Rich Moore es el nombre del
director de este film (sic). Y con
este dato comienza esta PastillaCrítica.
Dos de los fenómenos más curiosos de la historia del cine, a comienzos del
siglo XXI, es la proliferación de la series de televisión así como la
aparición de toda una industria dedicada a hacer películas de animación (tanto
analógica como digital) dirigida al público adulto. Pixar y Disney son los dos
faros más conocidos de este último fenómeno. Pero ambas pertenecen al mismo holding, con los que sus historias, personajes
y motivos, ahora son los mismos (junto con sus guiños a clásicos de la
literatura universal como Alicia en el
país de las maravillas o El mago de
Oz). En esta ocasión, volvemos a encontrarnos con la vieja excusa argumental y narrativa de la Disney (alguien que no está contento con su
situación pero que, tras varias peripecias, acaba aceptando su “destino”)
aunque, esta vez, situada en el mundo de los videojuegos (en particular, en ese
mundo de chuches, color rosa o color “salmón”, de Sugar Rush). Esta estrategia retro digital no puede ocultar que
está dirigida al público cuarentón (aunque también puede gustar a los
treinteañeros) pero, en casi ningún caso, podrá divertir al público más joven.
La animación es elaboradísima (faltaría más) pero los valores morales de la
historia (que incluyen una defensa del militarismo más rancio) así como el
mensaje (y la boda) final son de un conservadurismo vergonzoso (es decir, no hay
ningún tipo de sofisticación o progresía ética). El bueno se casa con la
militar mientras el feo, malo e inadaptado se queda trabajando en la “fábrica”.
Por cierto, detrás del diseño del personaje principal, el espectador avezado
encontrará al protagonista de The Sadist,
de 1963.
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lunes, 8 de agosto de 2016
jueves, 21 de enero de 2016
El castillo de Cagliostro (Aka Lupin III: Castle of Cagliostro)
3.5*
Hayao Miyazaki, uno de los
animadores principales de las series Heidi
y Marco y el director de Conan el niño de futuro, se estrena con
este estupendo largometraje de 1979, realizado antes de abrir su propio
estudio, el archiconocido Ghibli.
Miyazaki recupera para la pantalla grande un personaje que le dió popularidad a
comienzos de los setenta, el simpático y astuto ladrón de guante blanco Lupin
(inspirado en la creación de Maurice Leblanc, por supuesto), un caballero
galante que, de repente, se encuentra en medio de una entretenida trama de
billetes falsificados, una misteriosa princesa llamada Clarissa, un extraño
anillo y un Castillo laberíntico, todo lo cual hará las delicias de niños y
mayores. Porque esta es una de las principales virtudes del film: que cuenta una historia de forma
brillante; que la historia es muy ingeniosa y divertida; y que tiene el
suficiente misterio e interés para arrastrar a su interior a cualquier clase de
espectador. Además, el ritmo fílmico, la originalidad de la animación así como
las constantes y sorprendentes peripecias de la trama aseguran un
entretenimiento de calidad para toda la familia. Como sugieren Odell y Le Blanc, El castillo de Cagliostro
demuestra que Hayao siempre ha mirado a la vieja Europa a la hora de buscar
inspiración para sus obras, a esos grandes clásicos de aventuras, tanto de la
literatura (la obra de Leblanc o la de Conan Doyle) como del cine (The French Connection, Atrapa a un ladrón, El hombre mosca), o del comic
(Blake y Mortimer en especial) y que,
además, poco a poco, ha ido construyendo un elaboradísimo mundo fantástico
propio, con elementos ecologistas y steampunk.
Una historia maravillosa, entretenidísima, emocionante y muy, muy divertida. Lo
de menos es que Spielberg la considerara una de las mejores películas de aventuras de la historia.
