que no tiene nacionalidad. Y, además, es un género en el que
Occidente poco o nada tiene que enseñar a filmografías de otros países. Los
chinos, por ejemplo, al igual que los japoneses o los coreanos, son auténticos
especialistas en la materia. Incluso mezclando el erotismo con otros géneros o
subgéneros. En esta ocasión, el conocido director hongkonés Lam Ngai Kai (Ngai
choi Lam) rueda una genuina cinta erótica, pero con elementos del cine
fantástico y de terror. La fuente literaria parece que es una antigua fábula china pero, en realidad, la historia recuerda mucho a la novela de John Updike que George Miller llevó a la pantalla. Si no fuera por el cuidado con el que está rodada toda
la historia así como por las magníficas escenas eróticas, estaríamos ante un
ejemplo de cine psicotrónico en
estado puro: y es que, a una historia fantástica en clave de comedia, el
director añade 3 brujas un poco vixens,
monstruos de tres cabezas, escenas sexuales de toda clase y condición, efectos de
maquillaje stop motion
descacharrantes, vudú, artes marciales, etc. Las actrices protagonistas son tres
auténticas bellezas (encabezadas por la bien dotada Amy Yip), los decorados y
el vestuario dan la talla y el erotismo, realmente convincente, deja paso con
la mayor naturalidad a las escenas de acción más sorprendentes. En definitiva, una
experiencia cinematográfica de lo más singular, sin duda. Y, por cierto, al
parecer, la película fue estrenada en el Festival de Sitges de 1987. Stanley
Tong rodaría, unos años más tarde, un film
de título y temática similar.
jueves, 15 de octubre de 2015
La princesa prometida (Aka The Princess Bride)
3*
Contar un cuento, narrar una
historia, ¡un arte universal! ¡Un arte atemporal! Muchos han sido los
narradores y muchas las historias, a lo largo de los años, a lo largo de los
siglos, a lo largo del ancho mundo. Michael Ende, por ejemplo, hacía que el
joven Bastian leyera una historia que le transportaba al mundo de Fantasía y, además, le aislaba de la
realidad, de una realidad en la que sufría una especie de proto bullying de la época. El propio Ende
decía que “para encontrar la realidad hay que darle la espalda y pasar por lo
fantástico”. La ultraconservadora década de los ochenta tuvo el privilegio de
vivir una recuperación del cine fantástico, como evasión de la realidad, como
mecanismo para contemplarla de una forma distanciada y crítica y, también, y
precisamente por ello, para introducir una serie de valores morales. La princesa prometida, clásico
indiscutible del cine fantástico y juvenil contemporáneo, no es una gran
película. Pero tiene todas esas cosas. Tiene todo lo necesario para que
mozalbetes de todas las edades disfruten con la irrealidad del amor eterno,
aderezado con una amistad a prueba de bombas, con un variopinto grupo de
antihéroes (¡ese Iñigo Montoya, por Tutatis!)
que colaboran entre sí en pos de un fin colectivo y con un mundo irreal en el
que los milagros pueden suceder. Y, por encima de todo, con la victoria del
bien, que aplasta, sonriendo, a todas las costrosas y egoístas manifestaciones
del mal. Una joya encantadora, para disfrutar de una tarde insulsa de sábado.
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