Marcelo, ese periodista arquetípico
de La dolce vita, es “ahora” un
director de cine que, en plena crisis de inspiración, pone en marcha una nueva
película. El productor, el guionista, los actores, las actrices, los técnicos, todos
los implicados en la misma le acosan para que defina, cuanto antes, su nueva
obra, una obra que tiene lazos fantásticos y de Ciencia Ficción, sobre un
Holocausto termonuclear. Federico Fellini abandona definitivamente su previo
neorrealismo en pos de un nuevo estilo, una mezcla de costumbrismo arrebatado, esperpento
all'italiana, unas
gotitas bien dosificadas de surrealismo simbólico, metaficción y esa especie de
realismo ambiguo, de “realismo mágico”, que será la característica primordial del resto de su filmografía. En
pantalla, y con la ayuda de un blanco y negro pulcro y prodigioso, se suceden
una serie de situaciones y acontecimientos, aparentemente arbitrarios, pero
que, poco a poco, van dibujando una historia que, desvaneciendo los límites
entre la realidad y la ficción, habla de la creación, del pasado, de la
identidad, de la memoria colectiva y del amor. Una historia que impresiona al
espectador mediante una puesta en escena vanguardista que alterna entre la
sobriedad, el plano secuencia (ese que tanto amó Berlanga), pequeños
movimientos de cámara a contrapelo (que tanto gustan a Scorsese), una
profundidad de campo apasionante (que seguro que Kubrick conocía muy bien) y el
abigarramiento estético y moral puramente felliniano.
En definitiva, el canto del cisne del cine de su autor, una película compleja y
rica que logra vertebrar, como ninguna otra de su filmografía, casi todos los
elementos y obsesiones de su autor. 10 años después, y frente a una tesitura
parecida, Federico volvería a asombrar con la más popular Amarcord, igualmente poseedora de una BSO deliciosa del gran Nino
Rota.
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jueves, 29 de septiembre de 2016
Fellini, ocho y medio (8½) (Aka 8½ Otto e mezzo)
4*
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jueves, 4 de febrero de 2016
Harry Dean Stanton: Partly Fiction
3*
“Toda mi vida he sido un hombre
solitario”. Este es el motto
principal de este documental dedicado a la figura y a la obra de HDS. Un actor
de casi 200 películas, una institución dentro del cine USAmericano, por donde
ha paseado su naturalidad desde Falso culpable hasta Sick of It All, un pilar de la historia Hollywoodiense,
que ha estado tanto en grandes super producciones como en films de baja estofa, contraculturales, indies y de serie B. Un filósofo, un actor cuya cara es ya una
historia, un amigo leal, un amigo de largo recorrido, el amigo de Charlie Sheen
en Dos hombres y medio. El amigo de
David Lynch, Debbie Harry, Sam Sephard, Wim Wenders, Jack Nicholson, Sean Penn,
Kris Kristofferson. El hombre con el rostro de gorrión se sienta frente a la
cámara, habla con distintos compañeros, elude las preguntas que se le plantean,
canta viejas y profundas canciones. Y toca la armónica. Y fuma, fuma un
cigarrillo tras otro. Y se muere. “Todo desaparecerá”. Pero quedarán sus
interpretaciones, algunas de las cuales muestra esta "prueba del mundo", esta representación
de la realidad social, como diría Bill Nichols.
jueves, 15 de octubre de 2015
Hitchcock
2.5*
Decía Alfred Hitchcock que “el
cine no es un trozo de vida sino un pedazo de pastel” (“for me, the cinema is
not a slice of life, but a piece of cake”). Pues bien, haciendo literalmente honor a la frase, Sacha
Gervasi fabrica un biopic apastelado,
repletito de chocolate blanco, azúcar glasé y todos esos tópicos y lugares
comunes sobre el orondo director (su obsesión por las rubias flemáticas, su
inmadurez sentimental, su carácter obsesivo, su glotonería y hedonismo vital, su
pasión por el cine, etc.). Aunque, claro, como se trata de vender la película a
un público más amplio, vamos a meterle un final feliz, de esos que sonrojan a
Hollywood pero que emocionan a casi todos esos espectadores medios que pagan unos
10 euros por ver una película en esos infaustos años de finales del siglo XX y
comienzos del siglo XXI. Desde este punto de vista, la película no defrauda al
significado de la frase hecha inglesa, “piece of cake”. La excusa argumental
consiste en narrar la historia de la dificultosa producción de Psicosis, uno de los films más populares de todo el siglo XX
(un genuino éxito de público en el momento de su estreno y también hoy mismo),
abuelo del género de terror (tal y como se realiza en la actualidad) y padre
del subgénero psicopático (tal y como se ha venido haciendo desde entonces). Por
cierto: tanto Hopkins como Mirren están especialmente inconsistentes en sus
papeles, mientras que Jessica Biel sobresale como Vera Miles (además de
protagonizar los fotogramas más glamorosos y hechizantes de la producción).
