Estilización reflexiva y cinéfila del-y-sobre el thriller clásico, a partir de la
introducción de algunos parámetros del cine europeo y de vanguardia en los
estándares del noir USAmericano. No
por casualidad, Point Blank coincide
en el tiempo con El silencio de un hombre,
La matanza del día de San Valentín y
con Bonnie and Clyde. Además,
comparte con varias producciones previas algunas características que hacen de
esta película de John Boorman un film resumen, producto de un sincretismo conceptual que ralla en la abstracción, tanto
en el plano narrativo como en el estético, tanto en el ideológico como en el
técnico: personajes arquetípicos, lacónicos, como apunta Walter Hill; una
narración pulida y elíptica como la de La
ley del hampa, de Budd Boetticher; una estructura compleja, basada en flash backs, que no hacen sino encadenar
acciones y consecuencias en una especie de eterno retorno, como había hecho
Alain Resnais en Hiroshima, mon amour;
los colores luminosos y pop de Código del
Hampa, de Siegel, o de El desierto
Rojo, de Antonioni; y ciertos destellos, temas y señas de identidad
provenientes de Murder By Contract de
Irving Lerner (1958), de Blast of Silence
de Allen Baron (1961), y Johnny el frío,
de William Asher. Pero también tiene, por encima de todo, a un imperturbable y
grandísimo Lee Marvin, un actor de roca que sabía expresar con su cuerpo, sus
movimientos y su voz mil y un registros. No por casualidad, Marvin había
interpretado el papel de Vince Stone en la magnífica Los sobornados. ¿El argumento? Mejor ver la película. Por cierto,
Mel Gibson ha protagonizado recientemente una especie de remake, Payback, basado también en la novela de
Richard Stark. Y, de hecho, aunque la película fue un fracaso crítico-comercial
en su época, ha demostrado ser una de las obras más influyentes del género
desde entonces.
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miércoles, 25 de diciembre de 2013
sábado, 4 de febrero de 2012
Infierno en el Pacífico
3*
Alegoría sobre lo absurdo de la guerra, en general, y sobre un cierto parasitismo usamericano, en particular, Infierno en el Pacífico es una estupenda película que cuenta la historia del
encuentro de dos soldados náufragos en una isla del pacífico: un yanqui y un
japonés, interpretados magistralmente por Lee Marvin y Toshiro Mifune,
respectivamente (quienes, por cierto, sirvieron en la Segunda Guerra Mundial).
Del recelo y la persecución mutua del comienzo, las relaciones entre los dos
personajes van distendiéndose hacia la convivencia, primero, y la colaboración,
después, sin llegar a producirse una complicidad total, algo que sí ocurriría
en Enemigo mío, creada bastantes años después al calor de esta obra. Excelente e invisible dirección de John Boorman,
en uno de sus más interesantes films, concretamente
su segundo trabajo, después del clásico negro A quemarropa. Arropado por la belleza de los paisajes de las islas
Palau (fotografiadas por Conrad Hall), por la música de Lalo Schifrin y con muy
pocos diálogos, Boorman consigue materializar un proyecto arriesgado con
resultados más que satisfactorios. Sin embargo, el final puede producir más de
un sinsabor: de hecho, existe uno alternativo, rodado para la versión estrenada
en los EE.UU.
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