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martes, 11 de marzo de 2014

San Francisco, ciudad desnuda (Aka The Laughing Policeman)

2.5*

Un individuo sube a un autobús se sienta en la parte de atrás. De repente, saca una metralleta desmontable y liquida, sin inmutarse, a todos los pasajeros. El autobús se accidenta y él se da a la huída. La policia, por su parte, se encuentra con varias víctimas, entre las cuales está un inspector de homicidios, con lo que, muy intrigada, comienza las pesquisas y la investigación. Walter Mattau (en uno de sus primeros thrillers) y Bruce Dern lideran un grupo de buenos actores USAmericanos para este desconocido thriller de Stuart Rosenberg, el director de La leyenda del indomable o Brubaker, por ejemplo. ¿Qué se puede encontrar el espectador? Pues un policíaco en el que aparecen casi todas las constantes del género, especialmente de aquellas películas que se ha rodado en San Francisco (como Vértigo, Bullit o Harry el sucio): brutales asesinos, policías obsesivos, bajos fondos, tiroteos y peleas, persecuciones, etc. Por lo demás, es una película ambientada en una ciudad liberal y progresista pero que también esconde sombríos y depravados secretos. Precisamente, la perspectiva moral del film parece rozar el conservadurismo más gratuito (asociando diferencia con perversión) pero pequeños matices aquí y allá, pequeños golpes de humor y alguna que otra mirada irónica, hacen relativamente entretenido su visionado.

martes, 18 de febrero de 2014

Nebraska

3.5*

Si Larry Fink hubiera rodado una película, le hubiera salido muy parecida a la última obra del gran Alexander Payne, Nebraska. Pero no nos referimos al Larry Fink glamouroso y high class, sino al Fink provinciano, costumbrista, al que visita las granjas rurales en busca del tuétano USAmericano. Payne vuelve a su estado natal para contar una historia emocionante y cómica, con sus momentos descorazonadores y también con sus momentos tiernos, todo fifty-fifty. El casi senil Woody Grant (Bruce Dern) recibe uno de esos timos clásicos por correo que nos anuncian que hemos ganado un millón de dólares. El pobre viejo se lo cree y decide hacer el viaje desde Montana hasta Nebraska para “cobrar” el premio. Le acompañará su bondadoso hijo, cerrándose así el círculo that will be unbroken. La dirección de Payne está llena de humilde sabiduría, de una pulcritud propia de una vieja camisa Pendleton y, sobre todo, de una ironía tan fina como el mejor de los carpaccios. Con el espíritu de los films de los cincuenta/sesenta (plasmado en una fotografía de Papamichael gloriosa y en una música folk, sencilla y emotiva, de Mark Orton), Payne suelta por el Medio Oeste al viejo Grant y a sus Sancho Panzas, prestos a descubrir al espectador la maravilla de las ilusiones y de los sueños rotos. Contaba Italo Svevo la tristeza de Mefistófeles cuando una vez intentó comprar el alma de un viejo y éste, abatido, esperando la muerte, le dijo que no necesitaba nada, que no quería nada. Payne nos enseña que siempre se puede soñar, que siempre se puede desear y que, por tanto, siempre se está a tiempo de conseguir algo, aunque tu vida parezca la de un mero espectador, pasivo, decrépito, anciano. Por cierto, esta vieja camisa tiene un par de pequeñas arrugas. Casi no se ven pero hacen que el resultado final no alcance la perfección.

viernes, 31 de enero de 2014

Canción de cuna para un cadáver (Aka Hush... Hush, Swett Charlotte)

