El éxito del video musical de Thriller, dirigido por John Landis a
comienzos de la ultraconservadora década de los ochenta, propició que el mundo de
los muertos vivientes llegara a las pantallas de todo el mundo y se hiciera mainstream. Bueno, el video de Michael
Jackson y la filmografía de George A. Romero, para qué negar lo evidente. Entre
las producciones fantaterroríficas que salpicaron de sangre, vísceras y
cerebros purulentos los maravillosos años ochenta, destaca la producción de Dan O’Bannon, El regreso de los muertos
vivientes, una película simpatiquísima de cuyos imberbes espectadores
admiraron, por igual, su humor negro, sus efectos especiales truculentos y sus
tintes erótico festivos. Además, había un marcado mensaje anti gubernamental, una
recuperación nada nostálgica del punk
y un enaltecimiento del género zombie.
Tres años después de este suculento bocado, el guionista y director parece
sacarse de la manga una especie de remake
(o versión simple) del film de 1985.
Aunque, eso sí, enfocado a un público más adolescente y no tan marcadamente
juvenil. ¿Qué tienen en común ambas películas? La premisa: un barril cae por
accidente de un camión militar y la lía parda en un pequeño pueblo. En el film
de O’Bannon en un cementerio. En el segundo caso, en una pequeña ciudad
USAmericana en construcción. Un buen programa doble para ver con la chavalería.
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miércoles, 31 de agosto de 2016
martes, 21 de junio de 2016
Fundido a negro (Aka Fade to Black)
3*
Cuando tu vida es como una
película tienes un problema. Es verdad que en multitud de ocasiones, muchos
espectadores normales se comportan o hablan como siguiendo un guión, como
reproduciendo una telenovela. Puedes vampirizar la vida real, como el
protagonista de Arrebato. Puedes
vampirizar tu propia existencia, como el Martin
de Romero. Pero si cada escena de tu vida tiene su plano y su contraplano en un
film de Hollywood, si el cine te ha fagocitado,
si todo te recuerda a alguna imagen cinematográfica (como el protagonista de Dream On), entonces, no tienes ninguna
posibilidad. Tendrás que ascender y tendrás que caer, como ha hecho mil y una
vez la fábrica de sueños
californiana. Con esta premisa, el joven director Vernon Zimmerman rindió
pleitesía a la industria del celuloide, con una obra personalísima en la que
desfilan decenas, cientos de homenajes, guiños, movie clips y múltiples referencias
a la historia del cine. Y es una delicia encontrar dichas referencias,
descubrirlas y saborearlas tras cada plano, tras cada línea de diálogo, tras
cada nombre, tras cada escena. Y también es una delicia ir siguiendo esta
extraña producción, mitad comedia juvenil de los ochenta, mitad cine de terror,
mitad policíaco con psicópata, mitad drama social, mitad cinefilia decadente. Una
sorprendente mixtura de cine de géneros (en el sentido literal de la palabra),
rodada y montada con admirable pericia y con una interpretación widmarkiana de su joven protagonista,
Dennis Christopher (aunque con un punto de Roddy McDowall). Por cierto, como
curiosidad, aparece un jovencísimo Mickey Rourke.
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lunes, 29 de febrero de 2016
El terror llama a su puerta (Aka Night of the Creeps)
3*
Imagínense el Vinieron de dentro de…, de David
Cronenberg, pero rodado con la pulcritud de una comedia universitaria
USAmericana de la época dorada. Si se le añaden algunas de las convenciones de
las películas de zombies y una excusa argumental calcada de los Critters o, incluso, de Fuerza vital, entonces, solo entonces,
tendremos esta estupenda creación de Fred Dekker, el mismo director de House, una casa alucinante. El film es un homenaje permanente al cine
estudiantil de la ultraconservadora década de los ochenta, al que se le ha
metido con calzador una trama de invasiones extraterrestres que transforman en
descerebrados lo que ya, de alguna manera, está un poco descerebrado: la mente
de un universitario medio. Y todo encaja perfectamente. Dekker ha dado con una
fórmula muy atractiva. Hasta el punto que Robert Rodriguez (en The Faculty) y David Nutter (en Comportamiento perturbado) la explotarían
unos cuantos años después. La única pega a la función es el ritmo de algunas
secuencias, el retardo de algunas réplicas-contrarréplicas, así como el timing general de la narración. Por lo
demás, una película estimable, que tiene una composición estética admirable
(50% Lynch, 50% Bava) y unos FX como
de clase de pretecnología, como debe ser.
