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viernes, 30 de junio de 2017

Mis 5 imprescindibles de Sal Mineo:


-       Rebelde sin causa (1955).
-       Gigante (1956).
-       The Gene Krupa Story (1959).
-       El gran combate (1964).
-       Huida del planeta de los simios (1971).

sábado, 24 de septiembre de 2016

El ferroviario

3.5*

Si se hiciera una precuela para contar la vida de una típica familia italiana trabajadora, de una de esas que pueden estar detrás de tantas y tantas películas de gángsteres y de mafiosos ítaloamericanos, de una de esas familias que frente a las necesidades del país tuvo que emigrar al país de las oportunidades, este film podría ser perfectamente esa precuela. Es verdad que la intención del director, Pietro Germi, no fue esa, desde luego. Es verdad que por mediación de Carlo Ponti, la película acaba con final feliz y, además, resalta el elemento paternal y conservador de la institución familiar. También es verdad que no todas las familias que emigraron a los USA formaron parte de mafias familiares. Faltaría más. Pero igualmente es verdad que el neorrealismo italiano estaba muy cerca y que los sufrimientos y los padecimientos de todos los miembros de la familia se sienten cercanos y muy reales y que, por esta razón, un espectador sensible puede comprender con facilidad por qué fue tan habitual la necesidad de emigrar a los EE.UU. de América por parte de tantos y tantos italianos de la postguerra, especialmente de las partes más pobres del país. Por subrayar dos elementos admirables de la película, habría que destacar la aparición de la hermosa Sylva Koscina, en su segundo papel cinematográfico, así como el personaje de Sandrino (diminutivo de Alessandro), un personaje que se adelanta al de tantas otras películas que vendrían después (como el de Cinema Paradiso, por ejemplo). En definitiva, una película realista (casi naturalista), cercana al tipo de historias que se cuentan en esos típicos melodramas tele-fílmicos pero con muchísima más elegancia, maestría y buen gusto. Un clásico medio olvidado del cine italiano.

miércoles, 6 de julio de 2016

La torre de los ambiciosos (Aka Executive Suite)

3.5*

De igual forma que Alexander McKendrick expuso con crudeza la forma en la que los medios de comunicación representan el 4º poder en las sociedades que se desarrollaron tras la 2ª G.M., Robert Wise lanza un punch a todos esos idealistas ignorantes que consideran que la razón de ser de una empresa no es el simple y puro beneficio económico. Con una dirección milimétrica, cuidada hasta el detalle y no exenta de ciertas audacias en la planificación, y con un puñado de asombrosas interpretaciones (William Holden, Shelley Winters, Barbara Stanwick, Fredric March, Louis Calhern), Wise destripa con sofisticación y crudeza ese “capitalismo americano” del que habló J.K. Galbraith, así como las pugnas de poder en los más altos órganos de dirección. La trama se centra en el momento en que una gran compañía de base familiar, casi unipersonal, se queda sin su cabeza decisora y todos los ejecutivos y asesores se lanzan en picado para conseguir hacerse con el poder. La voz en off del comienzo así lo avisa al espectador: los que tienen en sus manos los más grandes negocios también están condicionados por las tentaciones que padecen las personas normales. ¡Faltaría más! La película retrata ese mundo de grandes decisiones empresariales, esas que el público no cree que pueden influir a cientos, a miles de familias de trabajadores y de clases medias (esas clases que Galbraith considero las víctimas de “la sociedad opulenta”). Y sí que afectan. Y mucho. Como así resalta el excelso guión de Lehman (el mismo artífice de Chantaje en Broadway). Un guión que, final y lastimosamente, acaba deslizándose hacia la más burda “ciencia ficción”. Pero eso no desmerece el enorme esfuerzo por desvelar las razones egoístas y cainitas que están detrás de eso que hemos llamado “el capitalismo”, que lo único que significa es, en realidad, “capital”. Pero no para ti ni para mi. 

martes, 28 de junio de 2016

El asesino anda suelto (Aka The Killer is Loose)

3*

En una famosa portada de un comic de Mauro Entrialgo, un asesino encapuchado se encuentra sentado en el water haciendo sus necesidades mayores. La onomatopeya que se puede leer es “prefabsprout”. Así, como si fuera uno de esos soniquetes escatológicos tan queridos por Quevedo o por Mozart. Y la leyenda de la viñeta reza: “el asesino anda suelto”. Bromas y juegos de palabra aparte, Budd Boetticher le puso el mismo nombre a este thriller serie B sobre un asesino que se escapa de la cárcel para matar a la esposa del policía que le recluyó. El asesino es Wendell Corey, el policía Joseph Cotten y su esposa Rhonda Fleming. La narración es concisa como un relato de Hemingway, los diálogos secos como los de John Fante y la fotografía, de un noir como solo el cine de Hollywood podía plasmar (por obra y gracia del luego admirado Lucien Ballard). Un film estimable, muy bien narrado y robusto en todos sus aspectos técnico-artísticos y que fue estrenado antes de la serie Ranown Cycle, esos 7 Westerns que el director rodaría con Randolph Scott, amante secreto de Rock Hudson y un actor al que Boetticher lanzó al estrellato a finales de la década de los cincuenta.