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martes, 4 de agosto de 2015
El héroe anda suelto (Aka Targets)
3.5*
Producción Corman para la
Paramount, que recupera una historia que ya había plasmado cinematográficamente
el Edward Dymytrik post HUAC, en El francotirador: la de un joven, aparentemente normal pero
profundamente perturbado, que se dedica a matar gente en la calle, de forma
arbitraria y con un fusil (algo así como el Scorpio
de Harry el sucio). De hecho, ya Henry
Miller había dejado escrito que cuando un USAmericano se vuelve loco sale a plena
luz del día y se pone a matar a unos cuantos conciudadanos. Al contrario de lo
que ocurre en Europa, donde la gente opta por el suicido, como apostilla el
genio de Brooklyn. Ópera prima cuasi oficial de ese crítico y cinéfilo director
llamado Peter Bogdanovich que, como en La
última película, supone un sentido homenaje al propio cine y a los drive-in típicos de los cincuenta. Una
lectura del film podría centrarse en
la pérdida de la inocencia que supuso, de hecho, la década de los sesenta en
los EE.UU., y en el surgimiento de los monstruos modernos, en contraposición a
los monstruos clásicos, representados por el personaje del propio Karloff, Byron
Orlock. En todo caso, la ambigüedad del producto, especialmente en relación con
lo más que posibles desequilibrios mentales y con las motivaciones del asesino,
le acerca, como decimos, a esa oscura obra que fue El francotirador. Como curiosidad, aparecen citadas visualmente dos películas: una de Howard Hawks y la otra, The Terror, del propio Roger Corman. Como
complemento perfecto, se puede reunir el visionado de esta película con otra de
masacres en autocines, Drive-In Massacre,
de Stu Segall (1977).
domingo, 7 de junio de 2015
También la lluvia
3.5*
Decía Aldous Huxley que la más
grande lección de la historia es que nadie aprende de las lecciones de la
historia. La historia, de hecho, confirma con rotundidad este apotegma. Y el
cine y la poesía y la historiografía y la novela nos ofrecen mil y un ejemplo sobre
la misma cuestión. También la lluvia
es una muestra de ello. En Cochabamba, Bolivia, en la actualidad, una
productora cinematográfica ha comenzado a buscar localizaciones y figurantes
para el rodaje de un film sobre la
conquista de América, 500 años después. Sobre esta escueta premisa, la
protagonista de El Sur elabora una
sofisticada reflexión sobre nuestras representaciones del pasado, sobre el peso del pasado en el presente y sobre las diversas actitudes morales ante
ambas realidades. El guión, de Paul Laverty, está francamente inspirado al intercalar, con una
envidiable sensibilidad histórica, el desarrollo de la misma película con el rodaje
de la “otra” película, mezclando la vida del equipo técnico artístico en
Bolivia con las vidas de los personajes históricos que van a representar así
como con las vidas de los descendientes de los indígenas “conquistados”, tanto
en sus "personajes" como en sus luchas presentes. A todo lo cual se añade el rodaje
de un documental sobre el rodaje de esa película sobre la conquista que, a su
vez, es el argumento de la película de Bollaín. Sí: una muñeca rusa dentro de
otra más grande, esa es la propuesta del matrimonio Bollaín/Laverty. Si el
guión es un prodigio de sofisticación y significación históricas, la puesta en
escena, à la Ken Loach, demuestra que late cine por las venas de la directora, en la misma
medida que por la de los talentosos actores protagonistas (especialmente Luis
Tosar y Juan Carlos Aduviri). Puede parecer que le falta algo de intensidad al
drama, eso es verdad. Y que incluso la conclusión es un tanto lacónica. Pero,
en el fondo, estamos antes una de las películas más inteligentes, complejas y ovilladas
de toda la filmografía española reciente.
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jueves, 14 de mayo de 2015
Doble cuerpo
3*
Una de las materializaciones fílmicas del thriller erótico, en este caso sublimado y estilizado por el esteta
Brian de Palma, con la sombra de Alfred Hitchcock detrás, particulamermente de La ventana indiscreta y de Vértigo (De entre los muertos). Aunque
también comparte premisa con 10 la mujer
perfecta. De hecho, De Palma convierte al protagonista en un Peeping Tom, más allá del cándido voyeaur que casi todos llevamos dentro.
Por otro lado, la solución del enigma se adelanta desde bien temprano,
especialmente por la aparición de un aparentemente sobrenatural asesino, que
bascula entre comportarse como el coyote cazando al correcaminos o utilizar
salvajemente una taladradora, como en The
Toolbox Murders, de Dennis Donnelly, o en El asesino del taladro, de Abel Ferrara, ambas de unos años antes.
