En pleno auge del slasher, J.S. Cardone estrenó este
curiosísimo exponente del género, ambientado en una isla (del estado de
Georgia) y con el protagonismo de dos parejas que deciden pasar unos días de
vacaciones, dedicándose a descansar y a pescar. Durante su estancia en la isla,
los visitantes sufrirán los ataques de lo que parece ser un psychokiller. Pero para terminar de
complicar el asunto, el director introduce un elemento sobrenatural. Una de las
jóvenes, artista para más señas, tiene unas pesadillas que parecen muy reales y
que parece, también, que adivinan el futuro. Así ha sido desde pequeñita. Y, de
hecho, uno de esos sueños siniestros, un cruel y extraño asesinato, le persigue
hasta la isla. Cardona rueda con un estilo límpido y sin grandes ostentaciones
estilísticas, salvo los planos picados y contrapicados, alargando la trama
mediante un ritmo parsimonioso, que pretende crear una conveniente atmósfera de
aislamiento y amenaza. Los asesinatos son relativamente cruentos, además de
sangrientos y sorprendentes, al igual que el catártico (y ambiguo) final. Pero
lo más destacable del film es que
parece contener el germen argumental de algunos éxitos posteriores del terror
contemporáneo, como de Pesadilla de Elm
Street o de Sé lo que hicisteis el
último verano.
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lunes, 7 de noviembre de 2016
jueves, 13 de septiembre de 2012
Viaje alucinante al fondo de la mente
3*
Con la ayuda de
un tanque de aislamiento (popularizados por John Lilly), el faústico doctor
Eddie Jessup (un guapísimo William Hurt, en su debut cinematográfico) pretende
inducir el tipo de trance que necesita para sus investigaciones sobre los
estados alterados de conciencia. Aunque, en realidad, su interés principal es
la búsqueda del yo original y verdadero, algo que cree tangible y que puede
estar conectado con la memoria de la especie (de la que hablara Freud). Para
ello, el doctor se apoyará en el consumo de una droga alucinógena que excita la
memoria y que es utilizada por tribus indias mexicanas, todo ello en la línea
de Carlos Castaneda. Ken Russell da rienda suelta a sus obsesiones sexuales y religiosas
en esta desmedida y un tanto
presuntuosa historia sobre regresiones genéticas
(lo que parece un remake de The Neanderthal Man), donde las alucinaciones
tienen un extraño poder de seducción porque están muy bien rodadas, así como
solventes son los efectos visuales y los FX.
Sin embargo, tras unos fascinantes 50 primeros minutos, la historia deja paso a
una cacería bastante insípida que se desarrolla hasta producirse un clímax
final bastante convencional. Alguna escena, por lo demás, influiría en Un hombre lobo americano en Londres. Hay
que saber que el guionista, Paddy Chayefsky, rechazó el resultado y que, por
temática, es una película que podría haber rodado Andrei Tarkovsky, según
revela el propio Russell en su autobiografía.
Etiquetas:
1980,
Ciencia Ficción,
Ken Russell,
Paddy Chayefsky,
Sueños,
Tanques de aislamiento,
Viaje alucinante al fondo de la mente,
William Hurt
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