jueves, 28 de enero de 2016
Terror y encajes negros
3*
Siempre se ha dicho que Luis
Alcoriza es el principal discípulo de Luis Buñuel, un creador que tiene entidad
propia pero que siempre estará a la sombra del maestro. Sin embargo, revisando
su filmografía, el espectador atento puede advertir que Alcoriza tiene entidad
por sí mismo. Ahí están sus obras Tlayucán
o Las fuerzas vivas para constatarlo.
Es verdad que hay elementos del cine de Buñuel en su obra (especialmente de la
comedia negra y de la sátira) pero eso tiene fácil explicación: ambos
colaboraron juntos en varios guiones para films
del aragonés. Por otro lado, en el cine de Alcoriza aparecen otros elementos
novedosos respecto del creador de Los
olvidados. En esta ocasión, Alcoriza trama una comedia terrorífica, es
decir, una obra mixta, donde el “terror” lo pone un profesor psicopático
(Claudio Obregón), obsesionado con las melenas femeninas. Y los “encajes negros”
se los pone una hermosa mujer (Maribel Guardia), que está casada con un
mexicano extremadamente celoso y posesivo (Gonzalo Vega). Hay un momento en que
el espectador sabe que ambos elementos se van a cruzar y vislumbra cuándo y
cómo va a producirse. Incluso sospecha el punto sarcástico que Alcoriza va a
imprimir al desenlace. Pero lo que no se imagina es la extraña y satírica película
de serie B que nos traemos entre manos. Una obra diferente, imprevisible,
entretenida, divertida.
martes, 29 de diciembre de 2015
The Lobster (Aka La langosta)
2.5*
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| Dedicada a Alicia López |
The Lobster es el hermano rico de Canino. Sí, queridos lectores, el tal Yorgos Lanthimos está de moda, es uno
de los directores favoritos del candelero gafapasta o wanna-be nerd. Tiene pocas películas, su obra es distante (en el
doble sentido de la palabra) y, hasta hace pocos años, era difícil de conocer
pero, aún así, está remojando poco a poco la tierra ya empapada donde crece el
cine Europeo. Y no es casualidad. Sus películas vienen de Grecia, ese extraño
país, una especie de lámpara Zettel de la modernidad, donde todo está
desmembrado y se cae a trozos. Sus películas son raras, con una extraña mezcla
de convencionalismo cinematográfico y discordia temática. (Como en el cine de
Haneke). Sus historias compaginan con descaro una cierta y distante humildad en
la puesta en escena y un raudal de agresividad subterránea y escenas de sexo
extemporáneo (También, en este caso, como el cine de Haneke). Igual es que
quiere escandalizar… (Como Haneke). Ha tenido un gran éxito reciente, tanto en La Croisette como en el estrecho
circuito del Cine de VOS, con el cual ha conseguido convencer a un elenco tutti frutti Hollywoodiense para su desconcertante
siguiente obra, una sátira falsamente futurística y más bien swiftoniana (en cierta forma, similar a Alps) sobre la palpitante dificultad
actual de conseguir y de mantener una relación de pareja. Ya lo decía Boris
Yellnikoff en Si la cosa funciona: la
mayoría de las relaciones de pareja son pasajeras. Pero bueno, aún así, se
puede seguir contando historias de amor. Sobre todo si se quiere conquistar al
espectador palomitero (cough, cough), con una historia de amor ciego. Lanthimos se sale del tiesto con una historia excéntrica y curvada (¿es mejor
estar solo o en pareja?), que se hace un tanto larga y que no es especialmente
inteligente, ni ingeniosa ni original. De hecho, tanto temática como, sobre
todo, formalmente, el estilo visual parece inspirado en el Fahrenheit 451 de Truffaut, en El dormilón o en The Hotel, la serie de televisión británica. Aunque con clarísimas influencias
de Kubrick. Curiosamente, el hotel donde se desarrolla esta historia de
supervivencia langostera, parece una fusión del Overlook y el Dansem Dene.
