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lunes, 31 de octubre de 2016

Proyecto Brainstorm (Aka Brainstorm)

3*

Douglas Trumbull es conocido, principalmente, por ser el responsable de los efectos visuales de clásicos como 2001: una odisea del espacio, Stark Trek: La película o Encuentros en la tercera fase. Pero también es autor, por derecho propio, de algunos pequeños clásicos de la ciencia ficción de los setenta y de los ochenta. Entre estos clásicos, hay que destacar Naves misteriosas, por ejemplo; o esta Brainstorm, centrada en una temática de tantísima actualidad como de no problemáticas implicaciones: ¿pueden registrarse los pensamientos, las emociones y las experiencias de las personas para que cualquiera pueda “vivirlas” tiempo despuéss? Tema tan phillipkadickiano encuentra en el tratamiento que le otorga Trumbull (provocativo, profundo, áspero) un canal maravilloso para que los espectadores reflexionen sobre las posibilidades y los límites de tamaña hazaña. El equipo de investigadores y científicos, formado por Louise Fletcher y por Christopher Walken, realiza un trabajo conmovedor, al igual que el equipo de empresarios y militares (con Cliff Robertson a la cabeza), y el mensaje final del film hace el resto. Excelentemente ambientada, rodada y montada, y producto de un rodaje infernal en los estudios de la MGM, estamos ante una de esas joyas, propias de la ultraconservadora década de los ochneta, medio olvidada por el tiempo. Y eso no tiene perdón de Dios. Como valor añadido, estamos ante el ultimo papel, fascinante, de la siempre hermosa y siempre talentosa Natalie Wood.

jueves, 8 de agosto de 2013

Naves misteriosas

3.5*

Douglas Trumbull fue el director de los efectos especiales de la controvertida 2001: una odisea del espacio y el creador de los efectos visuales de Encuentros en la tercera fase. Además, ha dirigido algún pequeño clásico de la ciencia ficción, como Brainstorm y, sobre todo, esta película, Naves misteriosas, de 1972. Una nave espacial, la Valley Forge, conserva una buena cantidad de las especies vegetales de la tierra, ya que ésta ha sido arrasada por la superpoblación y por desastres ecológicos. El encargado de cuidar tamaña riqueza biológica es el doctor Freeman Lowell (Bruce Dern). Sin embargo, el resto de la tripulación no comparte la filosofía del doctor, por lo que aparecerán los problemas. De hecho, Lowell recibe la orden de destruir toda la carga vegetal de la nave y de regresar a la tierra, hecho que le enfrentará con sus compañeros. El guión, en este sentido, mezcla inteligentemente los problemas ecológicos con cuestiones psicológicas, siguiendo una estructura dramática en la que también hay espacio para ciertas reflexiones morales e, incluso, para preguntas sobre la humanización de los robots. El film cuenta con un entrañable diseño de producción y con unos efectos especiales un poco anticuados pero muy efectivos. Además, la BSO está salpicada de temas de Joan Baez, nada menos. Para terminar, Silent running es una curiosa obra de Sci-Fi, producida por la Universal, y que recuerda a El abismo negro, de la factoria Disney. Curiosamente, Roland Emerich debutó en la dirección de largometrajes con una extraña y desconocida pieza de ciencia ficción, The Noah's Ark Principle, de 1984, que también recuerda ligeramente a esta historia.