viernes, 11 de diciembre de 2015
Tarón y el caldero mágico (Aka The Black Cauldron)
3*
Atípica y cuasi desconocida
película de Disney, estrenada en pleno éxito de Los Cazafantasmas, Legend,
La historia interminable e, incluso, Merlin el encantador y Excalibur, de todas las cuales se toman
prestados ciertos elementos aunque, en todo caso, estamos frente a una
adaptación animada de Las Crónicas de Prydain
de Lloyd Alexander, elaboradas al calor de la obra de Tolkien, Shakespeare y
del ciclo artúrico. Lo prodigioso es que en la película hay oscuridad, magia, erotismo, extraños personajes, muertos vivientes, comportamientos insólitos en
el cine de la compañía, etc. Lo menos prodigioso, por tanto, es descubrir el
poco éxito que tuvo en su época, tanto de critica como de público. De hecho,
tardó varios años en llegar al mercado del video. Estéticamente, el diseño de
personajes es el que se podría esperar de la Disney en esa época aunque hay
evidentes conexiones con la estética de las obras de Ralph Bakshi, en
particular con las dibujadas por Frank Frazetta. Por cierto, el film posee una hermosísima partitura de
Elmer Bernstein y entre las voces de los principales personajes podemos
encontrar las de John Hurt, Freddie Jones, Nigel Hawthorne o John Byner así como
la del propio John Huston. Con probabilidad, la película más underground de The Walt Disney Company.
Etiquetas:
1985,
Animación,
Aventuras,
Cine fantástico,
Elmer Bernstein,
Espada y brujería,
Fantasía,
Tarón y el caldero mágico,
The Walt Disney Company
martes, 7 de mayo de 2013
The Plague Dogs
3.5*
Segunda película de su director (Martin Rosen), The Plague Dogs es una emocionante
historia de animación, acerca de dos perros (Rowf y Snitter) que se escapan de
un laboratorio de experimentación, donde sufren todo tipo de penalidades, e
intentan rehacer sus vidas como animales salvajes. Para ello, tienen la suerte
de conocer a un zorro que les enseña a cazar y a sobrevivir a la presencia humana aunque
un conjunto de infortunios pondrán a la gente en su contra y tras sus pasos, lo
que les obligará a estar continuamente huyendo. La animación es relativamente
pobre y repetitiva, comparándola con la que estaba elaborando la factoría
Disney o el estudio Ghibli en la misma época (que sí utilizaban rotoscopios y
ordenadores), su estética es relativamente feista y no se hace un adecuado uso
del color. Sin embargo, su profundidad emocial y su inteligente guión, que
desarrolla la acción con múltiples elipsis y conversaciones en off, distancia este film del cartoon infantil (e infantiloide) de algunas producciones de la
época (hablamos de 1982, año del estreno de El
último unicornio, por ejemplo). Aunque es verdad que Disney llevaba varios
años sin estrenar un film de
animación (salvo Tod y Toby, de 1981)
y volvería al formato con el Cuento de
Navidad de Mickey (sic). En todo caso, del mismo año hay que destacar Los amos del tiempo, de René Laloux y
Moebius. Por otro lado, a los personajes les ponen su voz actores de la talla
de John Hurt, Christopher Benjamin, Nigel Hawthorne, Patrick Stewart o Judy
Geeson. Por último, la película tiene un final realmente emotivo y conmovedor.
Un final que se acaba revelando como una cruda metáfora de la explotación
descontrolada y cruel a la que estamos sometiendo al resto de animales sobre la
faz de la tierra, ya sea en la industria alimentaria o en el espectáculo, ya
sea en la producción de ropa o en la experimentación científica. Una de esas
historias necesarias que, por desgracia, no abundan en las pantallas porque se
tiene la érronea concepción (por ingenua) de que el cine solo debe servir para
entretener (lo que quiere decir, distraer) de la vida normal, de sus sombras y
padecimientos diarios, a los que volvemos mansamente y sin rechistar después de soñar, durante 90 o 120 minutos, con mundos mejores. Como un perro que se cansa de roer su hueso.