Con ese home schooling inspirado en El bosque que es Canino, Lanthimos nos recordó la absoluta arbitrariedad que se
esconde detrás de nuestras convenciones vitales. La vida es una farsa
desafinada. Ahora nos pone frente a un film
pasajero de amantes. O de amantes pasajeros. Como el de Almodóvar. En ambos
sentidos.
sábado, 15 de agosto de 2015
Bienvenidos a Zombieland (Aka Zombieland)
3*
Siguiendo a Guy Debord, la
premisa de esta película bien podría ser la siguiente: si vivimos en lo que se
denomina “la sociedad del espectáculo”, ¿por qué todo es tan aburrido? ¿Por qué
el espectáculo nos produce tanto sopor? ¿Y por qué nos aburrimos tanto en nuestros
escasos momentos de ocio? Pues bien, para que esto no nos ocurra, y siguiendo
esta premisa, Rubén Fleischer (el director de la homóloga 30 minutos o menos), factura la penúltima parodia de ese soñado Apocalipsis
zombi que es el sino de los habitantes-freaks de la sociedades Occidentales contemporáneas.
En la línea de Zombies Party, Desmembrados, Memorias de un zombi adolescente o Juan de los muertos, la película está plagada hasta la saciedad de
homenajes/guiños cinéfilos y momentos de coña. Pero tiene algo que la diferencia
del resto de zombiemovies: un cameo
francamente gamberro de Bill Murray. Lo que el espectador va a contemplar es
una auténtica montaña rusa de acción, vandalismo y disfuncionalidades sociales
con unas gotas de humor post traumático y el protagonismo de un Jesse Eisenberg
pre La red social. Un film recomendable para una de esas dead nights que todo el mundo sufre
entre semana, en esa carrera hacia la muerte cuyos boxes son los fines de semana. Por cierto, como era de esperar, ya se
ha anunciado una segunda parte.
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jueves, 9 de abril de 2015
Juegos sucios (Aka Cheap Thrills)
3*
Dos amigos se encuentran en un
bar. Uno acaba de ser despedido y vive con su mujer y su bebé a punto de ser
desahuciados (Pat Healy). El otro es un crápula que vive a salto de mata, entre mujeres y
drogas. Mientras celebran su reencuentro, reviven los años de instituto y se
quejan de sus miserias actuales, un cuarentón opulento de Los Angeles les
ofrece compartir con ellos el cumpleaños de su joven y hermosa mujer. Según
avanza la noche, la pareja high class
propondrá a los amigos lumpen toda
clase de pasatiempos pecuniarios (cheap thrills) para su propio y superficial regocijo. Pero lo que no saben los
amigos es que la intensidad y dureza de las pruebas irán incrementando conforme
se desquicie la juerga. El joven director neoyorkino E.L Katz, encaja en poco
más de una hora y viente, una versión gore de Project X: es decir, una fiesta que se sale de madre, pero esta vez
de la peor de las maneras. O de la mejor, según se mire. Situaciones estereotipadas,
contexto de crisis económica, lucha por la supervivencia, moral blue collar y una visión ácida y cruel de
las clases pudientes (como la de Entre
pillos anda el juego) son los retazos temáticos y argumentales del
experimento. El resultado, paradojas a parte, es un brindis por la osadía del
conformismo. Una burla contra el matón del cole.
