Las más
importantes pandillas de Nueva York han sido citadas al norte del Bronx para
escuchar la propuesta de uno de sus líderes, Cyrus. Tras la reunión, Cyrus es
asesinado y los Warriors son acusados
del crimen, aunque en realidad ha sido el cabecilla loco de los Rogues. A partir de ese momento, los Warriors tienen que atravesar la ciudad
para llegar a su barrio, Coney Island, esquivando y enfrentándose a todas las
bandas que pretenden atraparlos. Curiosa y violenta epopeya urbana, de aire westerniano, dirigida con
acierto por Walter Hill tras sus estupendos El luchador y The Driver, adaptada
de la novela escrita por Sol Yurick sobre la Anábasis de Jenofonte, y con la violencia y la lucha por la
supervivencia como leit motiv de la
historia. Fue rodada en un clima social único (de exagerada y sensacionalista
preocupación por la seguridad ciudadana), que fue moldeado en todo un subgénero
cinematográfico muy de moda en la época. Meritoria puesta en escena (en un
Nueva York nocturno, semi desértico e inquietante) y soterrada fotografía para
una película que servirá de inspiración a otras cintas como 1997. Rescate en Nueva York (Jon
Carpenter) y a videojuegos, aunque tanto el guión como las interpretaciones no
destaquen precisamente ni por su brillantez ni por su credibilidad. Pero es que
la excusa argumental no necesitaba más. De hecho, In the City, el tema de los Eagles
con el que finaliza la película, lo dice bien claro: en la ciudad, de lo que se
trata es de sobrevivir.
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miércoles, 5 de junio de 2013
viernes, 10 de mayo de 2013
Invasión
3.5*
Como decía Susan Sontag, el cine es principalmente un
arte visual y, además, una subdivisión de la literatura. Como también podría serlo el
cómic. De hecho, Juan Giménez y Ricardo Barreiro publicaron en los años ochenta
una de las obras maestras del cómic argentino, Ciudad, mitad arte visual mitad narración literaria y en donde se
describe una ciudad laberíntica e infinita, como Aquilea, la que aparece en esta
película de Hugo Santiago. El guión es obra de Adolfo Bioy Casares y de ese
gran cosmopolita que fue Jorge Luís Borges. El tema del todo-en-uno, tan querido
para el escritor, ya ha sido señalado por múltiples autores, incluido Alberto
Manguel en su libro de ensayos En el
bosque del espejo, de evidente título borgiano. Por otro lado, la premisa
argumental recuerda a El Eternauta,
auténtica piedra de toque del mundo de la viñeta argentina y un producto
magnífico y altamente viral, gracias al engarzado trabajo de Oesterheld y Solano.
El film es, por tanto, más que otra
cosa, una historia de ciencia ficción metafísica, racionalizada al extremo y desprovista
de casi todo elemento pasional o amoroso, como ocurre en general con toda la
literatura del escritor porteño. Con una planificación,
una puesta en escena y un montaje auténticamente experimental y que roza lo
bizarro, especialmente porque se desarrolla años después de las prácticas desarrolladas por la nouvelle
vague, la película termina por absorver al espectador, aún a costa del estupor, de la
incomprensión e, incluso, de algún que otro bostezo. En todo caso, en algunos
aspectos, el film parece prefigurar el ambiente opresivo que el PRN
instituyó en la argentina entre 1976-1983. El órgano colegiado que perpetró
esta extraña obra pariría en los siguientes años alguna más en la misma línea,
como Los otros.
Etiquetas:
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