viernes, 14 de diciembre de 2012
Alicia en el país de las maravillas
3.5*
Uno de los clásicos de la época dorada de The Walt Disney Company, dirigido por el
autor de varios éxitos de la productora, Clyde Geronimi, con la colaboración de
dos pesos pesados de la compañía, Hamilton Luske y Wilfred Jackson. Si en todas
las historias de la Disney aparece la típica concepción conservadora de la
vida, propia del fundador de la compañía (llegando al estereotipo femenino y al
machismo de Blancanieves y los siete
enanitos y La bella durmiente o a
la glorificación de la ética protestante del trabajo en Tiempo de melodía), en esta narración es relativamente difícil (aunque
no imposible) encontrar una cierta visión conformista de la realidad detrás de
la fachada subversiva y surrealista de la trama, respetuosa, eso sí, con el
espítiru de las dos novelas originales de Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas y A través del espejo), aunque amputadas en más de una parte. Así, se
quedan fuera múltiples trabalenguas, los poemas nonsense (defendidos por Chesterton), varios personajes y capítulos, los juegos lógicos, las
referencias ajedrecísticas, algunas reflexiones retorcidas sobre la realidad y
los sueños, etc. Además, el argumento de las dos novelas está mezclado y la
trama tiene varios añadidos, cosecha de la casa. En todo caso, el trabajo de
animación es impresionante aunque el diseño de personajes esté inspirado, claramente,
en la obra del ilustrador original, John Tenniel. Por otro lado, la popularidad de
los caracteres (ese sombrerero loco que
recuerda a Bertrand Russell),
la riqueza de los colores (filmados en Technicolor) y los sorprendentes gags visuales
(como el que señala Martin
Gardner sobre la Oruga)
hacen de la película una experiencia inolvidable
(mucho más que la reciente y saturada opera burtoniana), una experiencia que el
ritmo y la música no hacen sino acompañar deliciosamente. Y todo ello en poco
más de 70’. Hay partes, por cierto, que serán recuperadas por el imaginario de
Jim Henson mientras que otras recuerdan a El
mago de Oz.
Etiquetas:
1951,
Adaptación,
Alicia en el país de las maravillas,
Animación,
Clyde Geromini,
Dibujos animados,
El mago de Oz,
John Tenniel,
Lewis Carroll,
Martin Gardner,
The Walt Disney Company
martes, 1 de noviembre de 2011
La novia cadáver
3.5*
No hace mucho tiempo que George Steiner señaló cinco constantes en la condición humana: el enfrentamiento entre los hombres y las mujeres, entre los viejos y los jóvenes, entre la sociedad y el individuo, entre los humanos y los dioses y, finalmente, entre los vivos y los muertos. En este conflicto entre los vivos y los muertos, la imaginación juega un papel importantísimo, además del amor. Por eso, una de las mejores formas de explorar este enfrentamiento pudiera muy bien ser el cine de Tim Burton y, en concreto, este divertimento animado sobre las tribulaciones de una novia cadáver que contrae matrimonio, por error, con un habitante del mundo de los vivos. Y no habría de tomarse como una casualidad que se haya elegido la técnica del stop motion como forma de traer a la vida a los unos y a los otros, homenajeando con ello, además, al gran Ray Harryhausen. Burton colabora con Mike Johnson en la dirección y ofrece una historia divertidísima y eterna (con ramalazos del Poe más necrófilo y obsesivo) sobre el amor más allá de la vida, con una esmerada ambientación victoriana y con una música de Danny Elfman apropiadísima para la ocasión. La segunda de las joyas invertidas de Burton, junto con Pesadilla antes de Navidad, dirigida por Henry Selick.
No hace mucho tiempo que George Steiner señaló cinco constantes en la condición humana: el enfrentamiento entre los hombres y las mujeres, entre los viejos y los jóvenes, entre la sociedad y el individuo, entre los humanos y los dioses y, finalmente, entre los vivos y los muertos. En este conflicto entre los vivos y los muertos, la imaginación juega un papel importantísimo, además del amor. Por eso, una de las mejores formas de explorar este enfrentamiento pudiera muy bien ser el cine de Tim Burton y, en concreto, este divertimento animado sobre las tribulaciones de una novia cadáver que contrae matrimonio, por error, con un habitante del mundo de los vivos. Y no habría de tomarse como una casualidad que se haya elegido la técnica del stop motion como forma de traer a la vida a los unos y a los otros, homenajeando con ello, además, al gran Ray Harryhausen. Burton colabora con Mike Johnson en la dirección y ofrece una historia divertidísima y eterna (con ramalazos del Poe más necrófilo y obsesivo) sobre el amor más allá de la vida, con una esmerada ambientación victoriana y con una música de Danny Elfman apropiadísima para la ocasión. La segunda de las joyas invertidas de Burton, junto con Pesadilla antes de Navidad, dirigida por Henry Selick.
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