domingo, 15 de mayo de 2016

Mis 5 imprescindibles de Gloria Grahame:


-       Roughshod (1949).
-       Los sobornados (1953).
-       Oklahoma (1955).
-       El hombre que nunca existió (1956).
-       Sangre y encaje (1971).

martes, 15 de marzo de 2016

Mis 5 películas de ciencia ficción clásicas imprescindibles (1):


-       Metrópolis (1927).
-       Ultimátum a la tierra (1951).
-       Planeta prohibido (1956).
-       La invasión de los ladrones de cuerpos (1956).
-       El tiempo en sus manos (1960).




viernes, 8 de enero de 2016

Calle mayor

3.5*

¿Tiene alguna relación esta obra maestra de la historia del cine español con la novela Main Street (Calle Mayor, en su traducción más habitual)? Por el título, uno diría que sí. Comparando los temas esenciales (una sátira de las costumbres y vicios de un pequeño pueblo de “provincias”), sigue manteniéndose la similitud. Cotejando las biografías de sus respectivos autores (Juan Antonio Bardem y Sinclair Lewis), uno sigue tentado a sostener su semejanza. Sin embargo, las tramas se distancian porque donde Lewis hace de Carlo Kennicott, su heroína, un prototipo de ese liberalismo individualista que lucha contra la hipocresía y el convencionalismo sociales, Bardem transforma a (Betsy Blair) en objeto de las burlas de esos crueles inocentes fellinianos, que pululan por la película, que planean la “burla” y que la ejecutan. En todo caso, las intenciones realistas y críticas son palpables en ambas obras. Así, Bardem resalta, para criticarla, esa supervivencia larvaria de la España franquista de provincias, mitad mediocridad, mitad estupidez, como esa que aparece retratada en el París de la Memoria de Georges el amargado, del gran Mirbeau, uno de los escritores favoritos de Luis Buñuel. Y todo ello puesto en escena con la facilidad de la que hacía gala el Bardem del período (no así el último, el de Resultado final o el de El joven Picasso, falto de sofisticación e ingenio). En definitiva: un clásico del cine español, comparable con algunas de las mayores conquistas del arte progresista conemporáneo.


martes, 23 de junio de 2015

Manolo guardia urbano

2.5*

Se narran las andanzas y aventuras de Manolo, agente municipal de tráfico en el Madrid de los cincuenta, destinado en la glorieta de Cibeles, nada menos. La trama comienza el mismo día en que el guardia urbano da a luz a su primer hijo, veinte años después de su matrimonio con la Dolores. Bueno, en realidad da a luz la susodicha esposa. Haciendo de ella y de él sendos padres. Lo que transforma a Manolo en un hombre completo y cabal. A continuación, y siguiendo a pies juntillas el guión de Pedró Masó y del propio director, la película va dando cuenta, en clave de comedia, de las principales peripecias del ámbito familiar y profesional del protagonista, mostrando, de forma parsimoniosa, distintos sketchs corales de un Madrid bonachón y bienintencionado, alejado de esas otras representaciones cercanas al cine social (como las de Nieves Conde) o a la serie negra USAmericana (como las de José María Forqué). O, incluso, del Madrid de Luis Marquina, con olor a barquillo, a cocido y a betún. En este sentido, el film se acerca a esas otras distintas manifestaciones artísticas de la época, especialmente al franquismo del Tebeo/TBO, que daban cuenta de esa picaresca propia del país y de esos personajes entrañables y queridos, que tantas y tan buenas sonrisas pusieron en el rostro de los españoles de bien del momento. Como muy bien ha dejado dicho el gran Carlos Aguilar, estamos ante una de las dos obras maestras de Rafael J. Salvia, junto a ¡Aquí hay petróleo!