jueves, 15 de mayo de 2014
Juan de los muertos
2.5*
Dos amigos sobreviven en Cuba trapicheando como
pueden. Pero, un buen día, un virus se propaga por La Habana y los cubanos
comienzan a transformarse en zombies. Al comienzo, se acusa a la disidencia
insular en connivencia con el gusano USAmericano pero pronto se comprende que
el asunto es más grave de lo que parece. Coproducción cubano-española, a
iniciativa del propio director, y rodada en la propia isla. Alejandro Brugués
propone una relectura de género a la vez que plantea una más que evidente
crítica al anquilosamiento en que vive la revolución, la revolución de los zombies. De todas formas, la
relación entre el cine de zombies y la alegoría política tampoco es novedosa:
toda la obra de Romero rezuma de esta contundente mezcla. El acabado se queda en
el pasillo que une el amateurismo y
lo profesional: la fotografía es plana (digital, monocromática), los efectos
digitales no son del todo convincentes, el maquillaje es mediocre y se abusa de
la sangre pixelada. Por último, el control del ritmo no está suficientemente
sopesado y las situaciones supuestamente dramáticas hacen agua (igual por la música). Aunque, por otro lado, hay suficientes guiños y homenajes para hacer
el visionado un tanto entretenido, por lo menos desde el punto de vista
cinéfilo. Además, el espectador recuerda ¡Vampiros en La Habana! y se sonríe del tiempo que ha pasado. Por otro lado, entre el mosaico de interpretaciones, se pueden destacar un par de
ellas pero, en general, hay una limitación clara en este sentido. En
definitiva, el argumento no sorprende, el desarrollo no asusta, los gags no hacen mucha gracia y la acción
no entretiene. Lo más destacable, además de la curiosa premisa de base (una
empresa que se deshace de los muertos vivientes), es el hecho de que se haya
materializado en pleno régimen castrista. Por cierto, en toda la película no se
pronuncia ni una sola vez la palabra zombie, por lo menos en castellano.
viernes, 25 de abril de 2014
El hombre que nunca estuvo allí
4*
Los hermanos Cohen, fieles a su espíritu transgresor pero también apegados a su potente conocimiento de la tradición
cinematográfica USAmericana, establecen una serie de múltiples contrastes entre
varios componentes del film: el
homenaje a muchas convenciones del género negro, especialmente a la obra de
James M. Cain (voz en off,
infidelidades, asesinatos, chantajes, etc.) al que añade un par de subtramas
interesantes (especialmente la de la formación musical); una BSO que alterna la
música clásica (de Beethoven) y un par de cortes de piano y violines de Carter
Burwell; una película pegada a la tierra (Santa Rosa, ese pequeño pueblo de
California) pero con una fotografía a veces neblinosa del gran Roger Deakins
(mitad tabaco y mitad vacilación); una película que se basa en la búsqueda de
la verdad (aunque la verdad “de jaqueca”), en el desentrañamiento judicial de
un caso de asesinato, pero que se encorva ante el principio de incertidumbre de
Heisenberg, defendido por un personaje memorable, Freddy Riedenschneider (“a
veces nuestra mirada altera lo que vemos, desconocemos lo que ha ocurrido de
verdad o lo que hubiera ocurrido si no hubieramos metido las narices en un
asunto”). Y, sobre todo, ese argumento contado al ritmo del discreto peluquero
que lo protagoniza y esa ironía constante, desde el principio hasta el final,
desde su concepción en color hasta su estreno en B&W. Por otro lado, el casting es realmente apropiado, tanto
Billy Bob Thornton como Frances MacDormand portan rostros de finales de los
cuarenta, de 1949, al igual que James Galdolfini, Michael Badalucco, Tony
Shalhoub o Scarlett Johansson, pero el que marca la diferencia es Jon Polito,
que compone un personajes a la altura de su talento. Una película que parece
que solo tiene una cara pero que mira al espectador con mil y un rostros, los
de los múltiples temas y asuntos que pasan por sus fotogramas (hasta hay una
referencia a las conspiraciones marcianas de los cincuenta, muy Daniel Clowes).
