3*
Happiness retrata las vidas de una familia de clase media en un suburbio de New Jersey: de unos padres que están en pleno proceso de separación; de una hija que ha conseguido tenerlo todo y lleva una vida aparentemente perfecta; de una hermana que ha logrado éxito con una obra poética basada en sus propias fantasias; de la hermana pequeña y fracasada que, con 30 años, mantiene intactas sus aspiraciones musicales adolescentes; y, finalmente, de algunos de sus vecinos. Pero Happiness no se queda en la superficie de estas vidas: describe los secretos que hay detrás de ellas mostrándonos las obsesiones eróticas, las perversiones sexuales y las tremendas insatisfacciones que se encuentran en la base. Por su parte, el director (Tod Solondz) muestra todos estos ingredientes mediante un reparto coral y con un pulso narrativo y con una estética propios de la novela gráfica (con la ayuda del formato panavisión), así que no es de extrañar que la portada sea obra de Daniel Clowes (el autor de Ghost World). Y todo ello, con un velado sentido del humor y una vaga inspiración freudiana, algo que -por otro lado- hace pensar en el Ian McEwan de Primer amor, últimos ritos. La película contiene una de las escenas más punzantes de cuantas se pueden ver en el cine aunque el último plano consigue sacar una sonrisa forzada al espectador. Una buena forma de resumir la naturaleza de la película sería decir que es la versión explícita e implacable de lo que Sam Mendes rodaría un año después: American Beauty.
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jueves, 10 de noviembre de 2011
jueves, 27 de octubre de 2011
Libertad condicional
3.5*
Desde El buscavidas a Bajo el peso de la ley, el cine usamericano ha desarrollado un género particular alrededor de la magnética figura del perdedor. Los años sesenta y setenta fueron particulamente prolíficos en este campo porque el derrumbamiento del sueño americano hizo aflorar, de sus escombros, toda suerte de inadaptados, como el que retrata esta película. Ulu Grosbard adapta la novela de Edward Bunker -un delincuente experimentado que también colaboraría en el guión de otro clásico del género, El tren del infierno-, sobre los problemas de un ex presidiario para amoldarse a una vida convencional, que sufre la obstrucción del propio sistema judicial y que, además, tiene serios problemas para respetar la propiedad ajena. Para ello, Grosbard contó con la colaboración inestimable de un grandísimo Dustin Hoffman quien, por cierto, visitó al novelista en la prisión donde se encontraba recluido. Hoffman cimentó un poco más su sólida -aunque algunas veces histriónica- capacidad interpretativa mientras que la hermosa Theresa Russell y el genial Harry Dean Stanton aportaron dos piezas imprescindibles y convincentes a la historia: la chica enamorada y el fiel compañero de profesión y amigo. Como curiosidad, el ayudante de dirección, Larry J. Franco, pasaría a colaborar con el maestro John Carpenter casi tras su participación en esta película.
Desde El buscavidas a Bajo el peso de la ley, el cine usamericano ha desarrollado un género particular alrededor de la magnética figura del perdedor. Los años sesenta y setenta fueron particulamente prolíficos en este campo porque el derrumbamiento del sueño americano hizo aflorar, de sus escombros, toda suerte de inadaptados, como el que retrata esta película. Ulu Grosbard adapta la novela de Edward Bunker -un delincuente experimentado que también colaboraría en el guión de otro clásico del género, El tren del infierno-, sobre los problemas de un ex presidiario para amoldarse a una vida convencional, que sufre la obstrucción del propio sistema judicial y que, además, tiene serios problemas para respetar la propiedad ajena. Para ello, Grosbard contó con la colaboración inestimable de un grandísimo Dustin Hoffman quien, por cierto, visitó al novelista en la prisión donde se encontraba recluido. Hoffman cimentó un poco más su sólida -aunque algunas veces histriónica- capacidad interpretativa mientras que la hermosa Theresa Russell y el genial Harry Dean Stanton aportaron dos piezas imprescindibles y convincentes a la historia: la chica enamorada y el fiel compañero de profesión y amigo. Como curiosidad, el ayudante de dirección, Larry J. Franco, pasaría a colaborar con el maestro John Carpenter casi tras su participación en esta película.
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