Uno de los thrillers satíricos de
Brian de Palma, por utilizar una expresión que, probablemente, Quentin
Tarantino aprobaría. Es decir, uno de esos argumentos de intriga vistos a
través de la mirada paródica y humorística tan querida del director de Newark
(como en el comienzo de Impacto, por
ejemplo).
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martes, 10 de febrero de 2015
Cinema Paradiso
3.5*
Crónica sentimental de la historia italiana
reciente, que adquiere la forma externa de una Bildungsroman pero la interna de un melodrama en tres partes: una
primera que se centra en las relaciones de un niño, Toto, con el proyeccionista
de un pequeño cine rural (Philippe Noiret) de la Italia de los años cuarenta;
una segunda, que narra el primer amor de ese niño, ya adolescente, con la hija
de un burgés y todos los problemas que ello acarrea; y una tercera,
teletransportada a la segunda mitad de la ultraconservadora década de los
ochenta, con los personajes principales ya en la edad adulta o entrando en el
paraíso. Toda la película es un como un cóctel, algunas veces sofisticado,
muchas veces basto y otras previsible, compuesto de tres ingredientes: un
tercio de cine, otro de amor y uno final que es una lección cinematográfica, ya
que incluye una amplísima paleta de recursos visuales: multiples tipos de planos
y de movimientos de cámara y de grúa, travellings,
zooms, varias escenas hermosamente planificadas (como la de la llamada de
teléfono desde el bar), juegos con el timing,
etc. En definitiva, una producción justamente mítica que, sin embargo, muestra
cierta condescendencia con el espectador, al que zarandea gratuita y tramposamente
varias veces, unas para hacerle reir, otras para hecerle llorar. Siempre para
hacerle sentir nostalgia. A lo que
la música de Morricone acompaña a la perfección, incluso tomando prestados
motivos musicales de su previa BSO para Los
intocables de Eliot Ness. Pero, sobre todo, es un film extremadamente italiano. Y, por ello mismo, universal, como
las películas de Visconti, Fellini, Antonioni y todos esos directores, también
USAmericanos, a los que se homenajea en Cinema
Paradiso.
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martes, 22 de julio de 2014
El fotógrafo del pánico (Aka Peeping Tom)
4*
Influenciado por las investigaciones de su propio
padre (un cameo autoirónico del propio Michael Powell), el operador y fotógrafo
erótico Mark Lewis (Carl Boehm) asesina mujeres para filmar su miedo ante la
muerte. Película incomprendida en su momento, produjo tal escándalo cuando se
estrenó que supuso el declive definitivo de la carrera del director, por la
violencia y el sexo que mostraban sus fotogramas. Sin embargo, hoy en día constituye
una de las más sutiles reflexiones sobre el acto de filmar, sobre el cine en general
y sobre el voyeurismo mórbido que suele agazaparse detrás de nuestra necesidad
de mirar (un comportamiento sublimado recientemente en la conquista de nuestras
ciudades por parte de las cámaras de vigilancia). Estrenada el mismo año que Psicosis o La máscara del demonio, Peeping Tom (en su título original) constituye una producción con dos niveles bien
diferenciados: el de un thriller con
psicópata (nivel material) y el de una investigación sobre sus impulsos voyeurísticos
y psicoanalíticos (nivel metaficcional). Con una enorme capacidad de resonancia,
sus efectos completos solo suelen aparecer en el espectador tras varios
visionados, por la naturaleza gaseosa y aparentemente trivial de la inmensa
cantidad de detalles de que está compuesto el film. Michael Powell se adelanta a varias producciones míticas
sobre el mundo del cine, desde El
cuchillo en el agua o Impacto hasta
Blow Up o Arrebato. Como curiosidad, la iluminación de Otto Heller ha
influido poderosamente en directores como Mario Bava y en operadores como
Ubaldo Terzano, por ejemplo.