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lunes, 3 de marzo de 2014
Machete
2.5*
Ultraviolenta, llena de sanguinolentos
efectos digitales, tacones y sexo jamesbondiano, Robert Rodríguez presenta su
enésimo homenaje hard al cine de
Leone, con gotitas de Carpenter y de Cheech & Chong. Aunque la etiqueta que mejor define a Machete es, sin duda, la de parodia, a mitad de camino entre el cartoon, la extravaganza y el trailer ampliado. Estilisticamente, el
director texano (junto a su último
editor) se adapta a lo que cuenta y va
tomando prestado de aqui y de alla tanto ideas visuales como soluciones de
puesta en escena y montaje si bien la iluminación, obra de Jimmy Lindsey, es
una auténtica maravilla. Estereotipada en personajes, contenido y diálogos, el film cuenta con pequeños lapsus de humor fino y con una simbología
religiosa y política explicita y evidente, para hacer quedar bien al espectador (como la ironía final). Comienza
como los míticos programas grindhouse de los setenta, tan queridos por el tándem Rodriguez/Tarantino pero, en seguida,
se transforma en una parodia de las películas de Steven Seagal o de la Cannon, aunque con ese sabor Mexicali
propio de un Peckinpah o un Sollima. Una historia de frontera que John Sayles
ha contado con la fortuna que le caracteriza en Lone Star. Danny Trejo, ese Edward James Olmos tarantinizado, es un
actor excelente, dentro de su limitacion, pero este papel se le queda grande en
miradas y ademanes. El resto del reparto está aceptable en su sobreactuación,
aunque la musica es repetitiva y cansina, no aporta nada. De hecho, la banda de
sonido está altísima y saturada, con un volumen desquiciante.
viernes, 15 de noviembre de 2013
Underground
4*
Marko y Petar son dos personajes que viven enamorados de
la misma mujer, Natalia, lo que produce no pocos problemas entre ellos. Durante
la Segunda Guerra Mundial, Petar “Blacky” queda encerrado en un sótano, hecho
que Marko aprovecha para alejarlo de la realidad y para quedarse con Natalia.
Durante la dictadura de Tito, la Guerra Fría y la propia Guerra de Yugoslavia,
Marko hace creer a los que habitan en el sótano que la invasión nazi aun no ha
acabado, una premisa similar a Goodbye Lenin!. Underground es una película
histriónica, absurda, surrealista, que narra las andanzas y desventuras de un
pueblo durante cuatro décadas. Kusturica ofrece una imagen de su tierra natal
con los mismos cristales deformados con los que Pedro Almodovar o Aki
Kaurismaki retratan sus respectivas sociedades. Con la diferencia de que
Kusturica cuenta una historia con mucha garra e ingenio, dramática y cómica a
partes iguales. En este sentido, es un mix
casi perfecto porque Underground
tiene un elemento dramático (casi trágico), aunque no llega al nivel de El tiempo de los gitanos; tiene asimismo
un elemento surrealista (una especie de realismo mágico) aunque no llega a
rozar el nivel fantástico de su inconoclasta El sueño de Arizona; y, finalmente, tiene también un elemento
cómico aunque no llega al grado con el que está rodada La vida es un milagro (una versión balcánica de La vida es bella pero ambientada en la
Guerra de Bosnia). En definitiva, una radiografía esperpéntica, metaficcional y
ditirámbica de la Yugoslavia reciente, con una narración que se pierde en mil
vericuetos y que termina por arrastrar el film
hasta casi las 3 horas (165’). El retrato que ofrece Kusturica de la Yugoslavia
contemporánea puede ser complementado con el que presenta Srdjan Karanovic en Petria’s Wreath. Por cierto, la BSO, obra de Goran Bregovic, es una delicia.