3.5*

Charlotte Hollis (Bette Davies), una vieja solterona y antigua niña mimada del Sur, ha de abandonar su vieja mansión porque en sus terrenos se va a construir una autopista. Sin embargo, se niega a aceptar el deshaucio y, con la ayuda de su prima (Olivia de Havillad) y de un amigo de ambos (Joseph Cotten), intentará luchar contra la expropiación pero se enzarzará en una trama de engaños y rencillas personales. El director de Doce del patíbulo, rueda una historia tortuosa con una puesta en escena que combina una dirección clásica con un diseño de producción y una iluminación casi gótica, de un retorcimiento lumínico casi expresionista, obra del operador habitual del director, Joseph Biroc. Cautro años después de Psicósis, dos de ¿Qué fue de Baby Jane? y estrenada el mismo año que Una mujer atrapada, Robert Aldrich ilumina con hermosos claroscuros morales y una buena dosis de brutalidad fílmica (precursora del giallo y del slasher) una historia que mezcla drama sureño, investigación criminal y cine de misterio, con su correspondiente trauma juvenil. La atmósfera está excelentemente conseguida y el film cuenta con varias espectaculares interpretaciones, tanto del trío protagonista como de Agnes Moorehead, Bruce Dern, George Kennedy y Mary Astor, en el último papel de su carrera. Una película estimulantemente sórdida, una mixtura neogótica entre Tennessee Williams y Dario Argento.



 
 
 
 
 

jueves, 8 de agosto de 2013

Naves misteriosas

3.5*

Douglas Trumbull fue el director de los efectos especiales de la controvertida 2001: una odisea del espacio y el creador de los efectos visuales de Encuentros en la tercera fase. Además, ha dirigido algún pequeño clásico de la ciencia ficción, como Brainstorm y, sobre todo, esta película, Naves misteriosas, de 1972. Una nave espacial, la Valley Forge, conserva una buena cantidad de las especies vegetales de la tierra, ya que ésta ha sido arrasada por la superpoblación y por desastres ecológicos. El encargado de cuidar tamaña riqueza biológica es el doctor Freeman Lowell (Bruce Dern). Sin embargo, el resto de la tripulación no comparte la filosofía del doctor, por lo que aparecerán los problemas. De hecho, Lowell recibe la orden de destruir toda la carga vegetal de la nave y de regresar a la tierra, hecho que le enfrentará con sus compañeros. El guión, en este sentido, mezcla inteligentemente los problemas ecológicos con cuestiones psicológicas, siguiendo una estructura dramática en la que también hay espacio para ciertas reflexiones morales e, incluso, para preguntas sobre la humanización de los robots. El film cuenta con un entrañable diseño de producción y con unos efectos especiales un poco anticuados pero muy efectivos. Además, la BSO está salpicada de temas de Joan Baez, nada menos. Para terminar, Silent running es una curiosa obra de Sci-Fi, producida por la Universal, y que recuerda a El abismo negro, de la factoria Disney. Curiosamente, Roland Emerich debutó en la dirección de largometrajes con una extraña y desconocida pieza de ciencia ficción, The Noah's Ark Principle, de 1984, que también recuerda ligeramente a esta historia.




miércoles, 1 de febrero de 2012

The Driver

3.5*

Hipnótico thriller, escrito y dirigido con magnética simplicidad por Walter Hill, en 1978, y con una pareja de actores perfectos para los papeles de The Driver y The Detective, Ryan O’Neal y Bruce Dern, respectivamente (el papel de O’Neal, sin embargo, fue escrito originalmente para el propio Steve McQueen). Por cierto, Monte Hellman rodó, en 1971, una película en la que los nombres de los portagonistas se referían directamente a su función en la trama (Carretera asfaltada en dos direcciones). La historia es sencilla: un extremadamente talentoso conductor, especializado en huidas y parco en palabras, es perseguido por una especie de sheriff, obsesionado con darle caza, como si de un forajido se tratara. El conductor contará con la ayuda de una testigo, Isabelle Adjani, que hace gala de un inglés tan mediocre como su interpretación. Las escenas de persecuciones automovilísticas están estupendamente planificadas, rodadas y montadas, en la línea de Bullit (rodada 10 años antes) y, especialmente, en la línea de The Lineup de Don Siegel (20 años anterior). La fotografía, del autor de A Quemarropa, es noctámbula, imantada, elegante (como la de Heat, de Michael Mann), así como su puesta en escena. El productor y escritor de TV, Clyde Phillips, pergeñó una versión novelada del conciso y excelente guión de Walter Hill. Por otro lado, en 2011 se ha estrenado una especie de remake, Drive, con Ryan Gosling, que está cosechando muchos éxitos y reconocimientos (pero que tampoco es gran cosa).