lunes, 30 de diciembre de 2013
El último bolchevique (Aka La tumba de Alexander)
3.5*
Alexander Ivanovich Medvedkin fue un director de cine de la
antigua URSS que vivió los principales acontecimientos de la Rusia Moderna, desde
el momento de su nacimiento (el año en que murieron Nietzsche y Oscar Wilde)
hasta su muerte (el año de la caída del muro de Berlín, con lo que podría haber
sido una especie de Christiane Kerner). Chris Marker, el maestro moderno del
montaje, sigue los pasos de esta extraordinaria vida a través de imágenes,
extractos de películas y de documentales de la época, entrevistas, fotos fijas
de distintas realidades, etc., subrayando el perfil precursor y la naturaleza
honesta y militante del artista. Además, Marker nos habla de la época, del país
y del ambiente en el que se movieron los creadores visuales de la revolución
bolchevique: Eisenstein, Dziga Vertov, Pyriev, Kammen, etc. El artificio con el
que se organiza el documental está constituido por unas supuestas cartas que el
realizador francés escribe y manda al realizador ruso, lo que recuerda un poco
la construcción de La carte postale,
de Jacques Derrida, y, en todo caso, vuelve a subrayar la provechosa mezcla de realidad
y ficción que es una característica fundamental de la obra del director francés. Aunque se aleja de la característica
y voluntaria ambigüedad con la que trabaja buena parte de la verdadera ficción no referencial. En todo caso, El último bolchevique no es un simple
reportaje sobre un creador soviético. Es decir, no es un mero resumen
biográfico-laboral. La tumba de Alexander
(como también se le conoce) es un puzzle documental
y visual que nos invita a vivir una experiencia total a través de las imágenes, las
voces de los entrevistados, la voz en off
del narrador, los efectos de sonido de la BSO y, especialmente, los descampados
dramáticos que va dejando la narración. En suma, una ventana a un mundo fascinante que en Occidente se conoce muy poco y mal.
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jueves, 12 de diciembre de 2013
Impacto (Aka Blow Out)
3*
El ingeniero de sonido Jack Terry (John Travolta) se
encuentra realizando grabaciones por la noche en una zona boscosa cercana a
Filadelfia cuando presencia un accidente de tráfico en el que fallece un
político famoso. Se ve obligado a lanzarse al agua y salva la vida de una
mujer. Cuando sale del hospital, revisa las grabaciones, se da cuenta de que no
ha sido un accidente y comienza a investigar qué ha pasado realmente. En primer
lugar, hay que decir que la excusa argumental está copiada de Blow Up, de Antonioni, y de La conversación, de Coppola (obras que,
a su vez, se basan en Las babas del
diablo, un cuento de Cortázar). En segundo lugar, conviene precisar que el
estilo visual de De Palma es apabullante, llegando a ser un tanto narcisista
(como diría Carlos Aguilar). En tercer lugar, la música de Pino Donaggio y el
montaje de Hirsch son tremendamente efectivos, relajando algún punto el tradicional
manierismo del director. Sin embargo, hay agujeros y errores, como en casi
todos los thrillers firmados por De
Palma a la sombra de su admirado Hitchcock (por ejemplo, errores de concepto: una
película cinematográfica tiene 24 imágenes por minuto; errores de guión: esa
frase “le he salvado la vida, lo mínimo que puedo hacer es tomarne una copa
contigo”). Por otro lado, la perspectiva circular e irónica, basada en el juego
del cine dentro del cine, que acompaña toda la estructura de la película bien merece
un revisionado porque, además, se trata de una sofisticada y sutil crítica del
patriotismo ciego.
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lunes, 9 de diciembre de 2013
El último magnate (Aka The Last Tycoon)
3*
Interesante pero fallida adaptación de la novela inconclusa de
Francis Scott Fiztgerald, The Last Tycoon,
una novela que, curiosamente, fue editada póstumamente por el compañero de
Fitzgerald en Princeton, el gran crítico literario Edmund Wilson. La historia trata
sobre otro de esos amores imposibles que obsesionaron al esctritor de Minnesota
(como El gran Gatsby o Suave es la noche). Por su parte, el
guión gira en torno a la vida de un exitoso productor de cine judío, Monroe
Star (Robert de Niro), que trabaja para el sistema hollywoodiense de la época
dorada (es decir, para el famoso Star
System), en medio de la Gran Depresión (al parecer, el personaje
protagonista está basado en el productor de la MGM, Irving Thalberg). Elia
Kazan, en este su último trabajo tras la cámara, acierta al reforzar un firme
aire historicista y nostálgico pero se extravía al dejarse llevar por una
cadencia perezosa y asincopada respecto del desarrollo de la historia. Los
personajes y los diálogos, por su parte, no parecen salidos de la pluma del
guionista, un desubicado Harold Pinter. Completan el reparto un auténtico abanico de magníficos actores: Robert Mitchum, Jean Moreau, Tony Curtis, Ray
Milland, Dana Andrews, Donald Plesance, Jack Nicholson, John Carradine, Peter
Strauss, Theresa Russell, Seymour Cassell y Anjelica Houston. Y una principiante
Ingrid Boulting, una actriz no especialmente acertada ni sensual. Kazan se apoyó en un
equipo de profesionales técnico-artísticos principiantes, como Victor Kemper o
Richard Marks, y experimentados, como Jack T.Collins o Maurice Jarre, todos
ellos orquestados, irónicamente, por el propio productor Sam Spiegel.
Curiosamente, fue estrenada unos pocos años después que La noche americana y unos pocos años antes que Entrevista, con las que mantiene puntos de contacto cinéfilos y metaficcionales.
Por cierto, hay algún plano, alguna secuencia, que parece obra más bien del
propio Scorsese.
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