Es curioso cómo algunos
directores y algunas películas se esconden tras las bambalinas de las historias
oficiales del cine. Es el caso de esta película y de su director, Fielder Cook,
poseedor de una curiosa filmografía (como Stuart Heisler o David Miller) e, incluso, de alguna
obra maestra (como Patterns). En esta
ocasión, Cook se sirve de un argumento interesantísimo sobre una partida de
póquer legendaria, un matrimonio de camino a su rancho de Texas y una obsesión
que pondrá a la familia contra la espada y la pared. Poco más se puede decir de
la trama sin estropear su desarrollo o el sorprendente final. Aunque sí es
obligado mencionar a los intérpretes: Henry Fonda, Joanne Woodward, Jason
Robards, Burgess Meredith, Kevin McCarthy (el potagonista de la prodigiosa La invasión de los ladrones de cuerpos),
Paul Ford, Charles Bickford, nada menos. Una de esas películas entretenidas,
para una soleada pero fría tarde de sábado, en la línea de El rey del juego, El golpe
o El buscavidas (no por casualidad,
el guionista es Sidney Carroll, escritor de ambos films). Sin embargo, si el hastiado espectador tiene una tarde particularmente perspicaz, podría echar
pestes desde el mismo momento en que se le permite sentarse a jugar al póquer a
una fémina.
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lunes, 7 de abril de 2014
El destino también juega (Aka A Big Hand for the Little Lady)
3*
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jueves, 12 de abril de 2012
El rey del juego
3.5*
Inspirándose en la historia de El buscavidas, Richard Jessup escribió una novela que fue adaptada al cine por el realizador canadiense Norman Jewison (aunque el director previamente contratado fuera Sam Peckinpah), con el título original de The Cincinnati Kid y sobre un guión escrito a dos manos por Ring Lardner jr. y Terry Southern. Los seres humanos hacemos muchas cosas estúpidas pero, por suerte, algunas son interesantes, como jugar al póquer. Y no hay nada más estimulante para un jugador de póquer que ver cómo juegan otros para intentar mejorar sus habilidades. En este sentido, El rey del juego es un excelente retrato del mundo del juego en general y del mundo del Stud Poker, en particular (como la desnocida película de Fielder Cook, El destino también juega), aunque, además, ofrece un retrato despiadado de las luchas intergeneracionales. Jewison planifica y dirige con pulso firme este drama disfrazado de torneo y acierta al añadir un triángulo amoroso a la historia. Frente a una magnífica interpretación de Edgar G. Robinson, Steve McQueen compone un personaje aceptable, aunque el resto de secundarios están francamente convincentes. Como añadido, la película también constituye un homenaje a la ciudad de Nueva Orleans y a la cultura negra (atención al papel de Cab Calloway y a la canción de Ray Charles), aunque el score sea de Lalo Schifrin. El montaje del film corrió a cargo de Hal Ashby, quien sería conocido posteriormente como el director de Harold y Maude y de Bienvenido Mr. Chance, por ejemplo.
Inspirándose en la historia de El buscavidas, Richard Jessup escribió una novela que fue adaptada al cine por el realizador canadiense Norman Jewison (aunque el director previamente contratado fuera Sam Peckinpah), con el título original de The Cincinnati Kid y sobre un guión escrito a dos manos por Ring Lardner jr. y Terry Southern. Los seres humanos hacemos muchas cosas estúpidas pero, por suerte, algunas son interesantes, como jugar al póquer. Y no hay nada más estimulante para un jugador de póquer que ver cómo juegan otros para intentar mejorar sus habilidades. En este sentido, El rey del juego es un excelente retrato del mundo del juego en general y del mundo del Stud Poker, en particular (como la desnocida película de Fielder Cook, El destino también juega), aunque, además, ofrece un retrato despiadado de las luchas intergeneracionales. Jewison planifica y dirige con pulso firme este drama disfrazado de torneo y acierta al añadir un triángulo amoroso a la historia. Frente a una magnífica interpretación de Edgar G. Robinson, Steve McQueen compone un personaje aceptable, aunque el resto de secundarios están francamente convincentes. Como añadido, la película también constituye un homenaje a la ciudad de Nueva Orleans y a la cultura negra (atención al papel de Cab Calloway y a la canción de Ray Charles), aunque el score sea de Lalo Schifrin. El montaje del film corrió a cargo de Hal Ashby, quien sería conocido posteriormente como el director de Harold y Maude y de Bienvenido Mr. Chance, por ejemplo.
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