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jueves, 15 de octubre de 2015

La princesa prometida (Aka The Princess Bride)

3*

Contar un cuento, narrar una historia, ¡un arte universal! ¡Un arte atemporal! Muchos han sido los narradores y muchas las historias, a lo largo de los años, a lo largo de los siglos, a lo largo del ancho mundo. Michael Ende, por ejemplo, hacía que el joven Bastian leyera una historia que le transportaba al mundo de Fantasía y, además, le aislaba de la realidad, de una realidad en la que sufría una especie de proto bullying de la época. El propio Ende decía que “para encontrar la realidad hay que darle la espalda y pasar por lo fantástico”. La ultraconservadora década de los ochenta tuvo el privilegio de vivir una recuperación del cine fantástico, como evasión de la realidad, como mecanismo para contemplarla de una forma distanciada y crítica y, también, y precisamente por ello, para introducir una serie de valores morales. La princesa prometida, clásico indiscutible del cine fantástico y juvenil contemporáneo, no es una gran película. Pero tiene todas esas cosas. Tiene todo lo necesario para que mozalbetes de todas las edades disfruten con la irrealidad del amor eterno, aderezado con una amistad a prueba de bombas, con un variopinto grupo de antihéroes (¡ese Iñigo Montoya, por Tutatis!) que colaboran entre sí en pos de un fin colectivo y con un mundo irreal en el que los milagros pueden suceder. Y, por encima de todo, con la victoria del bien, que aplasta, sonriendo, a todas las costrosas y egoístas manifestaciones del mal. Una joya encantadora, para disfrutar de una tarde insulsa de sábado.

sábado, 26 de abril de 2014

Local Hero (Aka Un tipo genial)

3.5*

Confundiéndolo con un escocésde pura malta, digo de pura sangre, la petrolera Knox decide enviar a un pequeño pueblo escocés a un ejecutivo llamado Mac MacIntyre (Peter Riegert, ese otro Paul Reiser). La misión es cerrar las negociaciones con los propietarios del lugar para poder comprar toda la zona y poder así montar una refinería, de la cual no están enterados los vendedores. Por otro lado, el propietario de la petrolera, el excéntrico Félix Happer (Burt Lancaster) está muy interesado en que Mac le informe sobre los fenómenos astronómicos de la zona. Producida por los creadores de Carros de fuego, Bill Forsyth escribe y dirige una historia que mezcla calor humano, vida social a la vieja usanza y un poco de buen whisky con las consabidas y simpáticas excentricidades de aquellos a los que no les importa el dinero. Con un estilo que recuerda al de las comedias de la Ealing, Forsyth consigue que la película no caiga en bienintecionadas idealizaciones ni en romanticismos hollywoodienses, aunque finalmente sí la hace caer, aunque más por motivos sentimentales que por necesidades del guión. Una de las principales bazas de la producción es una fotografía deliciosa, que aporta algunas de la escenas más hermosas del film, además de constrastar convenientemente el revelado frío de una ciudad con la riqueza cromática de la vida marítima y el verdor del país. Por otro lado, la obra es famosa por una BSO muy exitosa, obra del líder de Dire Straits, Mark Knopfler, que auna sintetizadores de la época con un par de melodías realmente hermosas. Finalmente [y aquí va un spoiler], el señor Happer viaja a y decide construir un laboratorio de investigación astronómica y marina mientras que, por otra parte, el ejecutivo siente nostalgia por Escocia al volver a Houston. Ya podrían ver el film más propietarios de grandes multinacionales (y millonarios en general) así como, sobre todo, una buena parte de toda esa caterva de pequeños seres mediocres que les hacen los recados. El mundo se lo agradecería a todos ellos. Bueno, Al Gore la ha visto.