miércoles, 14 de enero de 2015

Calabuch

3.5*

El afectuoso científico Jorge Serra Hamilton (último papel del entrañable Edmund Gwenn) huye de sus contactos con la ciencia y los militares y se refugia en un pequeño pueblo de la costa española, símbolo del país en su conjunto. Corre el año de 1956 y entre las gentes mediterráneas no se conoce casi nada de la energía nuclear ni de las bombas atómicas, handicap que al doctor le parece algo encantador, tanto como la misma vida del pueblo, rebosante de autenticidad pero también de peculiaridades esperpento-surrealísticas. Crítica hermosa de la estupidez autodestructiva humana (en un nivel), canto a la sencillez de las formas de vida rurales (en el otro), aunque sin escatimar varias bofetadas a esa forma de vida carpetovetónica tan nuestra (con el cura, el cabo de la guardia civil, el alcalde y el falangista controlando todo lo que pasa en la comunidad). Como decía el propio Berlanga, una película un tanto patriarcal y bocetística pero que, sin embargo, se cuenta entre las producciones más modernas del cineasta. Repleta de esa sabiduría concentrada en planos secuencia, prototipo de la puesta en escena que caracterizaría el cine posterior del genio valenciano, el film (curiosamente) no está escrito por el tándem Berlanga/Azcona. Y eso se nota, por cierto, ya que el resultado final tiene algún que otro bajón rítmico y dramático. En todo caso, una maravilla de película, rodada en plena autarquía franquista aunque con la vista puesta en otras realidades

sábado, 12 de julio de 2014

Jubal

3.5*

El mismo año en que Centauros del desierto cobró vida en las pantallas de todo el mundo, Delmer Daves estrenaba una de sus mejores producciones, con el protagonismo de cuatro actores de carácter: Glenn Ford, Rod Steiger, Charles Bronson y Ernest Borgnine, quien acababa de protagonizar la estupenda Marty. Además, el film cuenta con la presencia de Valerie French y del siempre torvo Jack Elam. El argumento es muy sencillo: Jubal, un atormentado cowboy, llega a un rancho donde enseguida entabla amistad con Shep, el rudo propietario, mientras que la hermosa mujer del mismo comienza a seducirlo, causando que Pinky, su anterior amante, comience a sentir celos de Jubal y envidia de su reciente éxito en la finca, con resultados bien trágicos. Es decir, el argumento es una versión actualizada del Othello shakesperiano aunque ambientada en la boscosa Wyoming y en la vida de frontera. Por ello, lo importante en la película es más la disección de los traumas y deseos de los personajes que las acciones que realizan y las consecuencias de las mismas. Aunque éstas, a la postre, también son importantes, como corresponde a todo Western que se precie de ese nombre. La novela original, por cierto, es obra del reputado Paul Wellman, autor de historias tan potentes como las de Apache o Los comancheros. La puesta en escena es compacta y robusta como una res, la fotografía captura con enorme belleza los hermosos paisajes naturales que abrazan la historia y la música empuja a toda la narración con esa sutileza propia de las mejores partituras. En definitiva, un Western tan redondo y entretenido como desconocido.

sábado, 31 de mayo de 2014

Mis 5 imprescindibles de Grace Kelly:

-       Solo ante el peligro (1952).
-       Mogambo (1953).
-       La ventana indiscreta (1954).
-       Los puentes de Toko-Ri (1954).
-       Alta sociedad (1956).


jueves, 20 de marzo de 2014

El sueño negro (The Black Sleep)

3*

Cuando un espectador se encuentra, de repente, con los títulos de crédito de una película y aparecen, nada menos, que Basil Rathbone, Akim Tamiroff, Bela Lugosi, Lon Chaney jr., John Carradine e, incluso, Tor Johnson (sí, el protagonista de algunos films de Ed Wood), uno no puede dejar de esbozar una sonrisa y de congratularse por tamaño descubrimiento. Si, además, la trama, el desarrollo de la historia y los personajes tienen consistencia e interés, el descubrimiento se ve recompensado con el placer y el disfrute de una película curiosa en su género y bastante bien realizada por el veterano Reginald Le Borg, un director fabuloso, en palabras del productor Howard W. Koch. Por otro lado, uno se regocija también con pequeñas dosis de grandes obras, como la referencia al clásico de Arthur Machen, Los tres impostores. El espítiru de la película es el típico de varias producciones góticas posteriores de la Hammer: el archiconocido mad doctor (un personaje que agrupa tanto a Frankenstein como a Phibes como a Orloc) que, por amor, se dedica a hacer experimentos científicos en los límites de la vida y de la muerte y, sobre todo, en los márgenes de la deontología profesional, con unos resultados realmente espeluznantes (atención al grupo de ghoulish mutantes que salen en el film). Lo curioso de esta obra es que la productora fue la United Artist, no la RKO ni la Universal como uno pudiera esperarse y que, además, fue el último trabajo terminado del gran Bela Lugosi, como señala Gary Don Rhodes.