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lunes, 7 de noviembre de 2016

El asesino de la isla (Aka The Slayer)

2.5*

En pleno auge del slasher, J.S. Cardone estrenó este curiosísimo exponente del género, ambientado en una isla (del estado de Georgia) y con el protagonismo de dos parejas que deciden pasar unos días de vacaciones, dedicándose a descansar y a pescar. Durante su estancia en la isla, los visitantes sufrirán los ataques de lo que parece ser un psychokiller. Pero para terminar de complicar el asunto, el director introduce un elemento sobrenatural. Una de las jóvenes, artista para más señas, tiene unas pesadillas que parecen muy reales y que parece, también, que adivinan el futuro. Así ha sido desde pequeñita. Y, de hecho, uno de esos sueños siniestros, un cruel y extraño asesinato, le persigue hasta la isla. Cardona rueda con un estilo límpido y sin grandes ostentaciones estilísticas, salvo los planos picados y contrapicados, alargando la trama mediante un ritmo parsimonioso, que pretende crear una conveniente atmósfera de aislamiento y amenaza. Los asesinatos son relativamente cruentos, además de sangrientos y sorprendentes, al igual que el catártico (y ambiguo) final. Pero lo más destacable del film es que parece contener el germen argumental de algunos éxitos posteriores del terror contemporáneo, como de Pesadilla de Elm Street o de Sé lo que hicisteis el último verano.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Viaje alucinante al fondo de la mente

3*

Con la ayuda de un tanque de aislamiento (popularizados por John Lilly), el faústico doctor Eddie Jessup (un guapísimo William Hurt, en su debut cinematográfico) pretende inducir el tipo de trance que necesita para sus investigaciones sobre los estados alterados de conciencia. Aunque, en realidad, su interés principal es la búsqueda del yo original y verdadero, algo que cree tangible y que puede estar conectado con la memoria de la especie (de la que hablara Freud). Para ello, el doctor se apoyará en el consumo de una droga alucinógena que excita la memoria y que es utilizada por tribus indias mexicanas, todo ello en la línea de Carlos Castaneda. Ken Russell da rienda suelta a sus obsesiones sexuales y religiosas en esta desmedida  y un tanto presuntuosa historia sobre regresiones genéticas (lo que parece un remake de The Neanderthal Man), donde las alucinaciones tienen un extraño poder de seducción porque están muy bien rodadas, así como solventes son los efectos visuales y los FX. Sin embargo, tras unos fascinantes 50 primeros minutos, la historia deja paso a una cacería bastante insípida que se desarrolla hasta producirse un clímax final bastante convencional. Alguna escena, por lo demás, influiría en Un hombre lobo americano en Londres. Hay que saber que el guionista, Paddy Chayefsky, rechazó el resultado y que, por temática, es una película que podría haber rodado Andrei Tarkovsky, según revela el propio Russell en su autobiografía.