¿Qué es la libertad? Muchas son
las páginas que se han llenado intentando responder a esta pregunta pero
ninguna huela a sangre ni a miedo. De hecho, se puede intentar definir por lo
que es pero también por lo que no es. Y el principal enemigo de la libertad es
la esclavitud (mucho más dañino que la muerte, sin duda). Una esclavitud que no
sabe de razas ni de sexo, como ha explicado Edward P. Jones en The Known World. Por eso, una pregunta
aparece en el horizonte: ¿qué significó la esclavitud para los millones de
negros que la padecieron? ¿Y qué significa para los que la siguen soportando? El
cine y la literatura han intentado retratar esta experiencia de crueldad, humillación
y sufrimiento. Una experiencia que nos avergüenza y que merece reconocimiento y
reparación. Por eso, no faltan relatos acusadores y crónicas informativas. En
este caso, el relato (hilvanado con gracia por Steve McQueen) parece tener una
intención catártica y reconciliadora aunque si alguien quiere denunciar la
esclavitud, no puede esconder su cruel realidad, en todo su conjunto, como la
que muesta el horrible mondo Adiós Tío
Tom. Si alguien quiere denunciar la esclavitud, también debe centrarse,
como se hace en I am Slave, en la
explotación de las mujeres (doble o triplemente humilladas, como ha demostrado
Stephen Jay Gould en su ensayo “La Venus Hotentote”, de La sonrisa del flamenco). O en La Noire de..., de Ousmane. En todo caso, si alguien quiere denunciar
la crueldad que implica la esclavitud, que no crece sino gracias a miles o
millones de pequeños hijos de puta que la permiten y se aprovechan de ella,
debe denunciar el fenómeno tal y como se sigue haciendo en la actualidad. No
hay que ir al pasado para eso. En cualquier caso, la película tiene la mezcla
exacta de suspense, esperanza y emoción para entretener al público bienpensante, como algunas películas de Steven Spielberg.