![]() |
| Dedicada a Svetlana Radoulska |
viernes, 27 de septiembre de 2013
Beyond Re-animator
1.5*
La Fantastic Factory, en lo que supone un loable intento por implantar una industria del
cine de terror en España, ha coproducido 9 películas de género entre los años
2000-2006, rodadas en la piel de toro y con la colaboración técnico-artística
de distintos profesionales patrios. El espectro se mueve entre la estimable Dagon, la secta del mar y las costrosas Arachnid o Rottweiler, por ejemplo. En este caso, la idea era continuar
temáticamente el filón abierto con Re-animator,
una auténtica cult movie de los
ochenta que mezclaba con cierto tino el terror y la comedia bajo la apariencia
de una historia lovecraftiana. Brian Yuzna (sí, el creador de las apreciables Society y La novia de Re-animator) dirige un excremento cinematográfico que
no satisface ni a los seguidores del fantaterror ni a los seguidores de las
comedias más descacharrantes. Para terminar de redondear este bochornoso film, la película acusa un humor soez (ciertamente
apropiado para un público pustulante), unos efectos especiales mugrientos y
unos actores particularmente desencajados como Elsa Pataky y Santiago Segura
(más allá de la belleza interpretativa de la una y del desparpajo genético del
otro). Sin embargo, y casi como único input,
la película cuenta con la presencia del protagonista de la saga Herbert West,
el propio Jeffrey Combs. En definitiva, una muestra más del infinito y pulutante
infracine que se perpetra en uno y mil lugares de este, nuestro querido y
sorprendente orbe.
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Terror
sábado, 31 de agosto de 2013
Un tipo serio (Aka A Serious Man)
3.5*
Exceptuando Fargo, la grandeza de los hermanos Coen
parece que se condensa en sus obras menores, como Barton Fink, El hombre que
nunca estuvo allí o Quemar después de
leer. Obras como Muerte entre las
flores o El Gran Lebowski, pagadas
de sí mismas, denotan un estancamiento de ideas, un estilo manierista y una
narración enrevesada (continuamente entorpecida y estirada hasta el ardor), que
hacen sonrojar al espectador habituado a su filmografía. Algo parecido a lo que ocurre con los dos volúmenes de Kill Bill de Quentin Tarantino. Por su parte, Un tipo serio es la película más extraña
de su carrera, por intenciones, por temática y, por supuesto, por
resultados. Una película de fuertes resonancias filosóficas pero con un sutil
sentido del humor y una naturaleza enigmática que, ciertamente, no será del
agrado de todo el mundo. Una película arriesgada en el contenido y muy
atractiva en la forma, con una fotografía muy cuidada (obra del gran Roger Deakins), tanto como la puesta en escena, la ambientación y, por supuesto, los
personajes, convincentemente interpretados por un conjunto de excelentes
actores. Una película que comienza y termina con dos secuencias crípticas,
irresolubles, como críptico es también el desarrollo de la acción y, sobre
todo, el significado que los Cohen pretenden otorgar al film, como si de un cuento de Kafka se tratare. De hecho, la obra ahonda en esa incerticumbre propia de los tiempos que corren. Por otro lado, hay
múltiples referencias a la religión y a la cultura judía, algo que va
facilitando la comprensión de una buena parte de la historia y de los
acontecimientos que se suceden, como la referencia al disco Abraxas de Santana (un término gnóstico
para referirse a Dios) y la negativa del protagonista a adquirirlo: de esta
manera, los Cohen parecen querer decir que el pusilánime, despistado y sufrido
protagonista rechaza a Dios. Así, la película parece encaminarse hacia algún
tipo de explicación aunque simplemente nos retrate a un tipo que quiso ser
serio y que nos hizo reflexionar y sonreír con sus calamidades.
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